Panorama Norteamericano

¿Por qué los demócratas no han ganado (abrumadoramente) el voto latino?

2019-04-24

En lo que respecta a la participación electoral, los hispanos son uno de los sectores...

Por Thomas B. Edsall | The New York Times

El éxito a futuro del Partido Demócrata depende de la preferencia del electorado hispano de Estados Unidos, que es crucial pero inestable.

Fernand Amandi, entrevistador demócrata, anfitrión de un pódcast y quien radica en Miami, analizó el dilema del partido en relación con la población latina en una entrevista de diciembre con The Associated Press: “La pregunta no es por qué los demócratas no se están ganando a los electores hispanos, sino por qué, en ese sector de la población, no tienen la ventaja por un margen de 80 a 20 o quizá 90 a 10, como sucede entre la población de raza negra”.

A principios de abril, Amandi me dijo que los demócratas “quieren y esperan que esta ósmosis ocurra por arte de magia pero, por desgracia, la política no funciona así”.

En comparación con 2014, los demócratas lograron atraer a más electores latinos en la mayoría de los estados durante las elecciones intermedias de 2018. Sin embargo, en el partido aún están preocupados por la lenta tasa de crecimiento de estos márgenes ventajosos para los demócratas. También les preocupa la asistencia a las urnas, en especial porque muchos creían que la retórica y las políticas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impulsarían a un gran número de latinos a votar por el Partido Demócrata.

En lo que respecta a la participación electoral, los hispanos son uno de los sectores étnicos de más rápido crecimiento en Estados Unidos pero, por desgracia, su participación política no alcanza el mismo nivel que sus cifras con respecto a la población total.

Como muestra la gráfica del Centro de Investigaciones Pew que aparece a continuación, el número de votantes latinos para las elecciones intermedias ha crecido de manera constante: de 2,9 millones en 1986 a 6,8 millones en 2014. Sin embargo, en ese mismo periodo, la participación media en las urnas —a partir del porcentaje del total de los ciudadanos estadounidenses adultos de 18 años y mayores— ha sufrido un declive relativo.
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El crecimiento del electorado latino

En 1986, la tasa de participación latina fue del 38,7 por ciento; para 2014, esa tasa bajó al 27,1 por ciento. Si el porcentaje de participación hispana en 2014 se hubiera mantenido al mismo nivel que en 1986, los hispanos habrían utilizado 9,7 millones de boletas en vez de 6,8 millones (todavía no se terminan de calcular las cifras completas de 2018).

En un análisis preliminar de la participación de los electores hispanos el año pasado, la empresa demócrata Catalist, que se dedica a crear listas de votantes, descubrió aumentos significativos para 2018 de entre el tres y el cinco por ciento, en comparación con las elecciones intermedias de 2014. Texas, Nevada y California registraron incrementos del cinco por ciento; Florida del cuatro por ciento; Nuevo México y Nueva York del tres por ciento.

La tasa de participación y el nivel de apoyo son dos parámetros políticos clave, aunque son datos muy diferentes. Mientras que los latinos registraron una tasa de participación del 27,1 por ciento en 2014, ese año su apoyo a los candidatos demócratas para la Cámara de Representantes fue del 62 por ciento; su apoyo para los candidatos republicanos fue del 36 por ciento, según algunas encuestas de salida.

Si bien el apoyo de la población hispana a los demócratas ha aumentado en los últimos diez años —de poco más del 60 por ciento a poco menos del 70 por ciento—, hay evidencia que sugiere que no se puede dar por hecho que esa ventaja se mantendrá en elecciones futuras.

En las elecciones intermedias, Florida se convirtió en el perfecto ejemplo de esta inestabilidad, cuando los republicanos lograron revertir las tendencias estatales y nacionales y obtener ventajas sustanciales entre los hispanos.

A pesar de la erosión gradual del apoyo a los republicanos entre los cubanoestadounidenses de Florida y de la continua llegada de puertorriqueños que simpatizan con los demócratas después del huracán María, los republicanos ganaron dos contiendas estatales muy cerradas en Florida en 2018: una para el Senado y otra para la gubernatura.

Simon Rosenberg, presidente de NDN —un grupo de expertos que simpatiza con los demócratas y antes se llamaban Nueva Red Demócrata—, escribió un artículo titulado “En el importante estado de Florida, los demócratas perdieron terreno con los electores hispanos” un mes después de las elecciones de 2018. Rosenberg señala en ese texto: “Con todo y que en estas elecciones los demócratas vivieron uno de sus mejores años de la historia con los electores hispanos a lo largo del país, los demócratas de Florida sufrieron una baja en el número de seguidores latinos. En las estadísticas nacionales, los demócratas mostraron variaciones en sus márgenes de ventaja, de 62-36 (26 puntos) en 2014 a 69-29 (40 puntos) en las elecciones más recientes. En Florida, los demócratas registraron una variación de 58-38 (20 puntos) en 2014 a 54-44 (10 puntos) en 2018”.

Como resalta Rosenberg, este cambio ocurrió a pesar de que Trump hizo todo lo posible por alienar a los latinos, además de que debilitó a Rick Scott y Ron DeSantis, los republicanos que ganaron en las contiendas para senador y gobernador, respectivamente.

Rosenberg enfatizó que Trump “atacó sin cesar a los inmigrantes, en especial a los hispanos. Cometió errores terribles en su forma de manejar la tragedia del huracán María —lo que ocasionó que cientos de miles de puertorriqueños se trasladaran a Florida— y canceló el estatus temporal de muchos inmigrantes en el estado. En vista de todo esto, era lógico pensar que en Florida el ambiente se prestaba para que los demócratas obtuvieran el apoyo de más hispanos este año, como ocurrió en otros estados de Estados Unidos. Sin embargo, sufrimos un traspié”.

El consenso general es que Scott y DeSantis hicieron campaña en distritos electorales hispanos casi a diario, mientras que sus contrincantes demócratas, Bill Nelson y Andrew Gillum, dieron por sentado que contaban con el apoyo de la población hispana.

“No contábamos con la infraestructura necesaria”, le dijo Christian Ulvert, director de medios en español para la campaña de Gillum, a la revista Politico. “Además, si somos francos, los demócratas han estado rezagados en la difusión de sus acciones entre los hispanos desde hace décadas, mientras que los republicanos sí han invertido. Es imposible cerrar esa brecha de un día para otro”.

Politico describió la campaña de Nelson para ganar un cuarto periodo como “especialmente relajada; sus acciones para atraer a los hispanos fueron tan ineficaces, que resultaban irrisorias”.

Melissa Michelson, politóloga de Menlo College en California y presidenta de la asamblea latina de la Asociación Estadounidense de Ciencia Política, describió en un correo electrónico los cambios en la orientación política de los cubano-estadounidenses de Florida.

Según una encuesta realizada entre 1989 y 1990, escribió Michelson, el 68,8 por ciento de los cubano-estadounidenses dijeron que apoyaban a los republicanos. Desde entonces, ha habido cambios significativos: con el paso de los años, prosiguió, el centro Pew ha documentado una baja constante en la identificación de los cubano-estadounidenses con los republicanos, de un 64 por ciento en 2002 a un 56 por ciento en 2006 y un 47 por ciento en 2013.

A pesar de esta disminución del apoyo de los cubano-estadounidenses a los republicanos, Michelson destacó que “siempre ha existido un grupo de latinos que se identifican como republicanos y muestran más interés en las políticas republicanas/conservadoras (o anticomunistas) que en los problemas de inmigración o el racismo. Hay que recordar que el 40 por ciento de los latinos votaron por Bush en 2004. Reagan también gozó de un apoyo latino considerable. Creo que a menudo muchos demócratas se quedan perplejos ante el hecho de que existan electores latinos dispuestos a respaldar a un presidente (o candidato) como Trump, con políticas y retórica tan racistas y que claramente van en contra de los latinos”.

En contraste con Scott y DeSantis —quienes reanimaron el apoyo cubano-estadounidense a los republicanos— dos de los tres escaños en la Cámara de Florida que antes representaban cubano-estadounidenses republicanos cambiaron al otro partido en 2018.

Matt A. Barreto, politólogo de la Universidad de California en Los Ángeles y cofundador de Latino Decisions, destacó el contraste con Florida mediante un análisis de los patrones de participación y votación en Texas. En un informe publicado en marzo, Barreto describió el aumento de entre un 105 y un 125 por ciento en ocho condados donde los hispanos representan más del 90 por ciento de la población en la participación de los votantes con preferencia demócrata en ese estado. También se observaron aumentos significativos —del 83 al 91 por ciento— en condados con mayoría blanca, pero fueron menores, de entre el 35 y el 55 por ciento.

El hecho de que dos republicanos conservadores de Florida hayan obtenido resultados tan favorables con solo planear una buena campaña sugiere que el apoyo latino a los demócratas es mucho menor de lo que muchos creían.

Entonces, ¿cuál es la postura política de los latinos?

NBC News/Wall Street Journal encuestaron a 918 hispanos en 2018 y descubrieron que la tasa de aprobación del desempeño de Trump se ubicaba en un desalentador 30 por ciento, 21 puntos por debajo de su porcentaje de aceptación entre los blancos —51 por ciento—, pero 18 puntos mayor que su tasa de aprobación entre los afroestadounidenses —12 por ciento—.

Estos datos, que Public Opinion Strategies, una de las dos empresas encargadas de realizar las encuestas, proporcionó a The New York Times, revelaron que la aprobación de Trump entre los hispanos es más alta entre los varones y los ricos —un 40 por ciento en ambos casos—, así como entre los varones sin estudios universitarios —el 39 por ciento—.

Un informe publicado en 2018 por el centro Pew, reveló que los hispanos emitieron una mayoría decisiva de votos para los candidatos demócratas al congreso (69-29), aunque ese porcentaje fue menor que el de los afroestadounidenses (90-9) y los asiático-estadounidenses (77-23). Los blancos apoyaron a los republicanos por un margen de 54 a 44.

En un desglose por estado, el mismo centro Pew descubrió que, en la contienda por el senado en Texas, los latinos apoyaron al demócrata Beto O’Rourke ante Ted Cruz por una diferencia de casi dos a uno, un margen de 64 a 35; mientras que Greg Abbott, el actual gobernador republicano, perdió el voto hispano frente a su contrincante demócrata Lupe Valdez, por una diferencia de 53 a 42.

En Florida, los demócratas Gillum y Nelson ganaron el voto hispano por porcentajes casi idénticos (54-44 y 54-45, respectivamente), aunque en ambos casos los márgenes no fueron suficientes para darles la victoria.

La ganadora demócrata en la contienda de Nevada para el senado, Jacky Rosen, obtuvo mucho mejores resultados entre los hispanos, que prefirieron votar por ella que por Dean Heller, el republicano que ocupaba el puesto, por un margen de 67 a 30.

Aunque muchos demócratas esperaban que las políticas y el discurso antiinmigrantes de Trump, en especial el escándalo sobre la separación de familias, produjeran un cambio definitivo hacia la izquierda entre los hispanos, no fue así.

Un informe de octubre de 2018 del Pew reveló que casi “la mitad de los latinos —el 48 por ciento— creen que el número de inmigrantes que viven en Estados Unidos es suficiente, mientras que una cuarta parte afirma que ya hay demasiados inmigrantes y el 14 por ciento piensa que hay muy pocos”.

Tres cuartas partes de los hispanos se opusieron a la propuesta de Trump de construir un muro en la frontera con México, mientras que uno de cada cinco está a favor de su construcción.

En un correo electrónico, Barreto, de Latino Decisions, advirtió que el apoyo a los demócratas entre los hispanos todavía es significativo: “No he observado nada desde noviembre de 2018 que indique que los demócratas estén perdiendo apoyo. Trump sigue empecinado en atacar a los inmigrantes y a los latinos sin ningún tipo de pruebas, y lo único que ha conseguido es perder apoyo entre la comunidad latina”.

En cuanto a la baja en la proporción de hispanos que acuden a las urnas el día de las elecciones, Barreto respondió que más latinos pueden votar: “Y casi todos son jóvenes latinos nacidos en Estados Unidos que cumplen 18 años y se suman al conjunto de ciudadanos con derecho a voto”.

Barreto subrayó que existe un patrón común entre los jóvenes, que “muestran tasas muy bajas de registro en el padrón electoral y de participación en las elecciones, en especial en las intermedias”.

Por este motivo, Barreto aseguró que, para tener una mejor perspectiva general, los datos deberían ajustarse según la edad, para poder comparar los niveles de participación de los electores de mayor edad de distintas razas y etnias.

Barreto también es crítico con la mayoría de los sondeos realizados a los hispanos, en especial las encuestas de salida, pues afirma que la falta de entrevistadores que hablen castellano produce errores en el conteo de votantes hispanos y cálculos imprecisos de los votos para republicanos y demócratas.

Además, advierte Barreto, los candidatos y los partidos políticos deben esforzarse mucho más para convencer a los jóvenes hispanos de que su voto cuenta: “De otra forma, solo registrarán un crecimiento gradual cada año, aunque los latinos representen una proporción cada vez mayor del electorado, pero quizá no tan grande como podría ser”.

Rosenberg, de NDN, argumenta que el Partido Demócrata no se interesó en dirigir al electorado hispano “sus comunicaciones y tácticas modernas de campaña” sino hasta el periodo 2006-2008. Esas acciones rindieron fruto de inmediato, escribió Rosenberg en un correo electrónico: “Recordemos que en 2004 Bush ganó los estados de Arizona, Colorado, Nuevo México y Nevada. Ahora Colorado y Nuevo México en realidad ya no son competitivos en las elecciones presidenciales, Nevada se les está escapando a los republicanos y los demócratas eligieron un senador en Arizona en 2018”.

Texas, según Rosenberg, “está a punto de experimentar un cambio decisivo”, en gran medida a consecuencia del voto hispano.

¿Qué conclusiones y preguntas siguen vigentes en vista de estas complejas tendencias, hasta cierto punto contradictorias, del electorado hispano?

En primer lugar, lo más importante es que los latinos todavía son un sector de la población estadounidense con una marcada tendencia demócrata, aunque con ciertas reservas.

Brian Schaffner, politólogo de la Universidad de Tufts e investigador del Cooperative Congressional Election Study, escribió en un correo electrónico que, a nivel nacional, el apoyo de los hispanos a los demócratas ha sido relativamente constante.

Schaffner compartió una gráfica en la que se representan los votos a favor de los demócratas en las contiendas para la Cámara de Representantes correspondientes a las seis elecciones celebradas entre 2008 y 2018 desglosadas en votantes blancos, negros, asiático-estadounidenses e hispanos. El voto latino a favor de los demócratas muestra un aumento significativo de 8,6 puntos entre 2014 y 2016 y otro de 13,6 puntos entre 2014 y 2018 —que podríamos llamar “el salto Trump”—, aunque el aumento en el porcentaje de asiático-estadounidenses que votaron a favor de los demócratas fue aun mayor, de 20,2 puntos.

Quién vota por los demócratas

La lealtad partidista de los latinos es mucho menos firme que, por ejemplo, la de los afroestadounidenses o los evangélicos de raza blanca. Los resultados obtenidos en Florida demuestran que los demócratas corren el riesgo de sufrir una derrota si no realizan campañas activas en las comunidades hispanas, y que los republicanos saldrán ganando en los grupos menos convencionales si están preparados para invertir el tiempo, la energía y el dinero necesarios.

La mayor interrogante en el preludio de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020 —si es que Trump es el nominado del Partido Republicano— es si la oposición hispana a su presidencia evitará que se repita el fenómeno observado en Florida en 2018. ¿La presencia de Trump causará una nacionalización de las elecciones a tal punto que los republicanos que compitan en las elecciones menos importantes se topen con una pared cuando intenten hacer algo para ganarse a los hispanos?

Hasta ahora, Trump ha demostrado que tiene todas las intenciones de transformar las elecciones en un referendo sobre su persona y todo lo que trae a cuestas, sin ninguna consideración por la supervivencia política de sus colegas republicanos.

Parece decidido, en todo caso, a aumentar la hostilidad que sienten los latinos hacia él. Por ejemplo, hace unas semanas, el presidente se dedicó a despotricar en Twitter en contra de Puerto Rico y su dirigencia política. El lunes 1 de abril les dijo a sus seguidores en Twitter: “Puerto Rico recibió mucho más dinero que Texas y Florida juntos, y aun así su gobierno no puede hacer nada bien. El lugar es una desgracia, nada funciona”.

Al día siguiente seguía con la misma arenga contra Puerto Rico: “Lo único que hacen sus políticos es quejarse y pedir más dinero. La incompetencia de los políticos es descomunal, gastan el dinero de manera absurda o corrupta y solo le quitan a Estados Unidos”.

Si se sigue comportando así, Trump quizá logre fortalecer el apoyo entre “su gente”, como le gusta referirse a sus seguidores. No obstante, si mantiene ese rumbo, al menos en lo que se refiere a los votos latinos, también le hará un gran favor a quien sea su contrincante en la elección presidencial y al Partido Demócrata en general.



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