Calamidades

Emmanuel Macron, dos años tormentosos como presidente de Francia

2019-05-14

Ha sobrevivido a la mayor tormenta de protestas desde mayo del 68, los 'chalecos...

Iñaki Gil | El Mundo

Tal día como hoy de 2017, Emmanuel Macron era proclamado presidente de la República. Su aplastante victoria sobre Marine Le Pen (66/34) fue un rayo de esperanza para el europeísmo, del que había hecho bandera. Dos años, ya. Ha sobrevivido a la mayor tormenta de protestas desde mayo del 68, los 'chalecos amarillos'. Pero ha perdido su aura. Quiso que las elecciones europeas fueran un plebiscito y le han tomado la palabra. Su lista empata con la de Le Pen.

¿Cómo le juzgan sus compatriotas dos años después? Su cota de popularidad (ciudadanos que tienen una buena opinión de él) está en el 32%, según BVA. Su predecesor, el socialista François Hollande, lo hizo peor en sus dos primeros años (23%), pero el anterior, Nicolas Sarkozy (derecha), mejor: 43% Macron tuvo un primer año bueno (43%) pero se hundió luego hasta el 26% (noviembre 2018).

En otoño, su capacidad de seducción se había marchitado. Dos figuras del Gobierno se fueron dando sendos portazos. El titular de Interior, veterano socialista, Gérard Collomb, y el ecologista Nicolas Hulot. Del póquer que constituyó su estrategia triunfal (social-ecolo-centrista-liberal) le quedan dos ases: el primer ministro Édouard Philippe, que procede de la familia liberal de la derecha, y el centrista François Bayrou, fuera del gabinete por un asunto judicial.

Con ellos en la recámara, la policía en la calle durante 27 sábados, y una gran operación de comunicación política llamada Gran Debate, ha conseguido superar el desafío de los 'chalecos amarillos'. Una revuelta posmoderna, sin líderes claros, al margen de los sindicatos, violenta muchas veces, que le puso contra las cuerdas.

Macron se sentía como Júpiter, según confesión propia. Había dejado K.O. a los partidos clásicos, fundando un partido a su medida que tiene mayoría absoluta en la Asamblea, imponía sus reformas sin contestación sindical y 'pasaba' de cuerpos intermedios, alcaldes, presidentes regionales. La suya era la victoria de la nueva política frente a la viejuna.

La victoria de Macron enarbolando la bandera azul con las estrella de la UE fue una victoria frente al populismo euroescéptico... con las herramientas de comunicación directa y la crítica al sistema del populismo. Con una sonrisa de seductor, eso sí. Al servicio de las ideas 'mainstream', también. Con la ambición publicada de hacer las reformas que Francia viene postergando desde hace décadas.

Sólo que... unas palabras arrogantes un día, un derrapaje del presunto jefe de seguridad del Elíseo (Alexandre Benalla) y el par de dimisiones mencionadas le dejaron 'tocado' cuando llegó la realidad vistiendo un 'chaleco amarillo'. Júpiter estaba solo. 'Le Monde' cita a una amigo anónimo: "Lo que amo de Macron es su cinismo absoluto. Hace que la gente se enamore de él".

El 'matchball' de la calle se ha salvado con las grandes dotes políticas y de comunicación de Macron. ¡Y 17,000 millones de euros! Ésa es la estimación de lo que van a costar las medidas de apoyo al poder adquisitivo de diciembre (subida del salario mínimo) y de abril. Con una guinda de populismo, 'bien sûr': supresión de la ENA, la fábrica de ministros, en estudio.

A cambio, ha conseguido volver a poner en marcha el motor de sus reformas. Para julio se anuncia la reforma constitucional con el recorte del número de parlamentarios que estaba en su programa y una dosis de proporcionalidad como quiere Bayrou (y Le Pen). En septiembre debe llegar la reforma de las pensiones para la que quieren resucitar los sindicatos. Luego, la ley de bioética, la reforma de la dependencia y la descentralización.

El problema es que "los galos son refractarios al cambio", como dijo en Dinamarca Macron. Luego, ante la bronca, pidió perdón. Ser un 'bocazas' es uno de sus problemas, del que ha prometido enmendarse varias veces. Pero tiene razón: los franceses, de la extrema derecha a la extrema izquierda son refractarios a cualquier reforma.

Según el estudio de BVA, un 23% de los franceses están satisfechos con su política y un 65%, descontentos. Macron saca las mejores notas en sus funciones más presidenciales: representar a Francia en el mundo (31%) y Europa (26%) y encarnar la lucha contra el terrorismo (36%). Por el contrario, le suspenden en gestión. Sea lo que concierne al poder adquisitivo (73%), la política social (71%) o la lucha contra el cambio climático (68%).

Por eso, en su primera rueda de prensa en El Elíseo, hace 15 días, prometió cambiar, dejar el día a día a su primer ministro y dedicarse a "inspirar" y "dar orientaciones" sobre el rumbo a seguir. Adiós, Júpiter. Hola, "concertación". Dos horas y media ante la prensa con carita de niño bueno, sonriendo a las cámaras para ponerse al timón de la campaña europea.

Y aquí la narrativa gubernamental ha pinchado en hueso. Porque todas esa reformas a la que los franceses son refractarios iban a ser compensadas por un renacer europeo. Pero su reforma de la zona euro se ha quedado en un ratón presupuestario.

La élite europea celebró sus bellos discursos en La Sorbona, Estrasburgo o Aquisgrán. Pero está a otra cosa, resolver el Brexit. Además, el populismo de extrema derecha se ha hecho con el poder en Roma; España, sumida en el desafío del independentismo catalán es un aliado sin peso ni iniciativa; y los ricos comandados por Holanda y su nueva Liga Hanseática no quiere poner un duro.

Como señalaba 'Le Monde' en un editorial, Macron cometió un error de método. 'Júpiter Macron' lo fio todo a una entente mano a mano con Berlín. Pero Angela Merkel apura el final de su presidencia y los fracasos electorales en regiones clave la han forzado a renunciar a volver a presentarse. Su contestada acogida a los inmigrantes le ha costado cara.

Macron desborda de nuevas iniciativas europeas (reforma de Schengen, política de asilo común, tasa a los gigantes digitales, más integración en defensa), pero para eso necesitará construir una coalición y ganar las europeas, convertidas en un plebiscito. Como él quería. Le Pen y los Insumisos de extrema izquierda le han tomado la palabra. Las encuestas señalan un empate a 22 entre la lista pro Macron y la de Le Pen. A Macron le quedan tres años de mandato, tiene mayoría absoluta en la Asamblea y ganas de volver a presentarse (esto último es intuición de este corresponsal). Pero necesita una victoria el 26 de mayo.



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