Detrás del Muro

Miami, la pequeña Caracas de Estados Unidos

2019-05-16

Los venezolanos son la última e imparable ola migratoria que alimenta el crisol de culturas...

Por LAURA RIVERA WIENER, El Mundo

Al llegar a Miami por primera vez y escuchar el castellano en cada esquina, uno se pregunta si está realmente en Estados Unidos y se da cuenta rápidamente por qué esta urbe es considerada la capital hispana del país. Y al visitar la ciudad de El Doral, en el condado de Miami-Dade, uno podría creer que ha entrado en Caracas, donde se venden arepas por doquier y la bandera de Venezuela se ve más que la estadounidense.

Los venezolanos son la última e imparable ola migratoria que alimenta el crisol de culturas latinas de Miami. Se estima que hay alrededor de 200,000 en el sur de Florida, la mitad de los que viven en todo el país, según el último estudio de la Fundación Visión Democrática basado en datos de la Oficina del Censo de EU.

La mayoría ha llegado en los últimos 10 años, empujados por la crisis del Gobierno de Nicolás Maduro y de su predecesor, Hugo Chávez. El número de inmigrantes pasó de 164.903 en 2005, a 418.366 en 2017, lo que significa más del doble 253% en poco más de una década.

"En Doral viven alrededor de 19,000 venezolanos, un 28% de la población de la ciudad, más los que no sabemos que están, porque han llegado hace poco y paran en casa de una tía, un pariente, un amigo...", dice Alfredo Ortega, venezolano y jefe del despacho de la alcaldía, en una conversación con EL MUNDO.

Ortega destaca el importante aumento de peticiones de asilo de sus compatriotas en los últimos meses y menciona los esfuerzos que hacen desde la alcaldía para ayudar al recién llegado. Han brindado seminarios y charlas de inmigración, y tienen una red de contactos que ofrecen contención y apoyo, como iglesias, oficinas estatales y organizaciones.
Unidos por algo más que el idioma

La mezcla de culturas latinas de Miami o ese 'arroz con mango', como dicen bromeando los cubanos y pioneros de la influencia hispana en la ciudad, tiene algo en común más allá de la lengua castellana. La mayoría llegó aquí escapando de las crisis políticas o económicas de sus países de origen. Así es como el exilio venezolano se identifica con el exilio cubano: ambos sufrieron pesadillas similares y hoy se unen para luchar contra el mismo enemigo desde la diáspora.

Un ejemplo de esta hermandad se vio la semana pasada durante el levantamiento que hubo en Venezuela contra Maduro. Los alcaldes de la ciudad de Miami y de Doral, Francis Suárez y Juan Carlos Bermúdez, de origen cubano, se unieron al productor musical Emilio Estefan, también de Cuba, y al director de la Orquesta Sinfónica de Miami, Eduardo Marturet, de Venezuela, para realizar un evento de apoyo y oración por el pueblo venezolano.

Aunque no se logró el cese "definitivo" de la usurpación del poder del régimen chavista, "sí logramos debilitarlo", apunta a este diario Leonardo Trechi, coordinador del partido opositor venezolano Voluntad Popular en el sur de la Florida.

"Lo que pasó en Venezuela [en referencia al alzamiento militar impulsado por Guaidó el 30 de abril] no fue un fracaso, como algunos piensan. Fue un quiebre para Maduro. Creo que se ha logrado una fractura en el seno del régimen. Él ya no confía en las personas que tiene al lado".

¿Y ahora qué sigue? Trechi aporta la misma respuesta optimista de muchos venezolanos en Miami: "La lucha continúa, no bajaremos los brazos". Él, así como la mayoría, está seguro de que "falta muy poco" para que llegue la democracia a su tierra natal.

En contraste, los cubanos de la ciudad ya no responden con ese mismo impulso de esperanza al hablar de su añorada isla. Lamentablemente, las seis décadas de dictadura castrista han desgastado la batalla y socavado sus más profundos deseos. Algunos creen que morirán -como lo hicieron tantos- antes de ver la ansiada libertad de Cuba.
La gran familia, contra viento y marea

A diferencia de los que emigran desde Venezuela a los países limítrofes, que lo hacen a pie o en coche, hasta el sur de la Florida sólo llegan quienes pueden comprar un billete de avión. Por esa razón, la mayoría de los que están aquí son de clase media o alta, profesionales o con estudios.

Pero haber tenido acceso a un avión o haber estado bien posicionados en tierra venezolana no significa que todos lleguen con dinero, o que les sea sencillo sobrevivir en EU. Son muchos los que aterrizan con una mano delante y la otra detrás. La escasez y devaluación abismal de la moneda lo complica todo.

Los pasajes suelen ser comprados por familiares que ya viven aquí, y las propiedades o bienes que han dejado en Venezuela generalmente quedan en el abandono o en manos de gente cercana, pues quienes las venden consiguen muy poco por ellas. Y quienes traen licenciaturas, afrontan la misma dificultad que todos para conseguir permisos de trabajo o residencia.

El Gobierno de EU ha puesto cada vez más trabas para dar asilos, y aunque Donald Trump está tomando fuertes medidas contra Maduro, no se tiene ningún trato especial con los inmigrantes de Venezuela. Por el contrario, siguen las deportaciones y las peticiones de asilo se encuentran atascadas en las oficinas de inmigración. Naciones Unidas estima que hubo más de 70,000 peticiones de asilo de venezolanos en los últimos cuatro años.

Sin embargo, esta comunidad ha creado en Miami una gran familia de contención y apoyo, con lazos muy fuertes que les permiten adaptarse al nuevo país, sobrellevar el desarraigo y sortear las dificultades. Entre ellos se consiguen trabajo, tienen grupos que recogen donaciones para los recién llegados (así como para enviar a su país), participan en campañas en las redes sociales y mantienen en vilo la lucha contra el régimen de Maduro, por la libertad de Venezuela.



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