Reportajes

Lograste algo grandioso… ¿ahora qué?

2019-05-31

Ben-Shahar dijo que la falacia de la llegada es el motivo por el que algunas estrellas de Hollywood...

Por A. C. Shilton | The New York Times

Finalmente lo lograste.

Obtuviste ese ascenso, aseguraste un aumento, terminaste el proyecto o subiste de nivel en tu carrera. ¡Es un sentimiento maravilloso de éxito! ¡Deberías sentir que tu pecho estalla de orgullo!

Pero después vuelves a la normalidad y comienzas a hacerte a la idea. ¿Qué haces ahora?

Hace poco más de un año, conduje a casa desde el aeropuerto con las ventanas abajo y la radio a todo volumen después de filmar las últimas escenas de la serie documental The Innocent Man, de Netflix. Estaba muy orgullosa del trabajo que había realizado investigando dos condenas erróneas por asesinato en una pequeña ciudad en Oklahoma en la década de los ochenta. Era un proyecto relevante y me emocionaba formar parte de él.

Unos cuantos días después, me senté en mi camioneta y lloré. Una agenda sin trabajo bostezaba frente a mí, y estaba segura de que ya podía ver mi logro más significativo a través del espejo retrovisor.

Esta ola de desesperanza tiene un nombre: estaba experimentando la falacia de la llegada.

“La falacia de la llegada es la ilusión de que en cuanto logremos algo, en cuanto alcancemos nuestra meta o lleguemos a nuestro destino, alcanzaremos la felicidad duradera”, dijo Tal Ben-Shahar, experto en psicología positiva, de la Universidad de Harvard, a quien se le adjudica la creación del término.

Ben-Shahar dijo que la falacia de la llegada es el motivo por el que algunas estrellas de Hollywood lidian con problemas de salud mental y de abuso de sustancias en etapas posteriores de su vida.

“Esas personas comienzan sintiéndose infelices, pero se dicen a sí mismas: ‘Está bien, porque cuando tenga éxito seré feliz’”, explicó. Pero después alcanzan sus objetivos y, aunque quizá se sienten realizados brevemente, el sentimiento no les dura. “Entonces, vuelven a sentirse infelices pero, además de ser desdichados, ya no tienen esperanzas”, comentó. “Porque antes vivían con la ilusión (bueno, la falsa esperanza) de que serían felices tras cumplir sus metas”.

El problema es que los logros no son sinónimo de felicidad, por lo menos no a la larga. Pero ese no es un mensaje con el que la mayoría de nosotros estemos familiarizados. De hecho, casi es antitético al sueño americano, el cual nos dice que el trabajo arduo y los logros te dan una vida feliz. Por eso presionamos a nuestros hijos para que se conviertan en capitanes del equipo de futbol itinerante, músicos principales en la orquesta y presidentes del cuerpo estudiantil, porque queremos que tengan éxito. Queremos que sean felices.

Y después, a los 34 años, cuando acaban de tener un gran logro, pero se sienten tan infelices que se encuentran sollozando dentro de su camioneta en el estacionamiento de un Walmart (hola de nuevo, soy yo), podrían terminar sintiéndose como si algo estuviera inherentemente mal en su interior.

Ben-Shahar acuñó el término “falacia de la llegada” tras experimentar sus efectos cuando era un joven jugador de élite de squash.

“Pensaba: ‘Si gano este torneo, seré feliz’”, comentó. “Ganaba y me sentía contento. Pero después el mismo estrés, la presión y el vacío regresaban”.

Las investigaciones indican que él y yo no somos los únicos. Citó un estudio de 1998 en Journal of Personality and Social Psychology en el que se les pidió que calificaran su felicidad tanto a profesores que habían recibido una plaza permanente como a quienes les había sido negada durante los cinco años anteriores. Las plazas permanentes son la “snitch dorada” del mundo académico: otorgan seguridad laboral, prestigio y, por lo general, un aumento de salario, así que se esperaría que los profesores con plazas permanentes estuvieran significativamente más satisfechos con sus trabajos. Sin embargo, ambos grupos informaron tener niveles similares de felicidad.

Para realizar este estudio también les preguntaron a los profesores adjuntos, a quienes aún no se consideraba para una plaza, qué tan felices creían que los haría lograr ese objetivo. Estos profesores de manera consistente sobrestimaron el nivel de alegría que experimentarían. Lo más probable es que esa sobrestimación fuera el resultado de algo llamado pronóstico afectivo, dijo Jamie Gruman, profesor y académico investigador sénior de la Universidad de Guelph, en Canadá.

“El pronóstico afectivo es nuestra capacidad de predecir cómo nos harán sentir los sucesos”, dijo Gruman. Señaló un estudio del año 2000 que mostró que los fanáticos de los deportes universitarios sobrestimaban lo felices que se sentirían días después de que su equipo ganara un partido importante.

“Solemos ser bastante buenos para saber qué cosas nos harán sentir felices e infelices, pero no somos muy buenos para predecir la intensidad ni la duración del efecto de los sucesos”, dijo. Eso puede provocar que nos sintamos decepcionados después de lo ocurrido.

Los logros también implican consecuencias que quizá no siempre veamos venir. La tendencia a fijarse solo en el lado positivo se llama focalismo, dijo Gruman. Como les dice a los estudiantes en sus cursos de administración de empresas: “Ustedes anhelan ser gerentes, pero ¿saben qué? Tal vez será muy distinto de lo que esperan. ¿Y qué creen? Puede que ni siquiera les guste”. Pasa lo mismo con las personas que obtienen visibilidad en la mayoría de los sectores.

Y, en verdad, lograr algo —ya sea un premio, un ascenso o una tina llena de dinero— no garantiza la felicidad, dijo Ben-Shahar.

“El indicador número uno de la felicidad”, dijo, es el “tiempo de calidad que pasamos con las personas que nos importan y a las que les importamos. En otras palabras: las relaciones”.

Sin embargo, los ingresos son importantes. “No hay ninguna alegría en vivir una vida miserable”, dijo Gruman. Pero después de que se satisfacen las necesidades básicas como alimento, seguridad y una vivienda limpia, el ingreso deja de correlacionarse con la felicidad. En 2012, el Informe Mundial de la Felicidad, emitido por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, señaló que la cooperación y la comunidad quizá contribuyan más a la felicidad en las sociedades prósperas que los ingresos u otras mediciones.

Si las relaciones nos hacen felices, el hecho de que muchos de nosotros las descuidemos para ir tras el éxito profesional quizá sofoque aún más nuestra alegría. Enfocarse en una carrera a costa de un matrimonio, por ejemplo, terminaría por hacernos sentir solos y a la deriva.

Para ser claros, reconocer el poder de la falacia de la llegada no implica que debamos conformarnos con una vida de mediocridad.

“Debemos tener metas”, dijo Ben-Shahar. “Debemos pensar en el futuro”. Además, señaló, también somos una especie “orientada al futuro”. De hecho, los estudios han mostrado que la tasa de mortalidad se eleva un dos por ciento entre los hombres que se retiran justo en cuanto ya cumplen todos los requisitos para recibir la seguridad social, y que jubilarse antes quizá provoque una muerte prematura, incluso entre los que tienen buena salud cuando lo hacen. El propósito y el significado pueden generar satisfacción, lo cual es parte de la ecuación de la felicidad, comentó Gruman.

Un momento. Entonces, ¿alcanzar un objetivo puede hacernos infelices, pero establecer metas nos hace felices? Suena como un dilema, pero no es así si lo planeas como se debe, dijo Ben-Shahar. Aconseja establecer varias metas simultáneas dentro de tu vida laboral y fuera de ella. Ese quizá fue uno de mis problemas. Me había enfocado tanto en terminar un proyecto que había limpiado mi calendario de otras distracciones. Además, el término “meta” puede aplicarse laxamente. También es una meta válida querer pasar más tiempo de calidad con tus hijos o hacer nuevos amigos a través de trabajo voluntario.

Además, debes dejar de usar oraciones como esta: “Seré feliz si puedo lograr tal cosa”. Gruman hace poco llevó a cabo un estudio en el que les pidió a los participantes que calificaran su anhelo de felicidad. Cuanto más pensaban en cómo ser más felices o cuanto más se preocupaban por sus niveles de felicidad en comparación con los de sus colegas, menos felices eran en realidad.

No obstante, el estudio de Gruman también halló que los participantes que realizaban actividades que los hacían felices se correlacionaban con la felicidad general. En otras palabras, no lo pienses, solo haz las cosas que te hacen sentir bien. Si trabajar arduamente te hace sentir bien, qué maravilla. Hazlo. Simplemente no esperes que ese ascenso o ganar el Premio Pulitzer sea el equivalente a un boleto a la dicha.



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