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Candente Oriente Medio

2019-06-28

Trump, como López Obrador, son destructores del pasado, remedos de los Jinetes del...

Por Bernardo González Solano | Revista Siempre

La mayoría de las estaciones meteorológicas en el mundo anuncian que el verano del 2019 será uno de los más candentes de la historia. A lo que hay que agregar que la destrucción del medio ambiente de la Tierra es innegable, sólo los muy estúpidos lo hacen. Los termómetros marcan arriba de los 60º; temperaturas infernales en el desierto del Sahara y en Hermosillo, Sonora. Algunos estúpidos creen que este calor no es suficiente. A cualquier hornillo le rocían gasolina.

Quizás por eso el presidente estadounidense, Donald Trump, retiró a su país del Acuerdo de París. Y, por si algo faltara, el estrafalario, cuando no pierde miserablemente el tiempo en sus campos de golf repartidos en varios países, aumenta la presión sobre Irán –donde el régimen de los ayatolás no canta mal las rancheras–, y día a día hilvana su trama en contra de la antigua Persia, donde algún día (des)gobernó el Sha (Emperador) Mohammad Reza Pahlevi (1941-1979). Juego peligroso que en cualquier mal momento puede desencadenar una conflagración mundial con impredecibles consecuencias.

El reciente anuncio del mandatario estadounidense –comandante supremo del Pentágono– de enviar mil soldados más al contingente ya desplegado en el Oriente Medio (aproximadamente 20,000 efectivos), fue considerado una provocación de la Casa Blanca por Moscú, siempre presente en los conflictos del Tío Sam, en todos los conflictos del planeta. Por su parte, el presidente de la República Islámica de Irán –que como todo mundo sabe es un régimen teocrático–, Hasan Rohani, aseguró que su país «no va a hacer la guerra a nadie». Baladronadas por todas partes.

En las últimas semanas han tenido lugar varios incidentes en el Golfo de Omán, específicamente en el Estrecho de Ormuz, por donde se transporta la quinta parte de la producción petrolera mundial. Pese a las acusaciones en contra –de parte de EU y de países aliados como el reino de Arabia Saudí, enemigo a muerte de la República  islámica–, Teherán ha negado cualquier responsabilidad en los últimos incidentes de los barcos petroleros (de varias banderas) que han sido atacados. Aparte de las «pruebas» ofrecidas por los estadounidenses, no faltan analistas seguros de que los ataques –que no han causado muertos o heridos ni tampoco interrumpido la navegación en el estrecho–, pueden tomarse como una advertencia del régimen teocrático ante el incesante acoso que lo ha sometido Donald Trump.

Trump, como López Obrador, son destructores del pasado, remedos de los Jinetes del Apocalipsis. El tabasqueño trata de borrar todo lo que creó el neoliberalismo aunque esto perjudique a su incipiente gobierno. Como con la Reforma Educativa promovida por el ex presidente Enrique Peña Nieto, de la que «prometió» el tabasqueño «no quedaría ni una coma».  El mendaz inquilino de la Casa Blanca hace lo suyo respecto de su antecesor, Barack Hussein Obama. Receloso del Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC) –el acuerdo nuclear firmado en 2015 por EU, Irán, China, Rusia, el Reino Unido, Francia y Alemania–, hace un año Donald Trump sacó a su país del tratado que limitaba el programa atómico iraní a cambio del fin de las sanciones internacionales que acogotaban la economía de Teherán. Muy a su manera, Trump convirtió el importante acuerdo en  papel mojado. En tales circunstancias, el régimen de los ayatolás buscó el apoyo del resto de los signatarios. Sin mayores resultados. Rohani –a diferencia de otros mandatarios que reculan ante las amenazas de Trump, cubriéndose con el manto de «la concordia, el amor y paz»–, el lunes 17 de junio dio a entender una posible violación del pacto y anunció que para el jueves 27 de junio «habría superado los 300 kilos de uranio enriquecido que se le permite almacenar», con la obvia alarma de los críticos permanentes de EU: Pekín y Moscú.

Todo esto hace que en esta región del Oriente Medio la caldera suba a niveles peligrosos. El enfrentamiento de Washington y Teherán mantiene la alerta. Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), atizan el fuego. Moscú y Pekín están a la caza. Y ya se sabe que el que con fuego juega… Lo que está ocurriendo en el Golfo de Omán no son divertimientos de Boy-scouts. Cualquiera puede cometer un error y ¡agur!

Un raro incidente –uno más–, tuvo lugar el miércoles 19 de junio.  La tensión en torno a Irán sube. El solsticio de verano llega con muchos nubarrones. Ojalá los que mueven las piezas de ajedrez no lo hagan a tontas y a locas. Trump amenaza con guerras –porque asegura que su ejército es el mejor del mundo–, pero en «realidad no las quiere», blofea mucho, presume de cartas ocultas y de acuerdos secretos como lo ha estado haciendo en las últimas negociaciones con México por la crisis de los inmigrantes centroamericanos, so pena de aplicar aranceles a las exportaciones mexicanas a EU.

Con un Donald Trump al que no se le puede creer, el futuro del mundo pende de un hilo y a un paso de un nuevo conflicto bélico en el Oriente Medio.

Sin embargo, no debe olvidarse que el mandatario estadounidense ya llevó a cabo dos bombardeos en contra de Siria y mantiene las operaciones de las Fuerzas Especiales en el Medio Oriente y África ordenadas desde los gobiernos de George W. Bush y Barack Obama; pese a las amenazas de intervención armada no ha ordenado la invasión a Venezuela; continúa tratando de mantener el diálogo, en un raro cortejo, con el dictador norcoreano; y negocia con los talibanes de Afganistán. El gran poder del presidente de EU se hace sentir en todo el planeta.

Así, Donald Trump, el presidente que ha adoptado una retórica más beligerante con los tradicionales aliados de EU –desde México hasta Canadá, pasando por la Unión Europea y Japón–, es capaz de tolerar que un enemigo histórico del Tío Sam como el Irán de los ayatolás derribe un dron espía no tripulado con valor de 220 millones de dólares (195 millones de euros), sin tomar represalias, hasta el momento de escribir este reportaje.

Distintas fuentes informan que los bombarderos estaban ya en el aire, los cañones apuntando a sus objetivos, y la represalia lista para castigar tres objetivos situados en territorio iraní, pero en el último momento –aseguran las «gargantas profundas»–, el «humanitario» Donald Trump, el comandante supremo de las tropas estadounidenses, mandó «a parar». En otro más de sus enigmáticos tuits, después de cancelar un bombardeo previsto para el jueves 20 por la noche (hora de EU), dice: «No tengo prisa, nuestras Fuerzas Armadas están reconstruidas, nuevas y listas para entrar en acción, de lejos las mejores del mundo. Las sanciones están golpeando y más añadidas desde la última noche (sic). Irán NUNCA tendrá armas nucleares, no contra EU, no contra el mundo».

Mensaje ambiguo, como siempre tratándose de Trump, pero según los analistas parece indicar que el mandatario estadounidense no tiene tomada la decisión de atacar a Irán porque confía en que el bloqueo económico lanzado contra Teherán termine por hacerle abandonar su programa nuclear o, incluso, como ha dicho el Secretario de Estado, Mike Pompeo, cause un cambio de régimen en la antigua Persia. Aunque la razón de cancelar el ataque, según lo explica el propio Trump por medio de Twitter y en la cadena NBC, fue que el «bombardeo habría causado la muerte de 150 civiles iraníes». ¿Será? A estas alturas de la historia ¿quién le cree a Trump?

Habría otras razones de por medio. Es extraño que el obcecado magnate cancelara los bombardeos pese a la opinión en contra de sus máximos asesores en materia de política exterior: John Bolton, de Seguridad Nacional, y Mike Pompeo, el Secretario de Estado. De acuerdo al The New York Times, por encima de la opinión de estos asesores, Trump podría estar influído por el análisis de los militares que le advirtieron que «Irán no es Siria», y que esos bombardeos podrían provocar una espiral de represalias y contra represalias que terminarían por desembocar en una guerra abierta. Si esto fuera así, se confirmaría que Donald Trump está dispuesto a realizar acciones militares aisladas y con un componente simbólico y propagandístico alto –como atacar un aeropuerto en Siria o lanzar la mayor bomba del mundo en Afganistán–, pero no a comprometerse en una guerra de consecuencias imprevisibles, en Irán, o de una ocupación larga y costosa de un país, en Venezuela.

Ciertas o no las razones para suspender el ataque a Irán, la decisión de Trump por principio sentó muy bien entre sus votantes, en buena medida por la promesa electoral del presidente de sacar a EU de «guerras estúpidas» en el Medio Oriente. Pero, ya son muchos los yerros cometidos en el ámbito internacional por el 45º mandatario estadounidense. No siempre puede se puede correr con tanta suerte. El futuro del planeta está prendido con alfileres. Hasta la próxima. VALE.


 



regina