Panorama Norteamericano

Los parásitos del centro de Estados Unidos

2019-07-04

En cuanto a la política: los políticos y los comentaristas tienden por igual a estar...

Por Paul Krugman | The New York Times

Los debates de la semana pasada sin duda debilitaron al exvicepresidente estadounidense, Joe Biden, y aumentaron las posibilidades de que un aspirante en definitiva más progresista —tal vez las senadoras Kamala Harris o Elizabeth Warren— gane la candidatura. Y ya se escuchan los lamentos de buena parte de las personas en Washington, las afirmaciones de que los demócratas se están moviendo demasiado hacia la izquierda.

Así que vale la pena analizar esas afirmaciones. ¿En qué sentido los demócratas  se están moviendo demasiado a la izquierda? Estoy viendo tres afirmaciones bastante diferenciadas. La primera es que el partido está poniendo en peligro sus posibilidades electorales. La segunda, que el partido está siendo fiscal o económicamente irresponsable. La tercera, que los demócratas están proponiendo de manera injusta redistribuir los ingresos de los que generan riqueza a los que no lo hacen.

Deben saber que la primera afirmación tal vez esté mal, la segunda definitivamente está mal y la tercera ignora la medida en que ya se redistribuye bastante en este país, y que los electores republicanos son algunos de los mayores beneficiarios.

En cuanto a la política: los políticos y los comentaristas tienden por igual a estar mucho más en contacto con los ricos que los electores comunes y corrientes, y con frecuencia parecen imaginar que las prioridades del uno por ciento —mantener las tasas fiscales para el nivel más alto bajas y recortar los “derechos a las subvenciones”— en realidad resuenan entre el público general. Sin embargo, las encuestas muestran de manera apabullante lo opuesto: los electores quieren aumentarles los impuestos a los ricos y expandir los programas sociales del gobierno.

Entonces, al inclinarse hacia la izquierda en los impuestos y el gasto, los demócratas de hecho se están inclinando hacia las preferencias de los electores, no alejándose de ellas. Sí, los republicanos tratarán de satanizar sus propuestas, pero eso es algo que harían en cualquier caso. Recuerden, también dijeron que Barack Obama, con sus políticas de incremento progresivo y su disposición a considerar los recortes a Medicare, era un socialista.

De hecho, el mejor argumento en contra de los escépticos —como yo— de “Medicare para todos”, a los que les preocupa cómo reaccionarán los electores a las propuestas de eliminar los seguros privados, es que los republicanos vociferarán sobre el control gubernamental de los servicios médicos —y el público de Fox News les creerá— sin importar lo que se haga.

En cuanto a la responsabilidad fiscal y económica: ninguna persona que haya respaldado el recorte fiscal de 2017 tiene derecho alguno a criticar las propuestas demócratas de gastar más en rubros como el cuidado infantil. Después de todo, ese recorte fiscal es probable que agregue unos 2 billones de dólares a la deuda federal y una tercera parte de ese monto va a manos de extranjeros. Mientras tanto, el aumento prometido en la inversión empresarial no se ve por ningún lado.

Al mismo tiempo, hay muy buenos fundamentos para argumentar que las propuestas demócratas tendrían beneficios económicos y humanitarios.

El apoyo para el cuidado infantil, por ejemplo, daría libertad a más mujeres para entrar a la fuerza laboral asalariada, donde pagarían impuestos que compensarían parte del costo. Y los niños que se beneficien de ese apoyo se convertirían, en última instancia, en adultos más saludables y productivos.

En otras palabras, aunque los demócratas progresistas principalmente están defendiendo una mayor justicia social, también pueden ofrecer argumentos mucho mejores de los que podrían dar los conservadores de que sus propuestas ayudarían a la economía y al menos en parte se pagarían solas.

Por último, pero no menos importante, si su opinión es que la agenda progresista es moralmente errónea, que la gente no debería recibir más beneficios gubernamentales de lo que paga en impuestos, deberían saber cuántos estadounidenses ya son unos “aprovechados”, “parásitos” o como quieran llamarles. De hecho, estamos hablando de una vasta franja del centro del país que incluye a casi todos los estados que votaron por Donald Trump.

He estado leyendo un informe reciente del Instituto Rockefeller sobre el “balance de pagos” federal de los estados: la diferencia entre lo que el gobierno federal gasta en un estado y lo que dicho estado le devuelve en ingresos.

El patrón es familiar: los estados más ricos subsidian a los estados más pobres. Y los motivos son claros: los estados ricos pagan mucho más per cápita en impuestos federales, mientras que en realidad reciben un poco menos en gasto federal porque Medicaid y otros programas de “recursos comprobados” se destinan de manera desproporcionada a aquellos con ingresos bajos. Las magnitudes son sorprendentes.

Tomemos el caso de Kentucky. En 2017, ese estado recibió 40,000 millones de dólares más del gobierno federal de lo que pagó en impuestos. Eso es alrededor de una quinta parte del PIB del estado; si Kentucky fuera un país, diríamos que recibió ayuda extranjera a una escala casi inconcebible.

Esta ayuda, a su vez, es fundamental para sostener muchos empleos. Es justo decir que muchos más kentuckianos trabajan en hospitales que se mantienen a flote gracias a Medicare y Medicaid y en establecimientos minoristas que siguen operando debido a la seguridad social y los cupones de comida que en todas las ocupaciones tradicionales como la minería e incluso la agricultura combinadas.

Así que, si realmente creen que los estadounidenses con ingresos más elevados no deberían pagar las prestaciones de aquellos con menos ingresos, deberían pedir a los estados “donadores”, como Nueva Jersey y Nueva York, que ya no ayuden a lugares como Kentucky y dejen que sus economías colapsen. Y si eso es lo que se proponen, deberían informar al respecto al electorado de Mitch McConnell, el senador republicano de Kentucky.

La cuestión es que aunque se pueden criticar algunas propuestas demócratas específicas, solo es posible retratar a los progresistas como radicales o irresponsables, en especial en comparación con el Partido Republicano moderno, si se ignoran o suprimen muchos hechos. Parece ser que los hechos en realidad tienen un sesgo liberal.



Jamileth