Tras Bambalinas

Urzúa dejó en cueros al monje franciscano

2019-07-15

Carlos Urzúa no renunció a la Secretaría de Hacienda por cobardía, sino...

Beatriz Pagés | Revista Siempre

Carlos Urzúa no renunció a la Secretaría de Hacienda por cobardía, sino por haber sido humillado y no querer ser cómplice del desastre económico que se avecina.

Dos días antes de su salida, el presidente de la república decidió dar más poder, del que ya tenía, a la Oficial Mayor de la dependencia, Raquel Buenrostro y convertir a Urzúa en un simple florero de vestíbulo.

Buenrostro es la funcionaria espejo de la mentalidad económica del presidente. Es la que inventó la cuadrícula de la austeridad republicana para combatir la corrupción y hoy,  por disposición del Ejecutivo, es  la última palabra en compras, licitaciones y adjudicaciones del gobierno federal. La confianza de López Obrador quedó depositada en una funcionaria incapaz de contradecir los dogmas económicos del mandatario.

La carta  renuncia de Carlos Urzúa es inédita por todo lo que de ella se desprende.

El ex secretario acusa –sin mencionar  al presidente y a sus favoritos- de tomar decisiones en materia de  política pública sin el suficiente sustento. Este señalamiento puede tener relación con la cancelación del aeropuerto de Texcoco,  la terquedad de construir la Refinería Dos Bocas , Santa Lucía y el Tren Maya, pero sobre todo con el caótico manejo de las economía y las finanzas públicas.

Lo que nos está diciendo Urzúa a los mexicanos en su misiva es que las decisiones económicas del país están envenenadas de origen y que la recesión que está en puerta tiene como  responsables  a la ineptitud y la complicidad.

La  salida de Urzúa es el presagio de una crisis. Veinticuatro horas después de su renuncia, la Junta de Gobierno del Banco de México advertía sobre la “desaceleración anticipada” de la economía, el Bank of America alertaba sobre una inminente recesión técnica y  la calificadora HR Raiting, aunado a lo que han señalado otras agencias,  volvía a bajar las perspectivas de crecimiento país.

Pero, en la carta, hay mucho más  mar de fondo. En otro de los párrafos clave, Urzúa, deja encuerado al monje franciscano: en la 4T – se lee entre líneas- hay corrupción.

Corrupción que tiene que ver con la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública, con la presencia de personajes influyentes y evidentes conflictos de interés, pero también con el manejo opaco de las finanzas del país.

Miles de millones de pesos, producto del ahorro y  recortes al gasto  van a ir a parar a opacos programas de legitimación electoral  en lugar de que sean invertidos en obra pública, carreteras, hospitales, escuelas para acelerar la actividad de la economía.

La llamada Austeridad Republicana se ha convertido en un recurso de propaganda tropical para robarle a los mexicanos salud, educación y bienestar. Se pide continencia, sobriedad  a los ciudadanos y al mismo tiempo se derrochan miles de millones de pesos en proyectos de proselitismo que garanticen la prolongación del mandato presidencial.

Si todavía nadie lo cree, ahí está para muestra lo que acaba de suceder en Baja California donde el Congreso, violentando la ley y la voluntad popular, aprobó que el gobernador de Morena se quede en el poder cinco en lugar de los dos años por los que fue votado.

En apenas siete meses, el sexenio ya entró en crisis. Por eso el gobierno decidió estallar casos como el de Emilio Lozoya, Juan Collado y exhibir los vínculos de estos personajes con Carlos Salinas, Enrique Peña Nieto y la llamada “mafia del poder”.

La renuncia de Urzúa confirma que la economía del país no tiene brújula, que un secretario de Hacienda no puede aceptar como política económica o carta de navegación el Plan Nacional de Desarrollo redactado por el propio presidente, un panfleto doctrinario carente de metas, objetivos, estrategias y métodos de evaluación.

A Urzúa ya lo marcaron con el hierro del desprecio. Nunca le van a perdonar haber quitado el velo a la sacro santa Cuarta Transformación.

La carta de Urzúa y las razones de su renuncia son la crónica de lo que viene y confirma que las dictaduras son fatales para la economía.


 



regina