Salud

En ‘Diagnóstico: casos sin resolver’, todo el mundo puede hacer de detective médico

2019-08-20

“¡Alto! ¡Alto! ¡Esto está fatal!”, recuerda haber dicho...

Por Aidan Gardiner | The New York Times

Este artículo forma parte de Times Insider, una serie que retrata la vida de la redacción y la intimidad del trabajo periodístico detrás de los artículos, reportajes y columnas de opinión en The New York Times.

Cuando Lisa Sanders vio una primera versión de la serie documental que acaba de estrenarse en Netflix sobre sus esfuerzos para diagnosticar las misteriosas enfermedades de ocho pacientes, su retroalimentación —ahora admite sin dudar— estuvo “mal formulada”.

“¡Alto! ¡Alto! ¡Esto está fatal!”, recuerda haber dicho Sanders. “Ay, por Dios, ¡esto es espantoso! ¡No pueden hacerlo así! ¡No pueden decir cosas como esa!”.

Los productores, es verdad, intentaban crear un programa innovador, en el que por primera vez le pedían a la audiencia mundial de la popular columna que Sanders ha escrito para The New York Times Magazine desde 2002, que ayudara a diagnosticar casos médicos aparentemente imposibles.

No obstante, Sanders, una internista, sentía que había cuestiones sutiles e importantes que estaban mal en la manera en que aquel fragmento inicial retrataba el riesgo que implica un diagnóstico, la sobrecogedora duda que los pacientes pueden sentir, las charlas de los médicos con los pacientes y, en resumen, el trabajo de toda su vida.

La versión final del programa —llamado en inglés como su columna, Diagnosis—, que Netflix estrenó el fin de semana, corrigió y logró capturar lo que ella cree sobre los diagnósticos y las lecciones que ha aprendido en el transcurso de su carrera.

Por ejemplo, hace años, usó una frase que en ese entonces ella usaba mucho con un paciente.

“¿Sabe algo? Diagnóstico es solo una palabra”, dijo Sanders.

“¡No!”, la corrigió el paciente de inmediato: “Lo es todo”.

En el programa, un diagnóstico significa que los padres ya no tienen que permitir que los doctores abran el cerebro de su hija amante de la música, lo cual quizá iba a dejarla muda. Significa que una joven casi al borde de la quiebra puede dejar de pagarles a doctores que no tienen respuestas y saber que puede tener un hijo sin temor de transmitirle un dolor muscular paralizante.

En uno de sus primeros artículos para The New York Times, Sanders escribió sobre sus propios esfuerzos llenos de aflicción por diagnosticar la causa de muerte de su hermana alcohólica, para así obtener una respuesta.

“No es ‘solo una palabra’. De hecho, es una palabra que tiene mucho significado, un significado social y médico”, dice ahora.

Sanders creció en Carolina del Sur leyendo la obra de Arthur Conan Doyle y disfrutaba el satisfactorio “ruido sordo” que hacen al unirse las piezas antes desconectadas de un relato de misterio. Comenzó su vida profesional como periodista y ganó un Premio Emmy por su cobertura del impacto del huracán Hugo en Charleston, en el año de 1989, mientras trabajaba para CBS News.

No obstante, decidió cambiar de carrera después de hacer un reportaje sobre la navegación en los rápidos de Carolina del Norte, durante el cual un colega reportero, quien también era médico, saltó al río revuelto para sacar a una mujer que estaba flotando bocabajo.

“Lo vi cambiar de un periodista que observa las cosas a un médico que actúa”, dijo Sanders al Times en un artículo de 1992 sobre los caminos inusuales que llevan a la gente a estudiar medicina. “Me hizo darme cuenta de que no soy una persona que quiere solo sentarse y ver”, agregó.

Todavía recuerda claramente al reportero haciendo presión sobre el pecho de la mujer, quien giró el rostro, tosió “una tonelada de agua” y vomitó.

En la Universidad de Yale, donde Sanders obtuvo su título de Medicina e hizo su residencia, de inmediato quedó cautivada por la naturaleza detectivesca del trabajo de diagnóstico.

Poco después, un amigo de toda la vida que acababa de comenzar a trabajar como editor de The New York Times Magazine la llamó y le preguntó: “¿Sobre qué pueden escribir los médicos?”. Sanders pensó en los informes que hacía de todos sus pacientes nuevos.

“Escribo pequeños misterios todos los días”, dijo.

Para la columna que surgió de aquella conversación, Sanders se inspiraba en casos inusuales ya resueltos que habían planteado preguntas inesperadas para los médicos, quienes las compartían con Sanders en sus conversciones junto al dispensador de agua. También comenzó a buscar casos únicos entre sus propios pacientes en el Hospital New Haven de Yale.

“Esta columna me ayuda a recordar que la mayoría de la gente tiene lo que otra gente ha tenido, pero no todos”, comenta. “Me hace abrirme a la posibilidad de lo extraño”, afirma.

En 2010, se le ocurrió la idea de la colaboración abierta en su columna al compartir el caso de un académico con fiebre que había permitido que los lectores de una popular página web médica ayudaran a diagnosticar su enfermedad.

Luego, en 2011, ella dejó a sus propios lectores adentrarse en el trabajo detectivesco con una columna de Well, Think Like a Doctor (piensa como un médico), que los invitaba a especular sobre los síntomas de una enfermedad que ella revelaría al día siguiente.

“Como vi lo buenos que eran con esos casos resueltos, estaba segura de que les iría bien con los casos no resueltos”, recuerda Sanders.

No desarrolló la idea sino hasta que el productor ganador del Oscar Scott Rudin se acercó a The New York Times con la intención de hacer una serie documental con la compañía productora Lightbox.

En abril de 2019, la revista publicó el primero de una serie de casos no resueltos que Sanders y los productores habían pasado meses recabando. Por primera vez, invitaron a los lectores a compartir sus mejores predicciones sobre lo que padecían los pacientes.

Miles de lectores de todo el planeta respondieron. Muchos eran integrantes de la comunidad médica.

Sin embargo, otros eran solo personas que reconocían su propio padecimiento en alguien más que se encontraba al otro lado del mundo y querían ayudar, como una madre de California que vio el comportamiento de un joven paciente de Diagnosis como un síntoma del mismo trastorno genético que tiene su hijo, para el que no hay tratamiento.

“Me parece que es un diagnóstico”, dijo entre lágrimas. “Pero es un diagnóstico que no ayuda en nada. Creo que nuestros hijos van a ayudar a niños y a sus padres en el futuro para que no pasen por lo que nosotros pasamos”.

Esto es lo que Sanders esperaba capturar. A diferencia de muchos dramas médicos que usan casos extraños para demostrar la genialidad deductiva de un doctor en el acto final, ella quería mostrar algo más.

“Es mucho más que eso”, rebate. “Los pacientes no son el telón de fondo. Son los protagonistas”.



regina