Internacional - Política

Gobierno y oposición disputan banderas en Nicaragua

2019-08-28

Más emblemas similares se colocaron en los muros del Colegio Latinoamericano, propiedad del...

Por GABRIELA SELSER | AP

MANAGUA (AP) — Después de presionar a sus adversarios para impedir el uso de la bandera azul y blanco de Nicaragua, el gobierno de Daniel Ortega anunció recientemente una campaña para colocar este símbolo nacional en todos los rincones del país con motivo de las fiestas de la independencia.

El anuncio generó desconcierto entre muchos nicaragüenses porque la bandera se convirtió en ícono de las protestas antigubernamentales que estallaron en abril de 2018 y su uso quedó vetado desde que la policía prohibió las manifestaciones hace casi un año. Por ello, ahora varios desconfían: ¿realmente pueden desplegarlas sin temor a ser confundidos con opositores y correr el riesgo de ser arrestados?

La vicepresidenta y primera dama, Rosario Murillo, instó a colocar la bandera en viviendas, escuelas, autobuses, entidades del Estado y oficinas del gobernante partido Frente Sandinista para “honrar a la patria”, previo a los días festivos, el 14 y 15 de septiembre.

“Es un deber y un orgullo colocar la bandera azul y blanco en nuestros trabajos y viviendas porque es la que nos identifica como nicaragüenses”, declaró Murillo a la televisión oficial.

Recientemente había dicho que “la bandera rojinegra (de los sandinistas) rescatará a la azul y blanco”, porque –aseguró-- el emblema nacional fue “secuestrado” por la oposición, a la que el gobierno acusó de promover el “vandalismo” y un “fallido golpe de Estado”.

El año pasado, varias personas fueron arrestadas por ondear la bandera de Nicaragua. Flor Ramírez, de 67 años, fue detenida cuando bailaba vestida de azul y blanco en una marcha, mientras que a Luis Cuevas lo condenaron a cinco años de cárcel por vender banderas a los manifestantes.

Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la violencia estatal ejercida por policías y paramilitares al sofocar las protestas dejó 325 muertos, más de 2,000 heridos y 770 detenidos, además de decenas de miles de exiliados.

Cumpliendo la instrucción de Murillo, en las últimas horas varios cientos de banderas fueron colocadas en los edificios del gobierno. En los actos oficiales, Ortega suele combinar este símbolo nacional con la bandera sandinista, que es de color rojo y negro.

La sede central del Consejo Supremo Electoral, siempre resguardada por policías antimotines, amaneció la semana pasada con una manta que proclama “Queremos la paz” y exhibe una paloma y una bandera azul y blanco.

Más emblemas similares se colocaron en los muros del Colegio Latinoamericano, propiedad del Ejército y bautizado “Hugo Chávez” tras la muerte del presidente venezolano, aliado de Ortega.

También las patrullas de policía circulan con banderitas azul y blanco en su parte frontal, ante la sorpresa de la ciudadanía. Mientras tanto, el gobierno anunció que espera hacer lo mismo con los más de 800 autobuses públicos de Managua.

“Yo puse mi bandera en el bus porque estamos en el mes de la patria”, dijo un conductor de la ruta 116 perteneciente a la cooperativa de transporte Parrales Vallejos, cuyos socios son exmilitares sandinistas, que no quiso dar su nombre.

El veterano exguerrillero Edén Pastora, que se unió a los “contras” antisandinistas --como se conoce a los contrarrevolucionarios-- y después regresó al FSLN, participó el jueves en Managua en un desfile de la Juventud Sandinista portando una bandera azul y blanco.

“Al criminalizar el uso de la bandera nacional, el gobierno la convirtió en un poderoso símbolo de oposición y resistencia”, comentó a la AP la historiadora Margarita Vannini, experta en temas de memoria.

Ahora, Ortega “pretende reivindicar su uso y quitarle a la oposición ese símbolo de la protesta cívica que convoca y unifica a la población, pues la bandera representa la identidad y los sentimientos patrióticos”, analizó.

En las filas opositoras, no todos reaccionaron igual ante el anuncio presidencial. Algunos expresaron malestar y otros dijeron que aprovecharán para “pintar el país” de azul y blanco, sin descartar que ello pueda causar incidentes.

A varios días de que se difundiera el mandato oficial, éste no había sido acatado masivamente, lo que la oposición calificó como “un triunfo” frente a Ortega.

“No es lo mismo enarbolar la bandera de Nicaragua por amor a la patria, que hacerlo por una orden de un partido político o por una instrucción del gobierno”, comentó Carlos Tunnermann, coordinador general de la opositora Alianza Cívica.

La misma coalición emitió un comunicado el lunes instando a la población a colocar banderas de Nicaragua en sus casas y en sus vehículos, pero sugirió agregarles un lazo negro para identificarlas “con la causa de la justicia y la democracia”.

“Hemos sufrido persecución, asedio y hasta la cárcel por salir con una bandera, pero ahora toda Nicaragua va a sacar su bandera azul y blanco”, afirmó Violeta Granera, líder del Frente Amplio por la Democracia (FAD).

Algunas personas piensan que ahora la policía nicaragüense deberá identificar bien a los portadores de banderas antes de arrestarlos.

“Usted, señor Ortega, ahora no va a saber a quién apresar”, añadió Granera, cuyo movimiento forma parte de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), creada en 2018.

Para la disidente sandinista Ana Margarita Vijil, la orden presidencial revela “una derrota” para Ortega. “Ahora el clavo (problema) para los orteguistas es cómo van a identificarnos”, bromeó.

Por su parte, doña Flor Ramírez salió a ondear su bandera “vandálica” frente al mercado Roberto Huembes, al oriente de Managua. “Estos colores son nuestros, el gobierno no nos va a atemorizar”, dijo la mujer, que esta vez no fue detenida.

El líder estudiantil Edwin Carcache, que estuvo nueve meses preso por protestar contra Ortega, afirmó que el gobierno “manchó de sangre nuestra bandera” y recomendó usarla con el escudo al revés, “en señal de luto por todos nuestros muertos”.



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