Educación

El negocio de vender ensayos universitarios

2019-09-11

No es ninguna novedad que la gente haga trampa en el mundo universitario, pero internet ha...

Por Farah Stockman y Carlos Mureithi | The New York Times

Tenía que pagar su colegiatura y su renta también. Así que Mary Mbugua, estudiante universitaria de Nyeri, Kenia, salió a buscar trabajo. En un inicio intentó ser agente de seguros, aunque con eso solo se gana por comisión y ella no vendió ni una póliza. Luego estuvo como recepcionista en un hotel, hasta que el lugar tuvo problemas financieros.

Y entonces una amiga la ayudó a incursionar en la “escritura académica”, una industria lucrativa en Kenia que implica hacer los trabajos académicos de estudiantes universitarios en Estados Unidos, el Reino Unido y Australia. Mbugua se sentía conflictuada.

“Eso es hacer trampa”, dijo. “Pero ¿qué otra opción queda? Necesitamos ganar dinero; necesitamos ganarnos la vida”.

Desde que fiscales en Estados Unidos acusaron a un grupo de padres adinerados y de entrenadores en un enorme caso de fraude y sobornos, se han escudriñado más las ventajas que tienen los estudiantes de familias ricas para la admisión universitaria. Sin embargo, se ha prestado menos atención a las tramas que utilizan algunos de esos estudiantes ya que fueron admitidos.

No es ninguna novedad que la gente haga trampa en el mundo universitario, pero internet ha posibilitado que esas trampas sucedan a una escala industrial y global. Hay sitios web con nombres como Ace-MyHomework y EssayShark que permiten a la gente en países en desarrollo recibir dinero por completar las tareas de los estadounidenses.

Algunos de los negocios han existido desde hace una década, aunque los expertos indican que la demanda ha crecido en los últimos años a medida que se sofisticaron las páginas web, con todo y números directos para asistencia telefónica y promesas de devolución con rembolso. El resultado es que cada año son ordenados millones de ensayos y trabajos como parte de una enorme industria mundial que les provee suficiente dinero a algunos escritores como para que se vuelva su trabajo de tiempo completo.

El negocio de compra de ensayos se ha expandido de manera significativa en ciertos países en desarrollo en donde hay muchas personas que hablan inglés, conexiones rápidas a internet y más graduados universitarios que trabajos para esas personas; en particular la industria ha florecido en Kenia, India y Ucrania. Un grupo de Facebook para la “escritura académica” tiene más de cincuenta mil integrantes.

Mbugua, después de un mes de capacitaciones, empezó a producir ensayos con temas tan variados como si los humanos deben colonizar el espacio (“No vale el esfuerzo”, escribió) o la eutanasia (escribió que aplicarla es como “asumir el papel de Dios”). En su mejor mes ganó 320 dólares, más dinero del que había ganado en toda su vida. (Mbugua solamente es identificada con un nombre parcial porque teme que la atención no le permita conseguir trabajo a futuro).

No queda claro qué tanto se usan los ensayos pagados, conocidos como “trampa por contrato” en algunos círculos académicos. Cath Ellis, investigadora destacada en el tema, dijo que cada año se contratan millones de ensayos en línea a nivel mundial. Un estudio de 2005 hecho con estudiantes en América del Norte encontró que el siete por ciento de los estudiantes de licenciatura habían admitido entregar trabajos escritos por alguien más mientras que el tres por ciento reconoció haber entregado ensayos hechos por las llamadas fábricas de ensayos.

“Es un problema enorme”, reconoció Tricia Bertram Gallant, directora de la oficina de integridad académica en el campus San Diego de la Universidad de California. “Si no hacemos nada al respecto, cualquier universidad acreditada se va a volver una mera fábrica de diplomas”.

Hace más de una década, cuando empezaron a surgir este tipo de sitios web, tenían referencias veladas a que daban servicios de tutoría y edición, dijo Bertam Gallant, quien también es miembro del Centro Internacional para la Integridad Académica. Ahora, indicó la directora, los sitios ni siquiera intentan esconder lo que están haciendo.

“No importa qué tipo de ensayo académico necesites, es sencillo y seguro contratar a un escritor académico para un trabajo costeable”, promete el sitio EssayShark.com. “Ahórrate ese tiempo”.

En un correo, el Departamento de Relaciones Públicas de EssayShark.com dijo que la empresa no considera que sus servicios sean para hacer trampa y aseguró que les advierte a los estudiantes que los trabajos son “solamente para fines de investigación y referencia”, mas no deben presentarse como el trabajo propio del contratante.

“No condonamos, promovemos ni tomamos parte a sabiendas en plagios ni otros actos de fraude académico”, indicó esa empresa.

Otra de las compañías, UvoCorp, dijo que los servicios no eran para promover el fraude y que los clientes no pueden “usar los materiales consultivos que reciben de nosotros como su propio trabajo”.

Las empresas Academized y Ace-MyHomework no respondieron a solicitudes para hacer comentarios a este artículo.

Un enorme escándalo de trampa por contrato en Australia ya llevó a los funcionarios universitarios a intentar detener la práctica. El Reino Unido ya busca también enfrentarse a la industria, aunque esos esfuerzos no se han dado en Estados Unidos.

Los expertos dijeron que no hay ley federal en ese país ni en Kenia que prohíba la compra o venta de ensayos académicos.

“Como las instituciones estadounidenses no han vivido el golpe frontal, como sucedió en las universidades de Australia y de otros lugares, es fácil hacer como que no sucede”, dijo Bill Loller, vicepresidente de gestión de productos para Turnitin, empresa que desarrolla software para detectar casos de plagio. “Pero claro que está sucediendo”.

Loller dijo que ha trabajado con algunas universidades en las que los estudiantes no han acudido a una sola clase ni han completado un solo trabajo directamente. “Lo subcontrataron todo”, comentó.

Es más difícil detectar la trampa por contrato que el plagio porque los ensayos hechos por un escritor fantasma no encienden alertas cuando se revisan contra una base de datos de ensayos previos; usualmente son trabajos originales, solo que son escritos por una persona distinta a quien los firma. Sin embargo, este año Turnitin develó un producto llamado Authorship Investigate que usa otras pistas —como patrones en oraciones o la metadata del documento— para intentar determinar si el trabajo fue escrito por el estudiante que lo entregó.

Algunos de los sitios web de escritura académica funcionan como eBay: hay compradores y vendedores que pujan por tareas específicas. Otros operan como Uber: emparejan a estudiantes desesperados con los escritores que estén disponibles en ese momento. Las identidades y ubicaciones tanto de escritores como de estudiantes son resguardadas, así como el nombre de la universidad para la que piden el trabajo.

Aun así, en algunas de las tareas que Mbugua hizo y enseñó a The New York Times, los nombres de universidades para los que fueron hechos los ensayos eran claros. Una de las asignaturas era escribir sobre una solución para un problema comunitario y Mbugua escribió sobre las dificultades para encontrar estacionamiento cerca de la Universidad Estatal de Arizona. Bret Hovell, portavoz de esa universidad, dijo que el colegio no pudo determinar si ese ensayo había sido entregado.

En Kenia, cuyo producto interno bruto per cápita ronda los 1700 dólares, los escritores más demandados pueden ganar hasta 2000 dólares al mes, según Roynorris Ndiritu, quien se graduó como ingeniero civil pero dijo que solo ha podido prosperar gracias a la escritura académica a nombre de otras personas.

Mbugua, la estudiante keniana, cobra tan poco como cuatro dólares por página. Dijo que ya empezó a llevar con ella siempre un cuaderno para escribir palabras que denoten un mayor vocabulario si las nota en películas o en novelas, para que sus ensayos valgan más.

La joven de 25 años alguna vez intentó heredar una cuenta de alguien que cobraba más, en el sitio web UvoCorp. Sin embargo, UvoCorp no permite esas transacciones y Mbugua dijo que desactivaron la cuenta que había comprado, con lo que tuvo que dejar la escritura académica.

Ahora Mbugua no sabe a ciencia cierta qué hará. Se graduó de la universidad en 2018 y ya envió su currículo a decenas de empresas. Mientras tanto, está vendiendo utensilios de cocina.

Dijo que nunca le gustó saber que estaba escribiendo en nombre de estudiantes estadounidenses y de otros. “Tenía cargo de conciencia”, comentó.

“La gente dice que los sistemas educativos de Estados Unidos, el Reino Unido y esos países son de primera”, dijo. “Pero no diría que esos estudiantes son mejores que nosotros. Nosotros ya estudiamos… e hicimos sus tareas”.



Jamileth