Internacional - Población

El ayatolá Sistani pide un nuevo gobierno en Irak tras una jornada sangrienta

2019-11-29

En cuanto a los paramilitares de las Fuerzas de Movilización Popular, afines a Irán,...


Kerbala, Irak, 29 Nov 2019 (AFP) - El gran ayatolá Alí Sistani, figura tutelar de la política iraquí, instó el viernes a sustituir al gobierno, tras una de las jornadas más sangrientas del movimiento de protesta, que ya ha dejado casi 400 muertos.

De este modo, el dignatario chiita, de 89 años, aportó por primera vez su apoyo sin ambages a los manifestantes, que desde el 1 de octubre reclaman "la caída del régimen" y una renovación de la clase política, a la que acusan de corrupta, de ignorarles y de reprimir sus protestas a sangre y fuego.

Un día después de que 44 manifestantes fallecieran y casi 1,000 resultaran heridos en diferentes acciones de protesta, en las plazas del sur y en Bagdad, miles de personas esperaban ansiosas la reacción del ayatolá, mientras que en el sur, tribal, combatientes tribales y civiles tomaron calles y carreteras empuñando las armas.

- "Replantearse la opción" -

"El Parlamento del que emergió el gobierno actual está llamado a replantearse la opción que tomó en aquel momento" para "preservar la vida de sus hijos y evitar que el país se hunda en la violencia, el caos y la destrucción", dijo Sistani en un sermón leído por uno de sus asistentes en la ciudad de Kerbala.

Los diputados de la oposición, los del ex primer ministro Haider Al Abadi y los del turbulento líder chiita Moqtada Sadr, el primer bloque del Parlamento, se declararon dispuestos a organizar una moción de censura lo antes posible.

El jueves, Moqtada Sadr avisó que si el gobierno no dimitía, "esto sería el principio del fin de Irak".

En cuanto a los paramilitares de las Fuerzas de Movilización Popular, afines a Irán, segundo grupo del Parlamento y fuerte apoyo del gobierno, también parecían plegarse a la voluntad del gran ayatolá.

"Sus órdenes son nuestras órdenes", tuiteó Qais al Jazali, uno de sus comandantes.

Mientras, la calle seguía presionando, tanto en la capital, Bagdad, como en localidades sureñas como Nayaf, Diwaniya, Al Hilla o Nasiriya.

En Nasiriya, donde el 26 manifestantes murieron el jueves por las balas de las fuerzas de seguridad, lideradas por un militar de alto rango enviado desde Bagdad, se reanudaron los enfrentamientos.

- Cinco heridos de bala -

Cinco manifestantes resultaron heridos de bala cuando intentaban llegar a la Dirección Provincial de la Policía, en la ciudad, anunciaron fuentes médicas. Además, fue incendiada otra comisaría de policía, la segunda en dos días en esa ciudad.

Desde el miércoles por la noche, el movimiento de protesta entró en una nueva fase con los manifestantes gritando "¡Irán fuera!" y "¡Victoria para Irak!" e incendiaron el consulado iraní de Nayaf, una ciudad que cada año visitan millones de peregrinos iraníes.

Poco después, la represión aumentaba y, con ella, la respuesta de los manifestantes.

En Nasiriya, el gobernador consiguió, antes de dimitir, que el ejecutivo central destituyera al mando militar de la zona.

En el sur, agrícola y tribal, la amenaza del caos iba ganando fuerza.

Para proteger a los manifestantes de la represión, un grupo de combatientes tribales de Nasiriya, armados, se desplegaron el jueves por la autovía que conecta la ciudad con la capital, atentos por si llegaban nuevos blindados de la policía, como había ocurrido la víspera.

El viernes no había ni rastro de esos hombres pero los manifestantes siguieron quemando neumáticos en puentes y carreteras, bloqueando las autopistas.

- Disparos en la ciudad -

En Nayaf, la noche fue larga: durante varias horas, hombres vestidos de civil dispararon contra todo aquel que se aproximara a las sedes de los partidos políticos. En la ciudad santa, los tiros de las fuerzas de seguridad y de esos hombres dejaron 16 muertos el jueves, según fuentes médicas.

En las provincias meridionales, policías que pidieron el anonimato dijeron haber recibido órdenes de acabar con las manifestaciones tras la llegada, el jueves, de nuevos comandantes militares. Pero el desastre de Nasiriya los obligó a dar un paso atrás, reconocieron.

En Bagdad, las granadas lacrimógenas seguían impregnando de humo el centro histórico, transformado en un campo de batalla entre jóvenes lanzando piedras y policías, que el jueves mataron a dos manifestantes.

Por su parte, los manifestantes se mostraron determinados a acabar con el sistema político diseñado por los estadounidenses tras la caída de Sadam Husein, en 2003.

Para ellos, el poder está ahora manipulado por Teherán, que ganó influencia respecto a Washington, en un país en el que uno de cada cinco habitantes vive bajo el umbral de la pobreza.

 

 

 



regina