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"Hagan lo que sea necesario para ponerles fin": la orden del líder iraní para aplacar disturbios

2019-12-23

Esa instrucción, confirmada por tres fuentes cercanas al círculo íntimo del...

Por Reuters staff

(Reuters) - En noviembre, tras días de protestas en Irán, el ayatolá Ali Khamenei parecía impaciente y en una reunión con sus principales asesores emitió una orden: hagan lo que sea necesario para detenerlas.

Esa instrucción, confirmada por tres fuentes cercanas al círculo íntimo del líder supremo y por un cuarto funcionario, puso en marcha la represión más sangrienta contra los manifestantes en el país desde la Revolución Islámica en 1979.

Las manifestaciones se iniciaron el 15 de noviembre y en las dos semanas posteriores han muerto alrededor de 1,500 personas. La cifra, proporcionada a Reuters por tres funcionarios del Ministerio del Interior, incluye al menos a 17 adolescentes y unas 400 mujeres, así como a algunos miembros de las fuerzas de seguridad y policías.

La cifra de 1,500 fallecidos es significativamente mayor que los números entregados por grupos internacionales de derechos humanos y de Estados Unidos. Un informe del 16 de diciembre de Amnistía Internacional indica que han muerto al menos 304 personas. En tanto, el Departamento de Estado estadounidense, en un comunicado enviado a Reuters, estima que han muerto varios cientos de iraníes, con informes que dicen que ese número podría superar los 1,000.

Las cifras proporcionadas a Reuters, según dos de los funcionarios iraníes que las proporcionaron, se basan en información recopilada de las fuerzas de seguridad, morgues, hospitales y oficinas forenses.

La oficina del portavoz del gobierno declinó hacer comentarios sobre si las órdenes provienen de Khamenei en una reunión del 17 de noviembre. La misión de Irán a Naciones Unidas no respondió a una solicitud de comentarios para este reportaje y la Guardia Revolucionaria declinó hacer comentarios.

Lo que comenzó como protestas aisladas por un aumento en los precios de la gasolina se extendió rápidamente a uno de los mayores desafíos para el gobierno clerical de Irán desde la Revolución Islámica de 1979.

El 17 de noviembre, en su segundo día, los disturbios llegaron a Teherán y la gente pidió el fin de la República Islámica y la caída de sus líderes. Los manifestantes quemaron fotos del ayatolá y pidieron el regreso de Reza Pahlavi, hijo exiliado del derrocado Shá, según videos publicados en las redes sociales y testigos presenciales.

Esa noche, en su residencia oficial en un complejo fortificado en el centro de Teherán, Khamenei se reunió con altos funcionarios, incluidos asistentes de seguridad, el presidente Hassan Rouhani y miembros de su gabinete.

En la reunión, descrita a Reuters por las tres fuentes cercanas a su círculo íntimo, el líder de 80 años, que tiene la última palabra sobre los asuntos estatales, criticó el manejo de los disturbios.

“La República Islámica está en peligro. Hagan lo que sea necesario para ponerle fin (a los levantamientos). Tienen mi orden”, dijo el líder supremo al grupo, según una de las fuentes.

El cuarto funcionario, que fue informado sobre la reunión del 17 de noviembre, agregó que Khamenei dejó en claro que las manifestaciones requerían una respuesta contundente. “Nuestro Imán”, dijo el funcionario, refiriéndose al ayatolá, “sólo responde a Dios. Le importan las personas y la Revolución. Fue muy firme y dijo que esos alborotadores debían ser aplastados”.

Los gobernantes clericales de Teherán han culpado a “matones” vinculados a los opositores en el exilio y a las potencias enemigas del país -Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita- por incitar los disturbios. Khamenei ha descrito los disturbios como el fruto de una “conspiración muy peligrosa”.

Un informe del 3 de diciembre en la televisión estatal iraní confirmó que las fuerzas de seguridad habían disparado a los ciudadanos y dijo que “algunos manifestantes murieron en enfrentamientos”. Irán no ha dado cuenta oficial de muertes y ha rechazado las cifras, indicando que son “especulativas”.

El ministro del Interior dijo el 27 de noviembre que más de 140 dependencias del gobierno fueron incendiadas, además de cientos de bancos y decenas de estaciones de servicio, mientras que 50 bases utilizadas por las fuerzas de seguridad también fueron atacadas, según comentarios reportados por la agencia estatal de noticias IRNA. También dijo que hasta 200,000 personas participaron en los disturbios en todo el país.

“OLOR A DISPAROS”

Durante décadas, el Irán islámico ha tratado de expandir su influencia en todo Oriente Medio, desde Siria hasta Irak y Líbano, invirtiendo el capital político y económico de Teherán y respaldando a las milicias. Pero ahora enfrenta presión en el país y en el extranjero.

En los últimos meses, desde Bagdad hasta Beirut, los manifestantes han expresado su ira contra Teherán. En las casas, la lucha diaria para llegar a fin de mes ha empeorado desde que Estados Unidos reimpuso sanciones tras salir el año pasado del acuerdo nuclear que Irán negoció con las potencias mundiales en 2015.

Las protestas estallaron después de un anuncio del 15 de noviembre en los medios estatales de que los precios del gas aumentarían hasta en un 200% y que los ingresos se utilizarían para ayudar a las familias necesitadas.

En cuestión de horas, cientos de personas salieron a las calles en lugares como la ciudad nororiental de Mashhad, la provincia sudoriental de Kerman y la provincia suroccidental de Khuzestan, en la frontera con Irak, según medios estatales.

Las protestas llegaron a más de 100 ciudades y pueblos y se volvieron políticas. El 18 de noviembre, la policía antidisturbios parecía estar disparando al azar en Teherán a los manifestantes en las calles y había “olor a disparos” y humo en todas partes, dijo una residente.

Las autoridades iraníes desplegaron fuerza letal a un ritmo mucho más rápido desde el principio que en otras protestas en los últimos años, según activistas y detalles revelados por las autoridades.

En el estallido social de 2009, cuando millones protestaron por la cuestionada reelección del presidente de línea dura Mahmoud Ahmadinejad, se estima que murieron 72 personas. Y cuando Irán enfrentó oleadas de protestas por dificultades económicas en 2017 y 2018, el número de muertos fue de unas 20 personas, dijeron las autoridades.

Khamenei, que ha liderado Irán durante tres décadas, recurrió a sus fuerzas de élite para sofocar los recientes disturbios: la Guardia Revolucionaria y su milicia religiosa Basij. Según las tres fuentes, al ayatolá le preocupaba especialmente la ira en las pequeñas ciudades de clase trabajadora, cuyos votantes han sido un pilar para la República Islámica.

“SANGRE EN LAS CALLES”

Funcionarios en cuatro provincias dijeron que el mensaje era claro: un fracaso en terminar con los disturbios alentaría a las personas a protestar en el futuro.

Un funcionario local en Karaj, una ciudad de clase trabajadora cerca de la capital, dijo que hubo órdenes de usar cualquier fuerza necesaria para poner fin a las protestas de inmediato. “Las órdenes vinieron de Teherán”, dijo bajo condición de anonimato.

“Había sangre por todas partes. Sangre en las calles”, dijo un residente por teléfono. Reuters no pudo verificar independientemente esa declaración.

En el condado de Mahshahr, en la provincia de Khuzestan, estratégicamente importante en el suroeste de Irán, la Guardia Revolucionaria usó vehículos blindados y tanques para contener las manifestaciones. La televisión estatal dijo que las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los “manifestantes” que se escondían en las marismas.

El Departamento de Estado de Estados Unidos dijo que recibió videos de la Guardia Revolucionaria abriendo fuego sin advertir a los manifestantes en Mahshahr. Y que cuando huyeron a los pantanos cercanos, la Guardia los persiguió y les disparó con ametralladoras, matando al menos a 100 personas.



Jamileth