Ecología

Los basureros del mundo

2019-12-26

Grandes compañías y multinacionales aseguran que sus productos son reciclables como...

Política Exterior

En su discurso ante la Cumbre del Clima en Madrid, la célebre activista sueca Greta Thunberg dijo que la esperanza del cambio en la defensa medioambiental no proviene ‘de los gobiernos o las empresas, sino de la gente’. Esa afirmación, sin embargo, evade una verdad incómoda: respuestas personales como dejar de viajar en avión o comer carne sirven de poco sin políticas públicas.

Grandes compañías y multinacionales aseguran que sus productos son reciclables como un reclamo publicitario, sin que haya mucho de cierto en ello. Según la ONU, el 57% de los plásticos en África, el 40% en Asia y el 32% en América Latina ni siquiera se recoge. El agua embotellada mueve en el mundo unos 100,000 millones de dólares anuales pero el agua en sí apenas supone el 1,5% del precio de las botellas; el 81% no se reciclan.

El actual consumo per cápita de plástico es de unos 100 kilos en América del Norte y Europa occidental, frente a los 20 kilos de Asia. Cada año se produce plástico por valor de 600,000 millones de dólares. El sector creció a una media del 8,7% entre 1950 y 2015. El 32% de los empaquetados plásticos no se recicla y después de su breve uso inicial, unos 12 minutos, se pierde el 95% de su valor material.

Un 4% de la producción mundial de petróleo se dedica a fabricar plásticos y otro 4% a suministrar la energía necesaria para su fabricación. Solo el Danubio arroja 4,2 toneladas de plástico a diario en el mar Negro.

El caso de la chatarra electrónica (e-waste) es similar. Hasta el 1 de enero de 2018, EU y la UE enviaban a China el 30% de sus desechos plásticos y electrónicos. Desde entonces, Pekín prohíbe importar 24 tipos de yang laji (basura extranjera), entre ellos ciertos metales, aparatos electrónicos, plásticos PET, PVC y polietilenos, y papel y cartón mezclados.

Hasta entonces, China importaba el 56% de los residuos plásticos del mundo. Todo ello, sumado a su propia producción, el 25% del total mundial, la inundó de basura: unas 520,000 toneladas diarias, de las que la mayoría se incineran. En su discurso en el XIX Congreso del Partido Comunista chino (PCCh), el presidente Xi Jinping anunció una “eco-civilización” subrayando que “los cielos azules, el agua limpia y los montes verdes son tan valiosos como montañas de oro y plata”.

EU enviaba a China y Hong Kong alrededor de 1,42 millones de toneladas de residuos plásticos al año y Europa, directa o indirectamente, el 87%, 1,6 millones de toneladas en 2016. Buena parte de la industria de reciclaje de chatarra electrónica se ha trasladado a Tailandia.

En junio de 2018 el gobierno de Bangkok prohibió la importación de e-waste (baterías, paneles de circuitos, alambres…) pero según un informe de The New York Times las plantas de reciclaje no han dejado de aumentar.

No es extraño. En el mundo se producen cada año unos 50 millones de toneladas de e-waste. La rentabilidad del negocio de reciclaje depende de su gran volumen, de la mano de obra barata y de mínimas regulaciones medioambientales. Extraer las pequeñas cantidades de metales preciosos (oro, plata…) de ordenadores o teléfonos es un trabajo sucio y peligroso pero muy lucrativo si se ignoran las leyes. Si los residuos no se incineran a altas temperaturas, sus metales pesados, que pueden causar cáncer, se filtran en suelos y acuíferos.

Comienza la batalla. En la UE el llamado sistema de depósito, devolución y retorno, que grava envases de vidrio, plástico y latas que no se devuelven, ha logrado que Alemania, Noruega, Dinamarca, Suecia y Finlandia hayan conseguido tasas de reciclaje de entre el 80% y el 98%.

La Comisión Europea quiere que en 2030 todas las envolturas plásticas sean biodegradables. Cinco botellas de plástico recicladas suministran suficiente fibra para fabricar una camiseta. La llamada tecnología plasma de reciclaje térmico calienta desechos hasta convertirlos en gas.

Japón, con un territorio de 377,000 kilómetros cuadrados y 127 millones de habitantes, ya no tiene donde meter su basura, lo que ha disparado su tasa de reciclaje de plástico y de e-waste al 77%, frente al 39% de 1996 o el 26% actual de la UE, según cifras del Plastic Waste Management Institute. Desde 1997, las normas japonesas de reciclaje son las más estrictas del mundo. Ese año obligó a empresas y consumidores a separar los residuos plásticos del resto. El país recicla ya el 72% de las botellas de plástico de polietileno.



Jamileth