Internacional - Población

Cerca de 250,000 civiles huyen del avance del Ejército sirio en Idlib

2019-12-30

Naciones Unidas da cuenta que en los campamentos improvisados que se instalan sobre terrenos...

Juan Carlos Sanz | El País

Jerusalén .- En medio del temporal de viento y lluvia que azota Oriente Próximo, 235,000 civiles han huido en las dos últimas semanas de la provincia rebelde de Idlib ante la ofensiva de las tropas gubernamentales sirias con apoyo de la aviación rusa. Otros 400,000 escaparon entre abril y octubre en la primera batalla contra el reducto final de la oposición, donde la mitad de sus tres millones de habitantes ya se vieron desplazados a la fuerza desde otras regiones de Siria a lo largo de casi nueve años de guerra. Para muchos de los que ahora se echan a las carreteras, es una tragedia conocida. No es la primera vez que emprenden un éxodo sin destino. Naciones Unidas da cuenta que en los campamentos improvisados que se instalan sobre terrenos encharcados cerca de la frontera con Turquía existe “urgente necesidad de alojamientos temporales, comida, medicinas, combustible y todo tipo de medios para afrontar el invierno”.

“El mal tiempo agrava la situación vulnerable de mujeres, ancianos y niños”, detalla la Oficina para la Coordinación Asuntos Humanitarios (OCHA) de la ONU. Representan precisamente el 80% de los expulsados en la última oleada de combates, que ha convertido Maaret al Numan (80,000 habitantes) en ciudad fantasma.

“La escalada de violencia del régimen y sus aliados en el noroeste de Siria debe cesar, así como los bombardeos indiscriminados contra civiles y sobre las carreteras por las que huyen”, advirtió el domingo la oficina del jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell. La Casa Blanca ya alertó el jueves de que hay que poner fin a la “carnicería” desencadena por Damasco y Moscú, en la que incluyó también a Teherán. Rusia y China, mientras tanto, han vetado una resolución del Consejo de Seguridad para enviar ayuda humanitaria desde Turquía a la población civil del norte de Siria.

El Gobierno turco aseguró que no se retirará de ninguno de sus 12 puestos militares de observación en Idlib —pactados con Rusia en el acuerdo de alto el fuego de septiembre de 2018—, a pesar de que una de esas posiciones está cercada por las tropas de Damasco. Tanto Siria como Rusia justifican su ofensiva en la erradicación de los “grupos terroristas” que dominan la provincia.

La escalada bélica ha dado un vuelco al equilibrio de fuerzas en un frente semiestancado, donde habían encontrado su última trinchera una nebulosa de grupos armados islamistas tras haber capitulado ante el Ejército en otras regiones. La milicia yihadista Tahrir al Sham (antiguo Frente al Nusra, filial siria de Al Qaeda) se hizo hace nueve meses con la hegemonía, pese al respaldo ofrecido por Turquía a otras fuerzas rebeldes islamistas y salafistas.

Las tropas sirias y sus aliados rusos han encontrado en Idlib y áreas limítrofes de las provincias de Lataquia (oeste) y Alepo (oeste) una resistencia sin precedentes. La mayoría de los 20,000 insurgentes que combaten en Idlib son veteranos curtidos en años de contienda civil.

La ONG Comité Internacional de Rescate ha dado la voz de alarma ante el rampante éxodo de población en Idlib, cuya magnitud se ha triplicado en apenas una semana. Esta organización humanitaria estima que si no se restablece de inmediato alto el fuego, más de 400,000 civiles se verán desplazados en la ofensiva en curso.

En su mayor avance militar desde hace más de tres meses, las tropas leales al presidente Bachar el Asad se han apoderado de una veintena de pueblos en el sur de la última provincia rebelde, y se hallan a las puertas de la estratégica ciudad de Maaret al Numan. Los bombardeos aéreos sirios y rusos han causado la muerte de un centenar de civiles, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, ONG que cuenta con informadores sobre el terreno.

Turquía —que ya acoge a 3,7 millones de refugiados sirios— teme una nueva oleada de desplazados desde Idlib, y el presidente El Asad ha prometido reconquistar a cualquier precio el bastión rebelde. El rumbo de colisión de sus intereses enfrentados parece ahora imparable.

El acuerdo que los presidentes Vladímir Putin y Recep Tayyip Erdogan sellaron en Sochi el año pasado para contener la tensión en Idlib salta en pedazos con cada ofensiva. El presidente turco ha enviado emisarios al Kremlin para intentar reinstaurar el alto el fuego. “Estamos asistiendo en Idlib a una crisis de desplazados civiles que se superpone a otra crisis de desplazados anterior”, concluye pesimista el portavoz de la OCHA, David Swanson. Las hostilidades prosiguen sin cesar, a pesar del coro de advertencias internacionales y de las desgarradoras imágenes que llegan de un éxodo sin fin en Siria.



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