Panorama Norteamericano

2020 y el carbón de Trump

2019-12-30

Las primarias demócratas favorecen un progresismo de izquierdas rechazado por una amplia...

Francisco G. Basterra, El País

Las predicciones, sobre todo si son sobre el futuro, son difíciles, como nos advirtió un premio Nobel de Física danés, por lo que me limitaré en esta última columna del año a sugerir donde poner la mirada en 2020, para conjeturar si el indeciso equilibrio geoestratégico actual se mantendrá o será superado. La llave de los doce próximos meses la tiene la ciudadanía de Estados Unidos cuando el 3 de noviembre decida si tendremos Trump2, o si su caótica presidencia y su extravagante proceder han sido un incidente pasajero de solo cuatro años, dañino pero reparable.

Pero como ya el mundo unipolar es pasado, la atención recaerá sin duda en la gigante presencia de China, que con falsa modestia anuncia que en 2020 alcanzará por fin una “moderada prosperidad”. Y en el reto que supone su poder comercial, económico, militar, y también tecnológico, para la superpotencia de Estados Unidos replegada en sí misma, y para Europa. Cuando el orden liberal democrático y la economía capitalista no son necesariamente el faro indiscutible y el ejemplo a seguir frente al sistema chino de capitalismo de Estado y partido único. Xi Jinping y China tienen a su favor la paciencia estratégica de la que carece EE UU.

Atentos también a Europa, emparedada entre las esferas de influencia de EE UU y China, que pierde al Reino Unido y estrena nuevos dirigentes decididos a lograr el peso geoestratégico que su población y su PIB debieran procurarle. Atentos al final de la era Merkel en Alemania y en el peligro para su economía exportadora, sobre todo la industria automovilística, por el castigo arancelario que baraja Trump. Macron intenta convertirse en portavoz de una Europa con política internacional y de defensa única, capaz de integrar a Rusia en la arquitectura de seguridad europea.

Una mala elección, si consideramos la de 2016 en EE UU como tal, solo puede salvarse en 2020 por una buena elección, una vez que la destitución de Trump por el Senado resulta igual de inverosímil que la aparición próxima de seres humanos más allá de nuestra galaxia. Nancy Pelosi, la líder de la Cámara de Representantes, responsable del impeachment del presidente, advirtió de que este debiera ser bipartidista, basado en acusaciones indubitables de peso que conmocionen por su gravedad a una mayoría clara de la opinión pública. Condiciones que el Ucraniagate no reúne. Su previsible fracaso en enero se volverá contra los demócratas, reforzando las posibilidades de reelección de Trump.

Las primarias demócratas favorecen un progresismo de izquierdas rechazado por una amplia mayoría del país: el “socialismo de los que odian a EE UU”, según Trump. Las críticas contra una presidencia enfebrecida y un presidente que se relame de sus mentiras, le resbalan y no llegan a su base electoral. ¿Por qué es verosímil la reelección de Trump? Porque el 76% de la ciudadanía estima que la economía va bien, frente al 48% que lo creía cuando fue elegido en 2016. Son minoritarios los que creen que lentamente, pero inexorablemente, medio país está aceptando lo inaceptable. El próximo otoño puede traernos el carbón de Trump2. Atentos.


 



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