Del Dicho al Hecho

Juego de espejos

2020-01-02

Distraer se ha convertido en un arte gubernamental; del púlpito presidencial a los espacios...

Por Morelos Canseco Gómez | Revista Siempre

Salvo en la inocencia de las personas de menor edad, sabemos que los juegos de magia, los trucos de los magos, están basados en un engaño no descubierto y el engaño está sustentado en lo que no ve el espectador, en la distracción a la cual están sujetos sus sentidos para no percibir lo que en realidad ocurrió o lo que –de eso se trata– deliberadamente quiso ocultarse. La magia es práctica de la distracción y el engaño con ánimo de asombrar y divertir.

Distraer es un arte para alcanzar otro objetivo. La máxima latina divide et impera se ajusta y transforma con una variante: distrae y avanza. El ejercicio de comunicación social casi cotidiano al que recurre el Ejecutivo Federal para impulsar los temas y asuntos de su interés en la atención y la discusión nacional ha resultado ser no tanto un vehículo de información y transparencia sobre la gestión gubernamental, sino un instrumento para focalizar posiciones, estigmatizar personas, instruir políticas y generar la distracción necesaria.

Distraer se ha convertido en un arte gubernamental; del púlpito presidencial a los espacios de resonancia pública y a la conversación en los medios y en las redes sociales. Muchas veces por inspiración propia para alejar la mirada de lo que no se desea que otros vean por el demérito que implicaría el juicio sobre lo actuado, y otras por vocación para recurrir a lo que sucede en otros ámbitos y lugares por su potencial para que la observación crítica o potencialmente crítica se pose en esos hechos y esas actuaciones.

En un escenario general de inseguridad al alza y ausencia de una estrategia que despierte la confianza de la sociedad y, aún más, de resultados apreciables en la mayoría de las comunidades del país; así como de incertidumbre económica por las decisiones adoptadas desde Palacio Nacional, que no se atempera con las reuniones celebradas con las cúpulas empresariales y tan solo tomó una bocanada de aire con la firma del Protocolo modificatorio del Tratado México-EU-Canadá en materia de comercio e inversiones, desde la presidencia y sus partidarios se recurre al juego de espejos para distraer a la opinión pública.

Se distrae ahora, en el ciclo final del año, con asuntos que naturalmente tienden al diluirse por la temporada, pero que retornarán, y se siembra la distracción del próximo semestre.

Ahora, el aprovechamiento del expediente de los agregados laborales en el anexo con los Estados Unidos de América sobre trabajo del T-MEC, que evita la atención a lo acordado en el tratado y su significado, enriquecido por el giro que le obsequió la detención del ex secretario Genaro García Luna en ese país; y la recriminación a los gobernadores por no plegarse al deseo presidencial de simular trabajo y capacidad basado en reuniones matutinas con los responsables locales de las funciones operativas de seguridad.

Y en el futuro próximo, el falso debate sobre la libertad de creencias con una iniciativa contraria al Estado laico y el principio de la separación histórica entre el Estado y las iglesias, con la iniciativa de la senadora Soledad Luévano (Morena).

En el T-MEC, luego de las deficientes exposiciones del sobrevaluado subsecretario Jesús Seade ante las comisiones del Senado para exponer el contenido y los alcances del Protocolo modificatorio, se detonó el expediente de la eventual injerencia de los EU en el cumplimiento de la legislación laboral de nuestro país por medio del desempeño de cinco agregados laborales. Más allá de la figura, el punto menor son sus funciones, muy acotables en el ámbito interno y hacia nuestro vecino; las cuestiones mayores son la firma del Protocolo y, sobre todo, el cambio de principio en la relación económico-comercial con el principal destino de nuestras exportaciones.

No que existiera margen de maniobra ante el deterioro sensible de la relación con el gobierno estadounidense a raíz de la elección de Donald Trump, pero no se sostuvo lo suscrito por el presidente Enrique Peña Nieto el 30 de noviembre de 2018 en Buenos Aires, con la cabal y definitiva participación de Seade –según su propia inferencia ante las comisiones del Senado–. La negociación se abrió. Y lo que no se expresa: se ha abandonado la concepción de la política del comercio libre en la región para promover el bienestar trilateral, pero mayormente de México en aras de promover su desarrollo y combatir de raíz la migración indocumentada.

Se perdió el interés compartido por el bienestar mutuo entre las partes. Las cuentas de Trump son de corto plazo y sin el compromiso de solidaridad regional logrado en 1994. No es sólo otro tratado, sino un tratado regido por otro principio: el simple interés estadounidense en su base electoral de corto plazo; de ahí la convergencia del bipartidismo estadounidense y el plazo del instrumento, así como la revisión periódica.

Si el secretario de Educación Pública no se reúne con sus colaboradores a las seis de la mañana de cada jornada del calendario educativo, ¿estará en riesgo el funcionamiento de las escuelas públicas del país? Estoy seguro que no. Tomo el simil para ubicar la reclamación presidencial a los ejecutivos locales por no asistir cotidianamente a las reuniones de trabajo de los responsables operativos de las tareas de seguridad pública en sus entidades federativas.

Se entroniza la simulación: la seguridad mejorará por la presencia del Ejecutivo Federal en la reunión cotidiana del gabinete de seguridad. Sin embargo, no hay evidencia de ello. Se envuelve el deseo real y la falta de estrategia en la capa del voluntarismo que, con efectos de imagen, permea “mucho trabajo”.

Dos premisas para contextualizar: la integración –por facultades y responsabilidades– de ese gabinete no es repetible en las entidades federativas; y el análisis y definición de la estrategia y su evaluación no obedecen al dinamismo de lo cotidiano. Se confunde la operación con la dirección y el seguimiento con la estrategia. La calidad de las reuniones depende del insumo, el cual sólo agregado y analizado es útil para la toma de decisiones estratégicas. La diferencia no está en las horas de reunión, sino en la calidad de la información y la pertinencia y contundencia de las decisiones.

Nuevamente, la cuestión es distraer con el debate ficticio: ¿mejoraría la seguridad con el ejecutivo local en reuniones matutinas con los mandos operativos federales en la materia? No lo sé; quizás sólo si el ejecutivo se ha especializado en el tema. Por definición, la concepción de lo general que requiere el desempeño del cargo los aparta de esa vertiente. Lo que el afán distractor desea es repartir culpas; no es responsable el voluntarioso sin resultados, sino quien no simula.

Y el platillo para el próximo semestre: discutir lo que está resuelto. Aunque desde la conferencia matutina se diga que no se coincide con la propuesta, el hecho es dejar correr el tema. Donde todo se controla, ¿es creíble que esta cuestión vaya a plantearse sin anuencia?

Es el juego de espejos; que se plantee, que se discuta, que haya deslindes, que se expresen las opiniones, que se polarizan las posturas y que se distraiga la opinión pública. Mover la atención por los reflejos. Distraer para avanzar en los objetivos propios.


 



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