Reportajes

Las cafeterías en Arabia Saudita reflejan los cambios de la sociedad

2020-01-23

Algunas mujeres cuyas familias anteriormente les permitían trabajar en la privacidad de una...

 

Por Vivian Yee, The New York Times

El gobierno ha flexibilizado las restricciones sobre el trabajo y las estrictas normas de socialización entre hombres y mujeres. Baristas de ambos sexos trabajan juntos y las comensales se quitan las abayas.

Para entender estos tiempos de cambio en Arabia Saudita, donde los códigos sociales y las reglas religiosas ultraconservadoras que determinan la vida cotidiana parecen sufrir una nueva alteración cada mes (¡Mujeres al volante! ¡Cines! ¡Usher y Akon en conciertos de rap que agotaron sus entradas!), a veces es bueno leer las reseñas de Google Maps que hablan de las cafeterías gourmet.

Hace poco, Tarak Alhamood, cliente de Nabt Fenjan, una cafetería en Riad, se expresó de manera iracunda en línea: “¡Visité este lugar y quedé absolutamente impactado! ESTÁN VIOLANDO las leyes de este país. Espero que clausuren este lugar de forma permanente”.

La culpa no fue del matcha helado ni de los flat whites (que otros reseñistas calificaron de buenos), o de las opciones sin leche (muy bien valoradas), del pastel de chocolate (que no te puedes perder) ni de los precios (menos populares).

El problema fue la decisión que convirtió a la cafetería Nabt Fenjan en un puesto de avanzada de la nueva Riad: originalmente era un local exclusivo para mujeres y solo a fines de 2018 comenzó a permitir la entrada de clientes de ambos sexos.

La acción provocó que la cafetería se adelantara a la ley del reino, donde la mayoría de los restaurantes y cafeterías están divididas, por ley y por costumbre, en secciones para hombres “solteros” y secciones “familiares” para mujeres y grupos familiares mixtos. Los hombres siempre entran por puertas separadas y pagan en cajas distintas; en ocasiones las mujeres comen detrás de unos muros de separación para garantizar su privacidad ante los varones desconocidos.

No obstante, a principios de diciembre de 2019, el gobierno anunció que ya no se solicitaría a los establecimientos segregar a los clientes, lo cual es la extensión más reciente de las reformas sociales iniciadas por el dirigente saudí de facto, el príncipe heredero Mohamed bin Salmán.

Aun así, Nabt Fenjan estaba lejos de ser el único negocio saudí que eliminó discretamente las secciones de separación a lo largo de los últimos años, después de que el príncipe heredero desautorizó a la policía religiosa que alguna vez se encargó de hacer cumplir las normas sociales conservadoras. Este tampoco fue el único lugar que prosperó como consecuencia de eso.

“Creo que la razón por la que las cafeterías se pusieron de moda es porque las personas están más abiertas al cambio”, comentó Shaden Alkhalifah, de 30 años, quien en una tarde reciente se encontraba estudiando en el Draft Café en Riad.

“Esto está relacionado con el dialogo político actual”, añadió. (Y, quizá, con todos los sauditas que han estudiado en el extranjero en ciudades con fetiches por los granos de café de un solo origen).

A pesar de la reseña de Alhamood en Google sobre la cafetería Nabt Fenjan, incluso las personas tradicionalistas han comenzado a relajarse, en medio de los cambios generales, en ciudades más grandes, aunque aún no sucede en las más pequeñas o en las zonas rurales.

Algunas mujeres cuyas familias anteriormente les permitían trabajar en la privacidad de una oficina, ahora trabajan como baristas. En los últimos tiempos, los sauditas pueden mezclarse con el sexo opuesto no solo en casa, sino también en el cine, los conciertos e incluso en funciones de lucha libre. Los jóvenes emprendedores están abriendo establecimientos donde los sauditas pueden conocer a personas de mente abierta de ambos sexos, ya sean artistas, cineastas o emprendedores.

La mayoría de las cafeterías siguen segregando a los clientes con base en el género, pero muchas tienen otros atractivos: máquinas japonesas para procesar los granos, tartas susceptibles de publicarse en Instagram y buenas vibras, que son menos tangibles pero obligatorias.

Prácticamente ninguna ofrece el dorado café árabe con cardamomo que se le sirve a los invitados desde un recipiente curvo en tacitas diminutas con un montón de acompañantes, que era lo que definía tradicionalmente a la cultura saudita del café.

En vez de eso, en Draft, que sigue separando a los hombres solteros y a las “familias”, hay ensaladas de quinua y mesas de madera clara iluminadas con focos de estilo industrial. El Medd Café en Yeda, la ciudad del Mar Rojo donde los códigos sociales se han relajado más que en cualquier otro lugar, tuesta los granos de café orgánico que consiguen a través del comercio justo.

Durante una reciente noche de viernes en el Café Medd , el patio exterior estaba lleno de hombres y mujeres jóvenes. Muchas de las mujeres llevaban el cabello descubierto y sus abayas abiertas sobre pantalones de mezclilla y tenis, vistiéndolas como si fuesen chaquetas largas y ligeras y no las túnicas tradicionales que cubren todo el cuerpo.

Aún así, Riad es más tradicional que Yeda. Fue solo después de un gran debate interno que Kanakah, una cafetería de Riad que pasó tres años siendo orgullosamente solo para mujeres, fue reinaugurada el año pasado como un espacio mixto. Los clientes entraron por la misma puerta, se formaron en la misma fila e hicieron sus pedidos a baristas hombres y mujeres.

La propietaria Khawater, Alismaeel, notó que los hombres y las mujeres trabajaban juntos públicamente en otros negocios. Así que pensó que, si no estaba prohibido explícitamente, también podría intentarlo.

“Quería demostrar que podía hacer todo por mi cuenta con un personal completamente femenino”, dijo Alismaeel, de 23 años, quien inauguró Kanakah a los 19 con ayuda de su familia. “Ahora estamos demostrando que es posible que hombres y mujeres trabajen juntos”.

El cambio desalentó a algunas clientas que preferían el modelo anterior. Otras se escandalizaron convencidas de que la cafetería se había convertido en lo que un reseñista describió como “un centro de citas para hombres y mujeres”.

Alismaeel afirmó que la reacción la hizo sentir mal.

No obstante, a ella le importaba lograr una visión más inclusiva y amplia: no solo que las mujeres trabajen junto a los hombres, sino que también haya mujeres que lleven el nicab, el velo que solo tiene los ojos descubiertos, junto a mujeres que lleven la cabeza descubierta.

Los cambios se han desplegado con una rapidez tal que, al cabo de cuatro meses, seguía sin tener certeza de si las normas le prohibían contratar baristas de ambos sexos. Un inspector de salud municipal visitó la cafetería después de que un cliente se quejó de la situación, pero los dejó en paz.

“Me siento afortunada de ser parte de esta generación”, dijo. “Hace apenas cinco años, esto no habría sido posible”.

Aún existen posibilidades de que suceda lo contrario. Tala Alzaid, de 19 años, barista de Kanakah, solía trabajar con un personal completamente femenino en otra cafetería (“todo el asunto de que la-mujer-se-queda-en-casa es un asunto del año pasado”, dijo), pero en agosto hubo despidos masivos de mujeres después de que un cliente se quejó con el gobierno.

“Es decir, ¡igualdad de derechos! ¿Por qué me despiden si no hice nada malo?”, afirmó. “Cuando se trata del gobierno, hay equidad, pero en la mente de los ciudadanos tal vez no ocurra lo mismo”.

Con el apoyo de su familia, Alzaid ha aceptado trabajar con hombres porque “de otro modo es aburrido”, concluyó. “La generación más joven acepta el cambio. El problema son las personas mayores”.



regina


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