Reportajes

La vida en el crucero en cuarentena por el coronavirus: “Las salidas a cubierta son todo un lujo”

2020-02-11

Desde entonces, ya han surgido 135 casos del barco, el mayor foco fuera de China.

Por PALOMA ALMOGUERA | El País

Singapur 11 FEB 2020 - 17:10 CST Lo que prometía ser una placentera celebración de su noveno aniversario de boda ha derivado en una angustiosa prueba de fe y paciencia para Enrique (nombre ficticio) y su familia. “Creemos que no estamos infectados, pero todavía tenemos ese miedo. Ayer me tomé la temperatura siete veces en una hora”, asegura por teléfono el hombre, de origen latinoamericano, en el que es ya su séptimo día de cuarentena dentro del buque Diamond Princess. Con 3,700 ocupantes a bordo, entre pasajeros y tripulación, el crucero quedó amarrado en el puerto japonés de Yokohama el 5 de febrero, cuatro días después de que se le diagnosticara la enfermedad Covid-19 (provocada por el coronavirus 2019-nCov) a un viajero apeado en Hong Kong.

Desde entonces, ya han surgido 135 casos del barco, el mayor foco fuera de China. Solo este lunes, el Ministerio de Salud nipón confirmó 66 nuevos contagiados, doblando la cantidad anterior y disparando la psicosis dentro de la embarcación. “Ayer tuve un momento bajo, pero luego volví a reponerme. Tengo que estar fuerte por mi familia”, asegura Enrique. El hombre, de 43 años y residente en Hong Kong, embarcó en el Diamond Princess junto a su mujer, de origen hongkonés, su hijo de seis años, sus suegros y unos tíos de su esposa durante las vacaciones de Año Nuevo chino. “Es la primera vez que vamos de crucero”, dice, pero evita maldecir su suerte. Quizás porque, de momento, se considera en parte afortunado.

La familia forma parte de los 439 ocupantes del barco a quienes se les ha hecho la prueba del coronavirus, según los últimos datos del Ministerio de Salud japonés. “Nos examinaron el pasado martes por la noche. No nos han dado los resultados, pero solo se han comunicado con los que dieron positivo”, apunta esperanzado Enrique. Se la realizaron porque se sentía acatarrado, cumpliendo uno de los criterios que las autoridades japonesas aplicaron inicialmente para decidir quién debía ser evaluado: haber estado en contacto con el primer pasajero contagiado o manifestar síntomas potenciales.

Pero, a medida que el número de infectados aumenta, la fórmula pierde eficacia. Japón ha asegurado que considera examinar a todos los ocupantes del barco antes de que acaben las dos semanas de cuarentena, el próximo 19 de febrero. Si es que termina entonces. La cuarentena podría ampliarse excepcionalmente para aquellos que hayan estado en contacto con los últimos casos positivos, como ha señalado la Organización Mundial de la Salud.

Una posibilidad que deja a los pasajeros del Diamond Princess,  que provienen de 35 países distintos, haciendo cábalas imposibles, pues solo son informados de la nacionalidad de los contagiados. “Creo que no hemos tenido contacto… No sé quiénes son, solo conozco a cuatro o cinco de los contagiados. Hay tantos pasajeros que no sabemos. Sabemos su nacionalidad, pero no su identidad ni en qué parte del barco estaban”, añade Enrique.

Entre los últimos contagiados hay 45 japoneses, 11 estadounidenses, 4 australianos, 3 filipinos, un canadiense, un inglés y un ucraniano. La mujer de Enrique se pone brevemente al teléfono: “Hay tanta incertidumbre… No saber si has estado cerca de una persona infectada es lo más duro. Lo peor es desconocer si es así y no saber si puedes contagiar a tu familia”.

La gestión del Diamond Princess por parte de Japón no está exenta de críticas: pensada en principio para frenar más transmisiones en Japón (donde hay 15 casos de coronavirus, sin contar los del barco), expertos alertan del riesgo de contagio que ha supuesto la cuarentena para los ocupantes, en especial para los cerca de 1,000 miembros de la tripulación. A diferencia de los pasajeros, que han quedado confinados en sus camarotes –salvo controladas salidas a cubierta–, los trabajadores duermen en grupo, comen en espacios comunes y siguen realizando sus actividades diarias. “Muy pronto estaremos todos contagiados”, ha publicado uno de ellos, Binay Kumar Sarkar, de nacionalidad india, en su cuenta de Facebook.

Enrique coincide: “A mí me da más miedo por los que trabajan en el barco”. Los empleados del barco continúan llevándoles diligentemente la comida a diario, además de juguetes para su hijo, charlando con ellos un rato a través de la puerta. Es una de sus distracciones, junto a las salidas a cubierta de una hora cada dos días, con mascarilla y por turnos. Cada planta sale a una hora, no les aconsejan acercarse a menos de dos metros a otros pasajeros y tienen que lavarse las manos antes y después de abandonar el camarote. Las salidas son “todo un lujo”, explica Enrique, que intenta aprovechar al máximo pues su habitación no tiene ventanas, frente a las más lujosas que cuentan con balcón. Son también una ocasión para comprobar el ánimo de sus compañeros de encierro. “Hay de todo… Los hay que están más tranquilos, otros sienten más pánico”. La imagen de decenas de ambulancias apostadas en el puerto para atender y trasladar a los afectados a hospitales no ayuda a calmar los ánimos. “Hoy todavía no han desalojado a todos los nuevos casos, estamos esperando a que lo hagan para salir a navegar hasta mañana”, indica Enrique.



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