Espectáculos

Políticos brasileños evitan Carnaval al ser blanco de críticas

2020-02-25

El sambódromo de Río se inauguró en 1984, en un momento en que la dictadura...

Por ANNA JEAN KAISER | AP

RÍO DE JANEIRO (AP) — En la celebración anual del Carnaval de Río de Janeiro, el comediante y compositor Marcelo Adnet se paró el lunes sobre una carroza alegórica de la escuela de samba Sao Clemente vestido con un traje de lentejuelas e imitó al presidente de Brasil.

Arremedó el típico gesto de hacer una pistola con la mano de Jair Bolsonaro mientras lo rodeaban bailarines con pancartas en las que se burlaban de algunas de las declaraciones del presidente, como su acusación de que el actor y activista Leonardo DiCaprio fue responsable de los incendios de la Amazonía en 2019.

La noche previa, la escuela de samba Mangueira también se lanzó contra Bolsonaro por estar a favor de suavizar las leyes de posesión de armas de fuego. “No hay mesías con una pistola en sus manos”, era parte de la letra de su canción de samba en referencia al segundo nombre de Bolsonaro, Messias.

Pero Bolsonaro estuvo ausente en la fiesta más famosa del país. En su lugar, publicó videos de él en la playa y compartió en redes sociales algunos de los pocos tributos que los asistentes al carnaval hacían sobre él.

De forma similar, otros políticos desaprovecharon una vez más la oportunidad de ver y ser vistos en el desfile de Río, lo que puso fin a una tradición de décadas tanto de políticos de derecha como de izquierda.

A pesar de que el desfile del Carnaval alguna vez fue una oportunidad para que los políticos brasileños disfrutaran de la gloria compartida de la celebración, hoy en día con frecuencia se encuentran al centro de las críticas de las escuelas de samba y, por lo tanto, evitan el espectáculo cultural más grande de Brasil.

El sambódromo de Río se inauguró en 1984, en un momento en que la dictadura militar de Brasil se acercaba a su fin. Al principio, los políticos locales eran los únicos que asistían.

Pero todo cambió en 1994, cuando el presidente Itamar Franco, quien había heredado la presidencia tras la destitución de Fernando Collor de Mello, decidió ir al sambódromo para agregar un toque popular a su callada persona. Durante los desfiles, fue fotografiado de la mano de otra participante.

Al ejército no le gustaron las imágenes de esa noche porque la joven junto a Franco no traía ropa interior, algo que consideraron indigno de un presidente. Sin embargo, los políticos rápidamente cayeron en la cuenta de que Franco se volvió más popular gracias al Carnaval.

Sus sucesores _ Fernando Henrique Cardoso, Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rouseff _ asistieron al desfile, ya fuera en el puesto o durante las campañas electorales, y también lo hicieron sus oponentes.

“Los políticos tienen un poco de miedo de las personas”, dijo a la prensa en el sambódromo Carlos Lupi, presidente del Partido Democrático Laborista de Brasil.

Lupi ha asistido a todos los desfiles durante casi dos décadas y sale a escenario con muchas escuelas de samba. Dijo que desde la investigación por corrupción Lava Jato, que ha atrapado a decenas de la élite gubernamental y empresarial, ha visto a menos políticos en los eventos del Carnaval.

“La gente ya no quiere tomarse fotos con los políticos”, dijo Lupi.

La última carroza alegórica de la escuela Sao Clemente la noche del lunes se llamó “la fábrica de las noticias falsas” y la dirigía una enorme marioneta de Pinocho con una gran pantalla de celular con mensajes de WhatsApp falsos que han pasado por redes sociales de la extrema derecha.

“¡Brasil publicó, se volvió viral y ni siquiera vio! Y todo el país bailó la samba, cayó víctima de las noticias falsas”, decía parte de la letra de la melodía de la escuela.



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