Internacional - Política

Michael Bloomberg coloca sus fichas en Joe Biden después de apostar contra él

2020-03-04

El miércoles por la mañana, aún con el recuento sin concluir del todo,...

Pablo Guimón | El País

Washington.- Apostó más de 500 millones de dólares de su bolsillo. Se saltaría las cuatro primeras manos y entraría directamente en el Supermartes, donde el bote, de 1.357 delegados, era de verdad importante. Descubiertas las cartas la noche del martes, el multimillonario Michael Bloomberg perdió. El miércoles por la mañana, aún con el recuento sin concluir del todo, Bloomberg anunciaba que abandona la carrera y apoyaba a Joe Biden. Precisamente al candidato de cuyo fracaso dependía su osada carrera, pero que ahora, aupado por un muy buen resultado el martes, es considerado por Bloomberg como el más viable para lograr su objetivo: desalojar de la Casa Blanca a Donald Trump, el otro magnate neoyorquino con el que ha construido una rivalidad que, en estos tres meses de campaña, se ha transformado en una enemistad muy personal.

Bloomberg tomó la decisión de abandonar tras reunirse con su equipo de más estrechos asesores, a primera hora de la mañana, en el edificio del Upper East Side de Manhattan que sirve de cuartel general a su imperio político y filantrópico. Continuar en la carrera, le venían recordando las voces moderadas del partido, solo beneficiaría al candidato izquierdista Bernie Sanders, cuya agenda anti millonarios constituye una amenaza al propio Bloomberg. Antes de anunciar públicamente la decisión, el magnate llamó por teléfono a Biden.

“Hace tres meses, entraba en la carrera para derrotar a Donald Trump. Hoy, abandono por la misma razón. Derrotar a Donald Trump empieza por unirse detrás del candidato con más opciones para hacerlo. Está claro que ese es mi amigo y gran estadounidense Joe Biden”, tuiteaba poco después Bloomberg.

“No puedo agradecerte suficientemente tu apoyo, y tu incansable trabajo en todo lo que va de la reforma de la seguridad de las armas de fuego al cambio climático. Esta carrera es más grande que los candidatos y más grande que la política. Se trata de derrotar a Donald Trump y, con tu ayuda, lo vamos a hacer”, le respondía a la media hora Biden.

Bloomberg, que fue elegido dos veces alcalde de Nueva York como republicano y una más como independiente, se convirtió después en uno de los mayores financiadores del Partido Demócrata. El magnate de la información económica sopesa ahora sus planes para desembolsar otra potente inyección financiera, a costa de los más de 60,000 millones de dólares de su fortuna, para apoyar al ya único candidato centrista.

Paradójicamente, la apuesta de Bloomberg se basaba desde el principio en un fracaso del candidato al que ahora respalda, y con el que mantiene una buena relación desde hace años. De las ambiciones presidenciales de Bloomberg se empezó a hablar con mucha fuerza cuando arrojó sus millones a la arena en las legislativas de noviembre de 2018, convirtiéndose en uno de los principales financiadores de la campaña que llevó a los demócratas a recuperar la mayoría en la Cámara de Representantes. Pero la presencia en la carrera de Biden, un candidato que inicialmente consideraba fuerte, fue uno de los motivos por los que el exalcalde decidió inicialmente no presentar su propia candidatura a las presidenciales.

Entonces Biden empezó a flaquear. Su candidatura se llenó de dudas y Bloomberg, animado por sondeos privados, cambió de opinión a ultimísima hora. En noviembre del año pasado presentó su candidatura o, según sus críticos, su oferta sin límite de gasto para comprar la nominación demócrata. Se permitió la excentricidad de saltarse las cuatro primeras citas, en Estados de escaso peso, donde prima el contacto con el votante y el debate sobre políticas concretas, para centrarse en el Supermartes. Gastó 500 millones de dólares solo en publicidad. Construyó una poderosa red con más de 200 oficinas por todo el país. Contrató al mejor talento a golpe de talonario. Y por un momento, catapultado al tercer lugar en los sondeos sin que su nombre hubiera siquiera figurado en una papeleta, pareció que quizás la inversión podía dar frutos.

Pero su quimérica apuesta se estrelló apenas entrar en contacto con la realidad. Primero, en los debates con los demás candidatos, donde fracasó sobre todo, y de manera estrepitosa, en el de Las Vegas. Después, en su primera cita con las urnas este martes. La novena persona más rica del mundo apenas se hizo con una exótica victoria en la Samoa Americana, territorio no incorporado de Estados Unidos, en el Pacífico Sur, y tampoco logró un número importante de delegados. Tristes réditos de una inversión desorbitada, eclipsada por el empuje de un Biden que aglutinaba el voto centrista.

El presidente Trump, que ha intercambiado con Bloomberg una poco edificante retahíla de insultos en Twitter en las últimas semanas, no desaprovechó la ocasión para ridiculizar al candidato, a quien se refiere últimamente como “mini Mike”, mofándose de su baja estatura. “El mayor perdedor de esta noche, de lejos, es mini Mike Bloomberg. Sus consultores políticos le han estafado. 700 millones de dólares tirados por el desagüe, y no ha sacado nada más que el apodo de Mini Mike, y la completa destrucción de su reputación. ¡Bien hecho, Mike!”, tuiteó.

Pero, aunque uno de ellos ha abandonado la primera línea, la lucha entre los millonarios no ha terminado. “Sigo teniendo claro mi objetivo primordial: la victoria en noviembre”, dijo Bloomberg en un comunicado. “Y aunque no seré el nominado, no huiré de la lucha política más importante de mi vida”.



Jamileth