Tras Bambalinas

El número de muertos aumenta y los gobiernos buscan culpables por el coronavirus

2020-03-09

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Por Vivian Wang, The New York Times

El presidente de la Organización Mundial de la Salud dijo que “no era momento de excusas”, pero algunos países han estado ocupados en repartir culpas.

Un funcionario iraní aseguró sin ninguna evidencia que la epidemia podía ser un arma biológica de Estados Unidos, después de que unos funcionarios estadounidenses dijeron lo mismo sobre China. Arabia Saudita señaló que sus casos eran culpa de Irán. Corea del Sur arremetió contra Japón por las restricciones a los viajes y respondió de la misma manera.

En una época de crisis global, cuando el nuevo coronavirus ha infectado a más de 100,000 personas, ha cobrado más de 3400 vidas y casi ha cerrado industrias enteras, los científicos y los funcionarios de salud pública del mundo están trabajando juntos a través de fronteras nacionales e ideológicas para detener la epidemia.

Sin embargo, a medida que el virus sigue propagándose con rapidez, los líderes políticos de muchos países parecen haber aprovechado una pregunta diferente: ¿de quién fue la culpa?

“Los brotes suceden en el contexto del mundo real, así que por supuesto que siempre hay cierto nivel de política en juego”, dijo Keiji Fukuda, un exasistente del director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Pero creo que estamos viendo un nivel más alto del juego de echar la culpa del que hayamos visto antes”.

Las acusaciones dentro de los países y entre ellos a menudo son justificadas: es verdad que ha habido cuarentenas fallidas, capacitación y equipo inadecuados, así como intentos por negar la crisis.

No obstante, según los expertos, incluso cuando son justificadas, las críticas pueden entorpecer los esfuerzos de colaboración para enfrentar la emergencia. Los expertos señalaron que los problemas urgentes deben ventilarse de una manera que no amenace la cooperación y se deben hacer a un lado los que puedan esperar.

El descontento público con los líderes mundiales se ha propagado casi tan rápido como el virus, el cual ha llegado a más de 80 países. Además, cuando esos líderes buscan un culpable en cualquier otro lado, tienden a apuntar con el dedo en las direcciones más predecibles, aprovechándose de viejas hostilidades.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intentó desviar las críticas en contra de la respuesta de su gobierno achacando las deficiencias en las pruebas del gobierno de su antecesor, Barack Obama.

Trump —cuyos críticos han hecho notar sus recortes a los programas de salud y sus pronunciamientos optimistas pero poco realistas sobre la nueva enfermedad— tuvo un extraño momento de avenencia con el presidente de Irán, Hasán Rohaní. Los dos hombres aseguraron que sus enemigos tenían el cinismo de atizar el temor por el virus.

En un inicio, el gobierno de Irán insistió en que todo estaba bien, pero ahora admite que hay miles de infecciones, y hay brotes en varios países que se han rastreado hasta la gente que regresó de Irán. No obstante, la reacción más virulenta provino de su adversario regional, Arabia Saudita, país que prohíbe los viajes de sus ciudadanos a Irán.

En un comunicado divulgado mediante la Agencia de Prensa de Arabia Saudita, el gobierno acusó a Irán de haber sido imprudente al permitir que se propagara la enfermedad. El gobierno saudita mencionó que cinco nacionales de su país habían visitado Irán, con ayuda de funcionarios iraníes que no sellaron sus pasaportes, y luego habían regresado al reino infectados con el virus.

Hace poco en Japón, más de un millón de publicaciones de Twitter exigieron la renuncia del primer ministro Shinzo Abe por su manejo del brote. Las primeras semanas del brote, el mandatario en esencia fue invisible y la laxitud del gobierno para enfrentar al brote a bordo de un crucero permitió su propagación.

El 5 de marzo, Abe impuso una cuarentena de catorce días a todos los visitantes de Corea del Sur y China. Más de 90 países han restringido los viajes desde Corea del Sur, país con el segundo brote más grande después de China, pero la maniobra de Japón, el némesis histórico de Corea, fue la que tocó las fibras sensibles.

El 6 de marzo, el gobierno de Corea del Sur dijo que las medidas eran “excesivas e irracionales”, sugirió que Tokio tenía “otros motivos además de la contención del brote” y señaló que a cambio iba a restringir a los visitantes japoneses.

“No podemos entender la decisión de Japón de tomar una medida injusta sin consultarnos con antelación”, mencionó en un comunicado el Consejo de Seguridad Nacional presidencial de Corea del Sur.

En el Reino Unido, los políticos de oposición rápidamente han hecho notar que una década de austeridad con gobiernos conservadores ha drenado los recursos del sistema de atención médica, lo cual ha dejado desprevenido al país frente a una epidemia.

Fukuda, quien ahora dirige la escuela de salud pública de la Universidad de Hong Kong, señaló que la furia generalizada en Hong Kong por la negativa del gobierno a prohibir las llegadas de China continental se sumó a los meses de protestas en contra del gobierno por su cercanía con Pekín.

Según los expertos, al enfrentar un virus veloz y desconocido, es inevitable que hasta los mejores gobiernos queden desprevenidos y cometan errores.

“No deberíamos asociar el aumento en los números con un gobierno fallido”, comentó Devi Sridhar, profesor de Salud Pública Mundial en la Universidad de Edimburgo. “Deberíamos darnos cuenta de que los gobiernos podrían estar haciendo su máximo esfuerzo y aun así encontrar dificultades para contener el virus”.

Al inicio, en China —donde surgió el virus en la ciudad de Wuhan—, las autoridades reaccionaron de manera lenta e incluso negaron que hubiera un problema y castigaron a quienes intentaron alertar del nuevo brote. Desde entonces, el gobierno ha respondido con agresividad: ha intentado detener la propagación del virus con cuarentenas en áreas con más de 50 millones de personas. Esa estrategia le ganó elogios internacionales y ahora el país ha estado promocionando su plan como un modelo para el resto del mundo.

El 5 de marzo, en su reproche público más fuerte hasta la fecha, el presidente de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, expresó su frustración con los gobiernos que, según él, no han tomado el virus con la seriedad necesaria.

“No es el momento para dar excusas”, señaló. “Es el momento de hacer todo lo posible”.

“En algunos países, el nivel de compromiso político y las acciones que demuestran ese compromiso no coinciden con el nivel de la amenaza que enfrentamos todos”.


 



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