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Les escupen, les gritan, los atacan: los chinoestadounidenses temen por su seguridad

2020-03-25

A medida que el coronavirus pone de cabeza la vida en Estados Unidos, los chinoestadounidenses...

Por Sabrina Tavernise y Richard A. Oppel Jr., The New York Times

Hay quienes los culpan por el coronavirus y el presidente Trump lo llama “virus chino”; muchos estadounidenses de origen asiático dicen que están aterrorizados por lo que les podría pasar.

Yuanyuan Zhu caminaba hacia su gimnasio en San Francisco el 9 de marzo pensando en que esa rutina de ejercicio podría ser la última en un rato, cuando se dio cuenta de que un hombre le estaba gritando. Eran insultos sobre China. Entonces, pasó un autobús, según recuerda ella, y el hombre le gritó al vehículo: “Atropéllala”.

Ella intentó mantener su distancia, pero, cuando el semáforo cambió, tuvo que esperar junto a él en el cruce peatonal. Podía percibir cómo la miraba fijamente. Y entonces, repentinamente, sintió que la saliva del hombre caía en su rostro y su suéter favorito.

Impactada, Zhu, quien tiene 26 años y se mudó a Estados Unidos de China hace cinco años, corrió el resto del trayecto para llegar al gimnasio. Encontró una esquina donde nadie la podía ver y lloró en silencio.

“Esa persona no se veía rara ni enojada ni nada, ¿saben?”, dijo sobre quien la atormentó. “Solo se veía como una persona normal”.

A medida que el coronavirus pone de cabeza la vida en Estados Unidos, los chinoestadounidenses enfrentan una doble amenaza. No solo están lidiando como todos los demás con cómo evitar el virus, sino que también luchan con el creciente racismo en forma de ataques verbales y físicos. Otros estadounidenses de origen asiático —familias de Corea, Vietnam, Filipinas, Birmania y otros lugares— enfrentan también las amenazas al ser agrupados con los chinoestadounidenses por una intolerancia que no reconoce la diferencia.

En entrevistas durante la semana pasada, más de una veintena de asiáticoestadounidenses en todo el país dijeron que tenían miedo de ir al supermercado, de viajar solos en el metro o en autobús, de dejar a sus hijos jugar afuera. Muchos comentaron que les han gritado en público, pues ha surgido un repentino espasmo de odio que recuerda a lo que enfrentaron los estadounidenses musulmanes después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

No obstante, a diferencia de 2001, cuando el entonces presidente George W. Bush exhortó a la tolerancia hacia los estadounidenses musulmanes, en esta ocasión el presidente Donald Trump usa un lenguaje que los asiáticoestadounidenses afirman que incita los ataques racistas.

Trump y sus aliados republicanos insisten en llamar al coronavirus el “virus chino”, lo que contraviene los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud respecto a no usar ubicaciones geográficas para nombrar enfermedades, dado que hacerlo ha traído repercusiones en el pasado.

Trump dijo a reporteros el martes que llamaba al virus “chino” para combatir la campaña de desinformación orquestada por funcionarios de Pekín que afirmaban que el Ejército de Estados Unidos era la fuente del brote. Desestimó la preocupación de que su lenguaje pudiera tener efectos.

“Si siguen usando esos términos, los niños los van a aprender”, señaló Tony Du, un epidemiólogo en el condado de Howard, en Maryland, que teme por su hijo, Larry, de 8 años. “Van a apodar ‘virus chino’ a mi hijo de 8 años. Eso es grave”.

Du dijo que publicó en Facebook que “este es el día más oscuro en mis más de veinte años de vivir en Estados Unidos”, en referencia a la insistencia de Trump en usar el término.

Aunque no hay datos duros todavía, investigadores y grupos de activistas a favor de los asiáticoestadounidenses indican que ha habido un aumento repentino en los ataques verbales y físicos reportados a periódicos y líneas de ayuda.

La Universidad Estatal de San Francisco descubrió un incremento del 50 por ciento en el número de artículos informativos relacionados con el coronavirus y la discriminación contra los asiáticos entre el 9 de febrero y el 7 de marzo. El investigador principal, Russell Jeung, profesor de estudios asiáticoestadounidenses, dijo que las cifras representaban solo “la punta del iceberg” porque es probable que solo los casos más escandalosos sean reportados por los medios.

Jeung ha colaborado en la creación de un sitio web en seis idiomas asiáticos para reunir experiencias de primera mano; se han reportado alrededor de 150 casos en el sitio desde que se puso en línea el jueves pasado.

Nadie es inmune a los ataques. Edward Chew, director del departamento de urgencias de un gran hospital en Manhattan, está al frente del combate contra el coronavirus. Dijo que durante las semanas pasadas, se ha dado cuenta de que las personas intentan cubrir su nariz y boca con sus camisetas cuando están cerca de él.

En su tiempo libre, Chew ha estado comprando equipo de protección, como gafas y viseras protectoras, para su personal por si se terminan en el hospital donde trabaja. Dijo que la noche del miércoles en Home Depot, con su carrito lleno de viseras protectoras, mascarillas y monos de la marca Tyvek, fue acosado por tres hombres de veintitantos años, quienes después lo siguieron hasta el estacionamiento.

Una escritora de TheNew Yorker, Jiayang Fan, dijo que estaba sacando la basura la semana pasada cuando un hombre que pasaba empezó a insultarla por ser china.

“Jamás me había sentido así en 27 años en este país”, escribió en Twitter el martes. “Nunca me sentí tan asustada de salir de mi casa a sacar la basura debido a mi cara”.

“He escuchado de otros asiáticos que han sido atacados por esto, pero cuando experimentas personalmente el ser ridiculizado, realmente lo sientes”, dijo al día siguiente.

Los ataques también se han vuelto físicos.

En el valle de San Fernando, en California, un adolescente asiáticoestadounidense de 16 años fue atacado en la escuela por bravucones que lo acusaron de tener coronavirus. Fue enviado a la sala de urgencias para revisar si había sufrido una conmoción cerebral.

En la ciudad de Nueva York, una mujer que portaba un cubrebocas fue pateada y golpeada en una estación del metro en Manhattan, y a un hombre en Queens lo siguieron hasta una parada de autobús, en donde le gritaron y lo golpearon en la cabeza frente a su hijo de 10 años.

Las personas se han apresurado a tomar medidas para protegerse. Un hombre creó un grupo de Facebook para organizar un sistema de compañeros para asiáticos en Nueva York que tienen miedo de tomar el metro solos. Los propietarios de las armerías en el área de Washington D. C. dijeron que han visto un aumento repentino en el número de chinoestadounidenses que están comprando armas por primera vez.

En Engage Armament en Rockville, Maryland, la mayoría de los compradores de armas en las primeras dos semanas de marzo fueron chinoestadounidenses o chinos, según el dueño, Andy Raymond.

Más de una quinta parte de los residentes de Rockville son de origen asiático, y Raymond dice que los compradores con ascendencia coreana y vietnamita no eran inusuales. Sin embargo, Raymond señala que está asombrado por la cantidad de clientes chinos —en particular, poseedores de green cards provenientes de China continental— que comenzaron a acudir hace unas semanas, un grupo que antes era poco común que comprara en su tienda.

“Llegaban sin parar, es algo que nunca había visto”, dijo.

Du intenta mantener la esperanza. Pasa sus fines de semana capacitándose para convertirse en voluntario de los trabajadores médicos de urgencias de Maryland. Forma parte de un grupo de científicos chinoestadounidenses que organizaron una cuenta de GoFundMe con el fin de recaudar dinero para comprar equipo de protección para los trabajadores de los hospitales en el área. En tres días, recolectaron más de 55,000 dólares, casi todo a través de pequeñas donaciones.

No obstante, dijo que tenía miedo del caos que se podría desatar si la cifra de muertos en Estados Unidos se eleva de manera significativa.

Du, de 48 años, y quien ya cuenta con armas, dijo que estaba en proceso de comprar un rifle estilo AR-15.

“Katrina no ha quedado tan lejos”, dijo al referirse a los disturbios en Nueva Orleans que sucedieron después del Huracán Katrina en 2005. “Y cuando todas estas cosas malas sucedan, yo soy una minoría. La gente puede ver que mi rostro es chino, claramente. Mi hijo, cuando salga, sabrán que sus padres son chinos”.

Los asiáticos nacidos en Estados Unidos experimentan una sensación repentina de ser observados que es tan incómoda como desconocida.

“Es una mirada de desprecio”, dijo Chil Kong, un director de teatro coreanoestadounidense en Maryland. “Es como si preguntaran: ‘¿Cómo te atreves a existir en mi mundo? Eres un recordatorio de esta enfermedad y no perteneces a mi mundo’”.

Agregó: “Es especialmente difícil cuando creces aquí y esperas que este mundo también sea tuyo. Pero ya no vivimos en ese mundo. Ese mundo ya no existe”.

Entre los asiáticoamericanos se debate si llevar máscara o no en público. Ponerse cubrebocas atrae atención indeseada, pero no ponérselo también logra el mismo efecto. Zhu dijo que sus padres, que viven en China, le habían ofrecido enviarle algunos.

Dijo que los había rechazado y que le daba miedo sufrir ataques físicos si se ponía mascarilla. “Muchos de mis amigos dicen en sus publicaciones de redes sociales: No llevamos máscaras. Eso es más peligroso que el virus”.

Un videasta de Syracuse, en el estado de Nueva York, dijo que todavía estaba alterado debido a una visita al supermercado la semana pasada, cuando un hombre que iba adelante de él en la fila le gritó: “Ustedes son los que trajeron la enfermedad”, y otros clientes solo lo miraron sin ofrecer apoyo. Ese mismo día, dijo, dos parejas abusaron verbalmente de él en Costco.

“Siento que he sido invadido por el odio” dijo el hombre, de nombre Edward, quien pidió que no se usara su apellido para no llamar más la atención. “Está en todas partes, es silencioso, es tan mortal como esta enfermedad”.

Dijo que había tratado de ocultar los detalles de lo que sucedió a su madre, quien se mudó de China a Estados Unidos en la década de 1970. Pero sí le dijo algo.

“Le dije que, hagas lo que hagas, no puedes ir de compras”, comentó. “Ella necesitaba saber que hay un problema y ya no podemos actuar como si todo estuviera normal”.



Jamileth