Calamidades

Brasil, entre la pandemia y la convulsión política

2020-05-18

Su fracaso en actuar de manera temprana y agresiva no concuerda con los ingeniosos enfoques del...

Por Ernesto Londoño, Manuela Andreoni y Letícia Casado, The New York Times

Bancos abarrotados. Vagones del metro atestados. Autobuses llenos de simpatizantes fervientes del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, con destino a mítines en los que se exhorta a los brasileños a ignorar las órdenes de quedarse en casa emitidas por alcaldes y gobernadores y a, en cambio, seguir las directrices del mandatario de regresar a trabajar.

Escenas como estas son un reflejo de la respuesta contradictoria y caótica de Brasil a la pandemia del coronavirus, la cual fue evidente el viernes cuando el ministro de Salud renunció, tan solo semanas después de que su predecesor fue abruptamente despedido después de los conflictos con Bolsonaro.

La confusión nacional ha ayudado a impulsar la propagación de la enfermedad y contribuyó a convertir a Brasil en un epicentro emergente de la pandemia, con una tasa de letalidad diaria tan solo superada por la de Estados Unidos.

Expertos en salud pública afirman que el enfoque desordenado ha saturado más las unidades de terapia intensiva y las morgues y contribuyó a los fallecimientos de grandes cantidades de profesionales de la salud, a medida que la economía más grande de América Latina se hunde en la que podría ser la recesión más profunda de su historia.

La crisis que enfrenta el país muestra un claro contraste con el historial de Brasil respecto a respuestas innovadoras y ágiles a los desafíos de la atención médica que, en décadas pasadas, lo convirtieron en un modelo a seguir entre los países en vías de desarrollo.

“La de Brasil pudo haber sido una de las mejores respuestas a esta pandemia”, dijo Marcia Castro, una profesora en la Universidad de Harvard que es originaria de Brasil y se especializa en salud global. “Sin embargo, en este momento todo está completamente desorganizado, y nadie está trabajando para lograr soluciones conjuntas. Esto tiene un costo, y el costo son vidas humanas”.

Brasil tuvo meses para estudiar los errores y los aciertos de los primeros países en ser afectados por el virus. Su sólido sistema de salud pudo haber sido desplegado para realizar pruebas en grandes cantidades y rastrear los movimientos de los pacientes recién contagiados.

Su fracaso en actuar de manera temprana y agresiva no concuerda con los ingeniosos enfoques del país en crisis médicas pasadas, afirman los expertos en salud.

Después de un aumento repentino en infecciones por VIH en la década de los noventa, Brasil ofreció tratamiento universal y gratuito y presionó a la industria farmacéutica para reducir los costos de sus tratamientos. Amenazó con no respetar la patente de una empresa farmacéutica suiza de un medicamento para el VIH en 2001, y lo hizo en 2007, al fabricar su propia versión genérica y disminuir en gran medida la prevalencia del VIH.

En 2013, Brasil expandió en gran medida el acceso a la atención médica preventiva en áreas de escasos recursos al contratar a miles de médicos extranjeros, la mayoría de ellos cubanos. Y para combatir el brote de zika en 2014, Brasil creó mosquitos modificados genéticamente que ayudaron a disminuir la población del insecto, una táctica que pronto será desplegada en Florida y Texas.

El éxito anterior de Brasil fue resultado de la inversión en ciencia y el empoderamiento de los científicos, dijo Tania Lago, profesora de Medicina en la Universidad Santa Casa en São Paulo, quien trabajó en el Ministerio de Salud en la década de los noventa.

“Ahora ha habido una ruptura de la nación con su comunidad científica”, dijo. “Lo que me entristece es que estamos y seguiremos perdiendo vidas que se pudieron haber salvado”.

Conforme los países comenzaron a implementar medidas drásticas para frenar la propagación del virus en febrero y marzo, Bolsonaro le restó importancia a los riesgos y alentó las reuniones públicas. Ahora, insta a los brasileños a regresar a trabajar, incluso a pesar de que los números de nuevos casos y decesos están en ascenso.

La semana pasada, el presidente emitió un decreto en el cual clasifica los gimnasios y los salones de belleza como negocios esenciales que deberían reabrir.

“La salud es vida”, dijo. Al igual que con algunas de sus otras decisiones relacionadas con la pandemia, fue en contra de medidas estatales y locales y tomó desprevenido al ministro de Salud.

Hasta el sábado, Brasil tenía 233.142 casos confirmados de coronavirus y 15.633 muertes. Sin embargo, la cifra real de fallecimientos es probable que sea mucho más alta, según los certificados de defunción recopilados por Fiocruz, un instituto gubernamental que estudia tendencias de atención médica.

Entre el 1 de enero y el 9 de mayo, las cifras oficiales del gobierno dicen que 10.627 personas murieron en Brasil de la COVID-19, la enfermedad causada por el coronavirus.

Durante ese periodo, 11.026 personas adicionales, que no fueron diagnosticadas con el coronavirus, murieron por infecciones respiratorias agudas.

Ese número es varios miles más que el número promedio de muertes por enfermedades respiratorias en años recientes, dijo Marcelo Gomes, investigador de Fiocruz. Dijo que sospechaba que un porcentaje significativo de estos pacientes murieron por infecciones por coronavirus no diagnosticadas.

Los expertos no esperan que la epidemia llegue a su punto más crítico en Brasil hasta dentro de varias semanas. Hasta principios de mayo, tenía la tasa de contagios más alta de los 54 países estudiados por el Imperial College de Londres, el cual también descubrió que las medidas de contención existentes en Brasil han fracasado en poner la transmisión en una trayectoria descendente.

De acuerdo con el Instituto de Medición y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, el virus está en camino de matar a más de 88,000 personas en Brasil hasta principios de agosto.

El Consejo Federal de Enfermería de Brasil dijo que los equipos de protección insuficientes y las agotadoras cargas de trabajo han expuesto a miles de profesionales de la salud al virus, dejando a los hospitales con poco personal.

“Como los salarios son bajos, la mayoría trabaja en dos lugares, algunos en tres”, dijo Manoel Neri, presidente del consejo. “Este es un problema de larga data en Brasil”.

El consejo dijo que, en semanas recientes, por lo menos 116 enfermeros y técnicos en medicina han muerto por casos sospechosos o confirmados de coronavirus. Cerca de 15,000 han desarrollado síntomas, pero muchos no han podido hacerse la prueba.

Jacqueline, una enfermera de 37 años en Río de Janeiro que contrajo el virus junto con su esposo, quien también es enfermero, dijo que el miedo es generalizado entre sus colegas.

“Nos sentimos expuestos”, dijo Jacqueline, quien pidió ser identificada solo por su nombre, porque teme represalias de su empleador. “Miras a tu alrededor y las personas están llorando porque tememos llevar el virus a nuestras familias”.

La convulsión política que ha azotado al Ministerio de Salud durante las semanas pasadas ha afectado más la capacidad del país de prepararse para la pandemia.

El ministro de Salud, Nelson Teich, renunció el 15 de mayo, a unos días de completar un mes en el cargo.

Bolsonaro despidió a su predecesor, Luiz Henrique Mandetta, después de que tuvieron conflictos por el desprecio del presidente hacia las medidas de cuarentena.

En una entrevista, Mandetta dijo que la respuesta “errática” de Brasil a la pandemia lo dejó mal equipado para competir en la lucha global por ventiladores, pruebas y equipos de protección para el personal médico.

“Nuestro desafío es ampliar la cobertura de salud mientras competimos con el absurdo poder de gasto de Estados Unidos y Europa”, dijo.

Flávio Dino, gobernador del estado de Maranhão, dijo que el gobierno federal ha sido un obstáculo mientras los funcionarios estatales compraban ventiladores e instalaban hospitales de campaña. La capital del estado, São Luís, fue la primera del país en imponer un confinamiento estricto este mes, requiriendo que todos, excepto los trabajadores esenciales, se queden en casa.

“No había un plan a nivel nacional para prepararse para este difícil mes de mayo”, dijo. Llamó al despido de Mandetta un revés. “No se cambia la tripulación del avión en pleno vuelo”.

Los hospitales del empobrecido estado de Amazonas, en el norte del país, están saturados y esto ha obligado a los cementerios a recurrir a fosas comunes para lidiar con la gran cantidad de cadáveres.

Arthur Virgílio Neto, alcalde de Manaos, la capital estatal, ha llorado durante entrevistas televisadas mientras implora por asistencia federal. Bolsonaro, con su desdén por el distanciamiento social y otras medidas preventivas, ha sido parte del problema, sostuvo.

“Las personas nunca dejaron de deambular por las calles; ha habido un flagrante desprecio de nuestros decretos”, dijo, y culpó a Bolsonaro. “Él está en contra del distanciamiento social, y eso explica parte de la desobediencia”.

Ante la creciente crítica, el gobierno de Bolsonaro, que no quiso hacer comentarios, lanzó una campaña la semana pasada que destacó la preocupación del presidente con la economía, que se prevé que se contraiga al menos un cinco por ciento este año.

“Esos confinamientos no son el camino, son el camino al fracaso”, dijo Bolsonaro el jueves, dirigiéndose a sus partidarios afuera del palacio presidencial. Añadió, despectivamente: “Se convertirá en un país de miseria, como un país en el África subsahariana”.

Castro, la profesora de Harvard, dijo que es probable que el fracaso del gobierno en dar una respuesta efectiva probablemente conducirá a una serie de brotes que causarán más daño a la economía a largo plazo.

“¿Cómo puedes promover el crecimiento económico si tu población está enferma?”, dijo. “Una fuerza de trabajo enferma no puede trabajar”.


 



regina