Panorama Norteamericano

La Casa Blanca de Trump se muestra atrevida respecto a los límites éticos conforme se acercan las elecciones

2020-07-16

Todos los presidentes en primer mandato en la memoria reciente han usado sus cargos en formas...

Por Michael Crowley, The New York Times

La protesta por una foto de Ivanka Trump con una lata de frijoles Goya revela que el presidente y sus asesores continúan ignorando las fronteras tradicionales entre lo oficial y lo político.

Cuando el presidente Donald Trump celebra eventos oficiales financiados por los contribuyentes, su público recibe discursos de campaña y listas de reproducción de música rock sacadas de sus mítines políticos. Sus apariciones en la Casa Blanca, más recientemente en una incoherente conferencia de prensa en el Jardín de Rosas, están cada vez más desprovistas de política y más llenas de ataques contra la “izquierda radical” y el virtual nominado demócrata, el exvicepresidente Joe Biden.

Y el martes, la hija y asesora principal de Trump, Ivanka Trump, empleada de la Casa Blanca, publicó en línea una foto halagando a Goya Foods, una empresa cuyo CEO recientemente elogió a su padre. Los expertos en ética gubernamental calificaron el gesto de Ivanka como una clara violación de la ley federal. El mandatario publicó el miércoles su propia foto con los productos de la compañía dispuestos sobre el escritorio presidencial Resolute en el Despacho Oval.

Desde hace mucho tiempo Trump y sus asesores han desafiado —y a menudo han cruzado— los límites entre lo oficial y lo político. La Oficina de Asesoría Especial, una agencia independiente de vigilancia del gobierno, ha encontrado que 13 funcionarios de Trump han violado la Ley Hatch, una ley de 1939 que limita las actividades políticas de los empleados de gobierno, de acuerdo con Ciudadanos para la Responsabilidad y la Ética en Washington (CREW, por su sigla en inglés). Integrantes del grupo de vigilancia dijeron que recordaban dos de esos casos durante la presidencia de Obama.

Pero con las elecciones de noviembre a poco más de 100 días, el coronavirus que ha anulado los ruidosos mítines de Trump y la Casa Blanca sin una agenda política clara, el gobierno parece casi totalmente libre de las divisiones tradicionales entre la política y la gobernanza.

“Cada Casa Blanca que he conocido hasta esta —de ambos partidos— ha trabajado rigurosamente para separar la actividad de la campaña y los asuntos oficiales”, dijo Trevor Potter, republicano y ex presidente de la Comisión Federal de Elecciones que ahora es presidente del Campaign Legal Center.

“Tradicionalmente, la Oficina del Consejo de la Casa Blanca ha vigilado la actividad de la campaña para mantenerla fuera de los terrenos de la Casa Blanca y fuera de los eventos oficiales”, continuó. “Lo que estamos viendo ahora es una anulación completa de estas normas éticas y legales”.

Jordan Libowitz, director de comunicaciones de CREW, dijo que si bien Trump y sus asesores principales nunca han mostrado mucho interés en respetar tales distinciones, parecen haberse vuelto más audaces en los meses transcurridos desde que fue absuelto por el Senado después de que la Cámara le hiciera un juicio político.

“Creo que hay un patrón más amplio que hemos visto, en realidad desde el juicio político, de un mayor desprecio por las normas éticas”, dijo Libowitz. Señaló que los principales asesores de Trump se han vuelto “más descarados” al hablar explícitamente sobre política y las elecciones de 2020, incluso en los terrenos de la Casa Blanca, de una manera que hubiera hecho que funcionarios anteriores temieran por sus trabajos.

Todos los presidentes en primer mandato en la memoria reciente han usado sus cargos en formas bastante sutiles para ayudar a asegurar su reelección. Pero Trump y sus asesores principales parecen estar mucho menos preocupados que sus predecesores por las normas y las leyes que rigen la actividad política.

Cuando en mayo Trump visitó el Centro Espacial Kennedy en Florida para ver el lanzamiento de un cohete privado, en lo que aparentemente era un evento de la Casa Blanca, organizó después un mitin que parecía de campaña en un hangar de la NASA. Ahí los altavoces emitieron su lista de reproducción y el presidente denunció a “criminales de la izquierda radical” y se jactó de que había “reconstruido por completo” las fuerzas armadas y agradeció a más de una docena de legisladores republicanos que asistieron, pero no a los demócratas.

Días después, la campaña de Trump lanzó un anuncio de “Hagamos al espacio grandioso de nuevo” editado con imágenes del lanzamiento en las que se veía el logotipo de la NASA y a dos de sus astronautas, y que los críticos dijeron que era una violanción de las regulaciones contra el uso comercial de la NASA y su personal.

Durante una reunión la semana pasada con exiliados cubanos y venezolanos, como parte de un evento oficial de la Casa Blanca sobre política latinoamericana en Miami, Trump atacó repetidamente a Biden, acusándolo de simpatizar con los gobiernos comunistas y advirtiendo que “nadie estará a salvo en un Estados Unidos presidido por Biden”.

Al concluir el evento, Trump aportó un pensamiento final que parecía ser menos sobre los latinoamericanos oprimidos que sobre su propio destino: “El 2020 es muy importante”, dijo. “Muy importante”.

El martes, la Casa Blanca convocó a los periodistas en el Jardín de Rosas con poca antelación para lo que los asesores anunciaron como una conferencia de prensa sobre China. Trump comenzó por decir que firmaría una ley y una orden ejecutiva en retaliación por una reciente ofensiva de seguridad en Hong Kong.

Pero después de comentarios relativamente breves sobre China, Trump pasó cerca de una hora analizando la política, sus logros y los supuestos defectos de Biden, a quien acusó de querer “quitarle los recursos a nuestros militares” y colocar a los inmigrantes en la seguridad social “inmediatamente” y de quien dijo que se había “ido radicalmente a la izquierda”. Agregó que Biden “se pone del lado de China sobre Estados Unidos una y otra vez”.

Muchos presidentes han utilizado el venerable Jardín de Rosas para su beneficio mediante el lanzamiento de anuncios y políticas durante sus campañas de reelección, tanto que una “estrategia de Jardín de Rosas” se ha convertido en parte de la política vernácula. Pero los presidente anteriores han evitado hablar abiertamente de políticas de campaña en ese entorno.

En Fox News el miércoles por la noche, el corresponsal de la cadena, John Roberts, le dijo al estratega republicano Karl Rove, quien aconseja informalmente a la campaña de Trump, que el evento de Trump “parecía haberse convertido en un mitin de campaña”.

Rove advirtió que Trump estaba disminuyendo el poder de su candidatura. “No utilice los eventos presidenciales como eventos de campaña, intente y convierta a los eventos de campaña en eventos presidenciales”, dijo.

En declaraciones a los periodistas en el Air Force One el miércoles, el jefe de gabinete de la Casa Blanca, Mark Meadows, desestimó tales críticas.

“No veo nada de inapropiado en los comentarios que hizo el presidente”, dijo, y agregó que “esas fueron diferencias políticas que el presidente destacó” con respecto a Biden.

Como presidente, Trump no está obligado por la Ley Hatch, que fue aprobada para garantizar que los empleados federales fueran promovidos por mérito y no coaccionados políticamente. Sus subordinados sí están bajo la ley, pero Trump ha optado por no sancionarlos en los diversos casos en que la Oficina de Asesoría Especial los ha encontrado en falta.

En junio del año pasado, la Oficina de Asesoría Especial, dirigida por un ex fiscal de carrera y asistente republicano del Congreso designado por Trump, emitió un informe de 17 páginas que detalla “numerosas violaciones de la Ley Hatch” por parte la consejera de la Casa Blanca Kellyanne Conway, incluidos varios casos en los que comentó sobre la campaña presidencial desde la Casa Blanca y en las redes sociales.

Al pedir la destitución de Conway, la oficina advirtió que si no la castigaban “enviaría un mensaje a todos los empleados federales de que no necesitan cumplir con las restricciones de la Ley Hatch”.

La Casa Blanca desestimó el llamado de atención, al decir que era “tan escandaloso como sin precedente”, y no tomó ninguna medida.

Conway había recibido anteriormente reproches de legisladores de ambos partidos en marzo de 2017, cuando desde la sala de reuniones de la Casa Blanca durante una aparición en Fox News instó a los espectadores a comprar mercancía vendida por la hija de Trump, que Nordstrom había sacado recientemente de sus tiendas.

El martes, la misma Ivanka Trump publicó una foto en Twitter de ella sonriendo mientras sostenía una lata de frijoles Goya con el mensaje, tanto en inglés como en español, “Si es Goya, tiene que ser bueno”.

Su tuit fue una respuesta clara a los llamados a un boicot a Goya Foods después de que su director ejecutivo, Robert Unanue, dijera en un evento en la Casa Blanca la semana pasada que sus colegas latinos eran “verdaderamente bendecidos” por tener a Trump como presidente. Ese evento en sí, organizado en torno a una orden ejecutiva en gran parte simbólica sobre la “prosperidad” hispana, tuvo un ambiente muy político, y comenzó con el grito de un miembro de la audiencia: “¡Cuatro años más!”.

Según las leyes federales de ética, los empleados de gobierno “no deben usar o permitir el uso de su cargo o título o cualquier autoridad asociada con su cargo público para respaldar ningún producto, servicio o empresa”. Varios fiscalizadores del gobierno, junto con los demócratas, dijeron que Ivanka Trump había violado claramente esa medida, que es independiente de la Ley Hatch.

Pero la Casa Blanca defendió sin remordimientos la publicación.

“Solo los medios de comunicación y el movimiento de cultura de la cancelación criticarán a Ivanka por mostrar su apoyo personal a una compañía que ha sido injustamente burlada, boicoteada y ridiculizada por apoyar a esta administración, que siempre ha luchado por la comunidad hispana y cumplido con ella”, dijo Carolina Hurley, una vocera de la Casa Blanca. Agregó que Trump “tiene todo el derecho de expresar su apoyo personal” a la empresa.

Walter M. Shaub Jr., quien fue director de la Oficina de Ética Gubernamental de 2013 a 2017, señaló que la biografía de Twitter de Trump incluía su título oficial de “asesora” del presidente. E Ivanka Trump usa habitualmente su cuenta de Twitter para publicar sobre asuntos del gobierno de Trump. Más temprano el martes, había colgado un video suyo donde hablaba sobre la creación de empleo en lo que parecía ser el césped de la Casa Blanca.

“No hay distinción en la mente de los funcionarios del gobierno entre lo personal y lo oficial”, escribió Shaub en Twitter. “Su mensaje es que el gobierno y las personas que lo representan existen para servir a los intereses personales de Trump”.

“Ivanka Trump ha recibido capacitación en ética. Ella lo sabe. Pero lo hizo de todos modos porque a nadie en este gobierno le importa la ética gubernamental”, agregó.

Hubo pocas señales de desagrado por parte del jefe y padre de Ivanka Trump. Un día después, el presidente publicó en Instagram una foto de sí mismo sentado tras su escritorio en el Despacho Oval, radiante y con dos pulgares hacia arriba, con una variedad de productos de Goya Food dispuestos frente a él.


 



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