Panorama Norteamericano

Las contrastantes agendas ambientales de Trump y Biden

2020-07-17

La última revisión de la Ley Nacional de Política Ambiental por parte del...

Por Lisa Friedman y Katie Glueck, The New York Times

En el lapso de dos días, Donald Trump y Joe Biden expusieron puntos de vista divergentes sobre las regulaciones ambientales y el cambio climático. Esto ayuda a definir lo que está en juego en la carrera presidencial de Estados Unidos.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, viajó el 15 de julio al nuevo campo de batalla político en Georgia para acribillar una de las leyes en materia de conservación más importantes del país, ya que prometió acelerar los proyectos de construcción al limitar las revisiones ambientales legalmente obligatorias de autopistas, oleoductos y centrales eléctricas.

Un día antes, su rival presidencial demócrata, Joe Biden, tomó un rumbo diferente, dado que dio a conocer un plan de dos billones de dólares para hacer frente al cambio climático y renovar la infraestructura nacional; además afirmó que creará millones de empleos a través de la generación de una economía de energías limpias.

En ese lapso, los candidatos presidenciales de los principales partidos mostraron el agudo contraste de cuán ideológicamente dispares son sus plataformas ambientales y de infraestructura, las cuales son de vital importancia para muchos electores estadounidenses, en particular en estados críticos en disputa, como Pensilvania y Florida.

Biden intenta ganarse a los electores jóvenes y a los seguidores de su contendiente derrotado, el senador de Vermont Bernie Sanders, mediante una conciencia agresiva del cambio climático y con la promesa de actuar de manera urgente para combatirlo. Al mismo tiempo, ha tratado de mantener su prometido vínculo con los electores blancos de la clase trabajadora, en especial en la región del Alto Medio Oeste, quienes se decantaron por Trump hace cuatro años y están recelosos de lo que ven como amenazas a su modus vivendi; en particular, los empleos en la industria del petróleo y el gas.

En cambio, el presidente continúa más o menos donde ha estado durante más de una década: varía entre reconocer el cambio climático y de tacharlo de engaño; afirma falsamente que los molinos de viento causan cáncer, dice que los dispositivos de eficiencia energética son “inútiles” y que los edificios de cero emisiones “básicamente no tienen ventanas”. En cada oportunidad y en cada decisión regulatoria, el gobierno pone los intereses de las empresas por encima de los ambientales.

“Biden quiere volver a la regulación generalizada de la economía de las energías, unirse al acuerdo climático de París, que acabaría por completo con nuestra industria energética; tendrían que cerrar el 25 por ciento de sus empresas y acabar con el desarrollo del petróleo y el gas”, declaró Trump el 15 de julio al anunciar una “revisión exhaustiva” de la Ley Nacional de Política Ambiental, una ley ambiental fundamental desde su aprobación en 1969, sin dar ninguna evidencia que sustentara sus estadísticas.

“Cuando pienso en el cambio climático, pienso en la palabra ‘empleos’, empleos sindicalizados bien pagados que pondrán a los estadounidenses a trabajar, a limpiar el aire para que nuestros niños respiren, a renovar nuestras ruinosas carreteras, puentes y puertos”, declaró Biden el 14 de julio mientras esbozaba su plan.

Los eventos capturaron las creencias radicalmente opuestas de los dos candidatos al respecto de la amenaza global del calentamiento del planeta y ofrecieron un vistazo de cómo gobernarían en los próximos cuatro años a una nación que enfrenta una crisis climática. Para Trump, combatir el calentamiento global es una amenaza para la economía; para Biden, es una oportunidad.

“Son polos opuestos en casi todo lo que tiene que ver con el medioambiente, pero particularmente con el cambio climático”, dijo Christine Todd Whitman, exgobernadora republicana de Nueva Jersey y administradora de la Agencia de Protección Ambiental durante la presidencia de George W. Bush.

El plan de Biden gastaría dos billones de dólares a lo largo de cuatro años para poner a Estados Unidos en un “camino irreversible” hacia las emisiones netas nulas de gases que calientan el planeta antes de 2050, lo que significa que el dióxido de carbono y otros contaminantes se eliminarían por completo o se compensarían mediante tecnologías de eliminación.

Para hacer eso, pidió estándares de energía limpia que lograrían un sector de energía libre de carbono para 2035; la mejora de la eficiencia energética de cuatro millones de edificios en cuatro años; y la construcción de 500,000 estaciones de carga de vehículos eléctricos. También prometió llevar a Estados Unidos nuevamente al Acuerdo de París, reestablecer las regulaciones climáticas que Trump ha derogado y poner más restricciones a aspectos como las emisiones de los tubos de escape de los vehículos.

Trump ya ha tomado medidas para hacer retroceder prácticamente todos los esfuerzos que el gobierno federal hizo durante la presidencia de Barack Obama para combatir el cambio climático, desde restringir las emisiones de las centrales eléctricas y los vehículos hasta frenar el metano del sector del petróleo y gas. Incluso rescindió una orden ejecutiva de la era de Obama que instaba a las agencias federales a tener en cuenta el cambio climático y el aumento del nivel del mar al reconstruir la infraestructura.

La última revisión de la Ley Nacional de Política Ambiental por parte del gobierno actual enfatizó aún más sus diferencias.

Los cambios que se concretaron el 15 de julio incluyeron un límite de dos años para llevar a cabo revisiones ambientales exhaustivas de los proyectos de infraestructura y revocaron el requisito de que las agencias consideren los efectos ambientales acumulativos de los proyectos, como su contribución al cambio climático.

Trump dijo que el largo proceso actual “le ha costado a nuestro país billones de dólares y retrasos de no creerse a lo largo de los años”.

En campañas pasadas, los candidatos han evitado hacer propuestas ambientales audaces, en especial en lo que respecta al cambio climático, pero Patrick Murray, director del Instituto de Encuestas de la Universidad de Monmouth, dijo que Biden tiene más espacio político para introducir su plataforma política en medio de la crisis económica y de salud pública que asolan a Estados Unidos.

“Dado que la pandemia ha trastocado la vida de la gente hasta lo más profundo, hay una menor preocupación por un cambio audaz y radical en este momento, porque, en cierto sentido, eso es lo que se quiere”, explicó Murray.

Esas dinámicas le han dado libertad a Biden de presentar políticas que sus aliados esperan que emocionen a los votantes más jóvenes y liberales que no estaban tan convencidos de apoyarlo durante las elecciones primarias demócratas, sin alejar en automático a los electores más moderados, dijo Murray.

Sin duda, los aliados de Biden también ven riesgos políticos, si se percibe que se está moviendo demasiado a la izquierda en temas como la hidrofracturación para extraer gas natural, o fracking, una práctica que está ligada a muchos trabajos en estados como Pensilvania. A diferencia de varios de sus contrincantes en las primarias demócratas, no está a favor de una prohibición total de la hidrofracturación.

“La hidrofracturación no estará en la mira”, dijo en una entrevista la semana pasada con WNEP-TV, una filial de la cadena ABC en el noreste y centro de Pensilvania.

En una llamada con los periodistas el martes, los funcionarios de campaña de Biden enfatizaron que su opinión desde hace mucho tiempo sobre el tema es: “No habrá nueva hidrofracturación en tierras federales”.

Trump apuesta a que sus posturas inflexibles e inamovibles atraerán a los electores con mentalidad empresarial y a la gente que desconfía del gobierno. Sin embargo, también se enfrenta a un riesgo.

Carlos Curbelo, un excongresista republicano de Florida que ha defendido un impuesto al carbono para combatir el cambio climático, dijo que cree que el menosprecio de Trump por ese tema y su manejo del coronavirus se vinculan a parte de “las preguntas más amplias del carácter”.

Estas preguntas sobre el carácter resuenan “no solo entre los electores jóvenes que han rechazado su postura sobre el clima desde hace mucho tiempo, sino también en los electores de mediana edad y mayores que ahora, en el contexto de la COVID-19, dan prioridad a los líderes que manejan bien las crisis”, señaló Curbelo.

La campaña de Biden criticó que el presidente acabara con la ley de política ambiental con el propósito de crear una “distracción” del hecho de que Trump no logró establecer un plan de infraestructura. “Trump no ha presentado ningún plan real para crear puestos de trabajo; en cambio, toma atajos para nuevamente ignorar la ciencia, a los expertos, a las comunidades y las reservas que tienen derecho a aire, agua y entornos limpios”, se lee en una declaración de la campaña.

En ciertos sentidos, el debate climático refleja el reajuste político más extenso en ambos partidos que definió la campaña de 2016: los electores blancos de la clase trabajadora, en particular en las zonas rurales, se han alejado de sus raíces demócratas sindicales para apoyar a Trump y a sus políticas energéticas, mientras que los electores blancos suburbanos educados y acaudalados, que alguna vez fueron republicanos recalcitrantes, han optado por los demócratas y parecen estar cada vez más abiertos a esfuerzos más ambiciosos para combatir el cambio climático.

“El tono de Biden puede funcionar bien con los votantes republicanos tradicionalmente moderados que viven en los suburbios, así como los pronunciamientos de Trump pueden funcionar bien con los votantes que habitualmente habían estado más inclinados a los demócratas en otras partes del estado, en las partes más rurales del estado”, dijo el exrepresentante Ryan Costello, un republicano que representó a los suburbios de Filadelfia.

Pero los votantes proempresariales pueden ver el peligro de una victoria de Biden igual de alto, dijo Scott Jennings, un estratega republicano.

“Hay muchísimo en juego”, dijo. “La sobrerregulación drástica y las regulaciones antiempresariales podrían diezmar las economías rurales y del centro de Estados Unidos, que ya están tambaleándose”.

Los científicos afirmaron que los próximos cuatro años podrían ser críticos para el aumento o disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero de Estados Unidos.

“Nos dirigimos hacia un planeta más caliente”, manifestó Waleed Abdalati, director del Instituto Cooperativo para la Investigación en Ciencias Ambientales de la Universidad de Colorado en Boulder. Trump y Biden, dijo, “representan dos caminos muy divergentes”.


 



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