Reportajes

En bicicleta por las colinas de Ciudad de México: un paseo de altura

2020-07-20

Tan solo unos minutos después de comenzar la rodada, perdí de vista a Alfaro y a los...

Nathaniel Parish Flannery, The New York Times

Con nuevas rutas y la pandemia que empuja a más personas a andar en bicicleta, las montañas en las afueras de una de las megaciudades del mundo comienzan a atraer a entusiastas novatos y experimentados.

Para los amantes de la bicicleta en Ciudad de México, el camino montañoso que serpentea entre el cañón del Parque Nacional Los Dínamos, en la periferia de la ciudad, es un rito de iniciación.

Cualquiera que llegue a la cima puede despedirse del término “novato” y emergir curtido, un ciclista. Los visitantes pedalean la pendiente uniforme desde el Centro Histórico llano en el lecho del valle hasta la alejada alcaldía de Magdalena Contreras.

El comienzo del camino que lleva a Los Dínamos es donde la expansión del concreto gris y blanco de la periferia urbana se detiene y comienza la maraña verde de más de 2429 hectáreas de árboles y terreno montañoso.

La transición es evidente y el contraste es impresionante. Los Dínamos es un parque urbano notablemente escarpado. Y como otras reservas naturales cercanas, se está volviendo cada vez más accesible, gracias a una red de nuevos senderos protegidos para bicicletas y una ciclovía temporal en la avenida de los Insurgentes, una de las vías más transitadas de Ciudad de México, la cual atraviesa varios municipios.

No obstante, José Alfaro, de 36 años, uno de los propietarios de Distrito Fijo Club de Ciclismo en la ciudad y uno de tres ciclistas locales que me acompañaron en el recorrido matutino de un sábado reciente desde el Centro Histórico de Ciudad de México hasta la cima de Los Dínamos, advierte a los posibles visitantes que “no es la ruta más larga o la de mayor altitud, pero es una de las más difíciles”.

Tan solo unos minutos después de comenzar la rodada, perdí de vista a Alfaro y a los otros dos ciclistas en nuestro grupo.

Estreché las manos alrededor de la parte superior del manubrio, me incliné hacia adelante y pedaleé con más fuerza. El sudor y la humedad del aire se condensaron en mis gafas de sol, pero podía ver cómo el angosto camino fue labrado del lado de la montaña.

Hay un acantilado irregular del lado izquierdo y una caída casi totalmente vertical, de cientos de metros, a la derecha. Los frondosos árboles caducifolios se aferran al acantilado, forman arcos sobre el camino y proporcionan algo de sombra.

El paisaje es escarpado, pero se puede recorrer en una sola dirección: hacia arriba. Es de apenas siete kilómetros, pero tiene un grado de inclinación promedio del siete por ciento, así como secciones brutales que superan el 22 por ciento (en comparación, Harlem Hill en Central Park tiene un grado promedio de alrededor del 4,4 por ciento, según el Club de Ciclismo de Nueva York).

A medida que el camino serpentea hacia arriba, breves espacios entre los árboles permiten otear las vistas espectaculares. Las paredes del cañón, que se extienden a más de 3000 metros sobre el nivel del mar, silencian los sonidos del tráfico en las calles de la parte inferior.

Es una experiencia única contar con un terreno silvestre a menos de 30 kilómetros del centro de la ciudad, pero no pude evitar preocuparme por mi propia seguridad. Me enteré de que hace un año a un hombre en una bicicleta de montaña le dispararon y lo asaltaron en la ciclovía abajo del parque. Hace unos meses, la policía encontró un cuerpo en el bosque ubicado abajo, un asesinato posiblemente relacionado con el crimen organizado.

Los ciclistas que ruedan por Ciudad de México saben que la metrópolis es un monstruo. La ciudad más grande en América del Norte es famosa por su extensión, su contaminación y las marañas de autos a baja velocidad que causan embotellamientos en sus principales arterias durante prolongadas horas pico. Sin embargo, visitantes y lugareños por igual podrían además sorprenderse al saber que la ciudad es reconocida por la comunidad global de ciclistas aficionados como un destino para hacer recorridos de clase mundial.

La elevación promedio de Ciudad de México es de 2242 metros sobre el nivel del mar, y la cumbre más alta en la cordillera —el volcán Popocatépetl— que corona el valle tiene una altitud de 5426 metros. Ciudad de México no solo se ubica a una mayor altitud que Denver, sino que las montañas más altas en su periferia se elevan por encima de los picos más altos de Colorado.

No obstante, para quienes se transportan al trabajo en bicicleta, Ciudad de México es en su mayoría plana. El mayor desafío es el tráfico. A medida que nuevas ciclopistas se han instalado en áreas de intenso movimiento, en los últimos años se ha vuelto más fácil que los residentes se muevan por la ciudad. Existe un popular programa de bicicletas compartidas y cada domingo algunas calles se cierran al tránsito vehicular durante varias horas para que los ciclistas las recorran.

Aun así, tomar rutas más largas y más desafiantes requiere aprender una gran cantidad sobre la geografía de Ciudad de México —tiene una superficie 18 por ciento más grande que la de la ciudad de Nueva York— y qué vecindarios se deben evitar.

La mayoría de los ciclistas dedicados se adhieren a rutas conocidas y van a través de los parques nacionales y a lo largo de autopistas anchas.

En nuestro viaje a las montañas desde las modernas torres corporativas en el distrito comercial del centro a lo largo de la Avenida Reforma, vimos el contraste extremo que define la brecha de ingresos de la región. En el carril de bicicleta que conduce hacia Los Dínamos hay un puente desde el cual los visitantes pueden ver los techos de tejas rojas de las viviendas de clase media alta en un lado, y los refugios improvisados hechos con trozos de madera y plástico en el otro.

En parte debido a las preocupaciones sobre la seguridad, el ciclismo en ciudad de México es un deporte altamente social, organizado en clubes y equipos.

En las montañas, los ciclistas se ofrecen saludos rápidos o platican casualmente sobre el clima o las próximas carreras. Pocas personas intercambian nombres o comparten detalles personales como en qué vecindario viven o en qué trabajan. Los altos niveles de delincuencia y el débil estado de derecho han llevado a bajos niveles de confianza en la sociedad.

Manuel Peña-Morros, otro de los ciclistas que se unieron a mí para el recorrido a Los Dínamos, es un consumado competidor aficionado y embajador local de la carrera anual de varios días llamada Haute Route en Valle de Bravo, un destino vacacional al oeste de Ciudad de México. Él dijo: “Los clubes de ciclismo aquí sirven para enseñarles rutas seguras a los ciclistas nuevos”.

Diversas tiendas de ciclismo organizan rodadas grupales temprano por la mañana durante la semana y excursiones más largas durante el fin de semana.

Estas tiendas combinan la venta minorista de bicicletas y la reparación con opciones para refrescarse al ofrecer comida, bebidas frías y calientes, o a veces incluso vestidores y duchas, en el caso de Giro Central.

Equipos más grandes de ciclistas, como CCC Pro, Resistencia, Los Guadalupanos y Grupo Guepardos, se reúnen para realizar estrictos paseos de entrenamiento en desafiantes caminos de montaña dentro de la ciudad y en las colinas que la rodean.

Otros grupos organizan carreras más pequeñas y rápidas en la superficie lisa de la pista de carreras de Fórmula Uno de la ciudad y competencias informales de escalada en la cima del Ajusco, Paso de Cortés, La Loma y otras cumbres.

Durante todo el año, la ciudad alberga decenas de carreras a gran escala para aficionados que atraen a miles de ciclistas. En el Gran Fondo Ciudad de México, 2372 ciclistas terminaron rutas que van desde 35 kilómetros a 120 kilómetros a lo largo de un circuito continuo de carreteras libres de tráfico que se cerró temporalmente a los automóviles.

En 2019, los organizadores del Tour de France realizaron una carrera para aficionados en Ciudad de México y otra en las montañas del área metropolitana. Dicen que la participación en dichas carreras está creciendo.

No obstante, este año, la comunidad ciclista ha sido afectada debido a que México lucha contra la propagación del coronavirus. Los amantes de la bicicleta en la ciudad se han adaptado a pedalear en bicicletas fijas o a aventurarse a rodar solos o en grupos pequeños con amigos íntimos. Las grandes carreras y la mayoría de las rodadas grupales organizadas han sido canceladas.

La jefa de Gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, ha respondido a la crisis al expandir los planes existentes para construir nuevos carriles para ciclistas. El objetivo es hacer la ciudad más amigable con los ciclistas en un momento en el que muchos residentes tienen temor de usar el transporte público.

Andrés Lajous, el secretario de Movilidad de la ciudad, dijo que la urbe está trabajando en duplicar la capacidad de carriles ciclistas para tener un total de 600 kilómetros de ciclovías en funcionamiento para 2024. “Nuestra meta es construir carriles de bicicletas no solo en el centro, sino también en la periferia”, dijo.

Alejandro Díaz, gerente del café Giro Central y otro de los ciclistas que me acompañaron en la rodada a Los Dínamos, dijo: “Han agregado muchas vías para ciclismo. Es grandioso”. Sin embargo, añadió, todavía faltan más.

Después de llegar a una parada a 3048 metros sobre el nivel del mar en la cima de Los Dínamos, platiqué con Alfaro, Peña-Morros y Díaz. Nos asomamos al borde del acantilado a través de una ligera neblina entre altos árboles. El suelo del valle estaba casi 900 metros por debajo de nosotros.

Estuvieron de acuerdo en que los nuevos carriles para ciclistas han mejorado ampliamente la experiencia de atravesar la ciudad. Además de piernas fuertes y una gran habilidad para manejar la bicicleta, rodar entre los autos en las calles saturadas de Ciudad de México requiere una inmensa y exhaustiva concentración. Los carriles protegidos para ciclistas permiten a los amantes de las bicicletas ignorar los zumbidos y chirridos impacientes emitidos por los motores de los vehículos que pasan. Pedalear de manera segura por la avenida de los Insurgentes es ahora un paseo urbano profundamente disfrutable. La distancia es la misma, pero los nuevos carriles ciclistas hacen que el recorrido sea menos agotador mentalmente.

Le pregunté a Díaz si los nuevos carriles para bicicletas habían hecho más fácil llegar a la cima de la montaña.

Él se rio.

“Creo que los carriles para bicicletas ayudarán a que más personas lleguen allá, pero para nada hacen más fácil el ascenso”, dijo.



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