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El expresidente Felipe Calderón y los grupos evangélicos regresan a la política mexicana con nuevos partidos

2020-09-04

La intervención de los sindicatos ha sido uno de los puntos más polémicos en...

Por ELÍAS CAMHAJI | El País

México - 04 SEP 2020 - 15:02 CDT Habrá nuevos partidos políticos, pero con muchos rostros conocidos. Así ha llegado este viernes a la recta final el proceso para las formaciones que competirán por primera vez en las elecciones de 2021 en México. Está previsto que el consejo del Instituto Nacional Electoral apruebe el registro de dos nuevas organizaciones, lo que marca el regreso de personajes como el expresidente Felipe Calderón y su esposa, la excandidata presidencial Margarita Zavala, con México Libre. Reaparece también, aunque con otro nombre, el ultraconservador Partido Encuentro Social (PES), que no alcanzó el umbral de votos necesarios en 2018 pese a aliarse con Andrés Manuel López Obrador y que está vinculado a grupos evangélicos.

Los que se perfilan como los grandes perdedores son dos organizaciones vinculadas a Elba Esther Gordillo, exlíder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE): Redes Sociales Progresistas, de su yerno Fernando González, y Grupo Social Promotor de México. El árbitro electoral ha puesto en duda su inscripción tras detectar más de 24 millones de pesos (un millón de dólares) de financiamiento irregular desde el SNTE para ambas asociaciones. Fuerza Social por México, del líder sindical y senador suplente Pedro Haces Barba, también se ha quedado en la orilla.

La llegada de los nuevos partidos delinea un nuevo tablero electoral rumbo a las votaciones del año próximo, donde se disputan más de 2,000 cargos públicos y que se anticipan como una especie de referéndum con dos grandes polos: los partidos a favor y en contra del proyecto de López Obrador. Morena, el partido del Gobierno, llega como el partido más fuerte, aunque libra una batalla interna que amenaza con lastrar sus aspiraciones en la primera elección federal desde que llegó al poder. Será también una prueba para el conservador Partido Acción Nacional (PAN), la primera formación opositora, que medirá fuerzas con la escisión liderada por Calderón y Zavala, que abandonó su candidatura independiente en las últimas elecciones presidenciales.

El regreso de Calderón rompe una regla no escrita de la política mexicana, donde no es común que los expresidentes retomen sus carreras partidistas tras concluir su mandato, menos aún fundar otro partido político, apunta Rodián Rangel, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). “Las elecciones de 2018 fueron un tsunami y hay una clase política del pasado que no quiere irse y que busca mantener su peso político, ya sea porque siente que se juega su supervivencia, porque busca resurgir o por una franca obsesión con el poder”, señala Rangel.

Para Sebastián Garrido, académico del Centro de Investigación y Docencia Ecónomicas, no sorprende que sean viejos conocidos los que ocupen los nuevos espacios de participación política. “Los partidos actuales han hecho cada vez más pequeña la puerta de entrada para nuevas formaciones”, comenta. Los aspirantes tuvieron, por ejemplo, que elaborar 200 asambleas distritales con 300 afiliados en cada una o 20 asambleas estatales con 3,000 miembros en cada una, hasta amasar un 0,26% del padrón electoral. “Es una tarea muy compleja, se necesitan recursos, contactos y conocimiento previo, algo que solo tienen los políticos de carrera”, agrega. Para muestra, todas las cinco asociaciones que llegaron más lejos en el proceso tenían vínculos con los partidos establecidos o políticos con experiencia.

Uno de los candados que enfrentan los nuevos partidos es que tienen que superar un umbral del 3% de los votos en la próxima elección nacional para mantener su registro y no podrán aliarse a otros para aglomerar los votos necesarios. El Partido Encuentro Solidario, la nueva denominación del ultraconservador PES, por ejemplo, no podrá buscar otra alianza con López Obrador, un reto que ya superó en 2015, su primera votación federal. “En el contexto latinoamericano, los partidos evangélicos han tenido una penetración importante, aunque en México el PES ha batallado bastante para ser una fuerza nacional y se mantiene como un movimiento regional, en las zonas más conservadoras del país”, afirma Rangel.

Los debutantes contarán con menos recursos para las campañas que sus rivales establecidos y tendrán que batallar con el abstencionismo, que aumenta históricamente en las elecciones intermedias, donde no se elige al presidente. “Mientras que el voto progobierno se perfila como más cohesionado, la oposición llega desarticulada, con riesgo de fragmentarse aún más”, agrega el académico de la UNAM. Garrido, en cambio, no anticipa de entrada una fragmentación, aunque sí considera que parte de los votos del PAN peligra ante México Libre.

El proceso electoral, que comienza formalmente el próximo lunes, llega precedido por un ambiente político caldeado por la propuesta de López Obrador de celebrar una consulta popular para decidir si se debe juzgar a los expresidentes y por una serie de escándalos por casos de corrupción, con las relevaciones del exdirector de Petróleos Mexicanos Emilio Lozoya a la cabeza. Las filtraciones han afectado al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que arrastra el peor resultado de su historia, pero también han salpicado al PAN y al Partido de la Revolución Democrática, que aglomeró el voto de izquierda durante casi 25 años y ahora lucha por retener el registro.

Los partidos políticos son la institución peor evaluada entre los mexicanos, solo por delante de los diputados, de acuerdo con una encuesta publicada el año pasado por Consulta Mitofsky. Ante el descrédito reciente de la clase política del país y la tendencia a hacer alianzas pragmáticas en los comicios, la pregunta recurrente es si se necesitan más partidos, una cuestión que se decidirá en las urnas y que se antoja como el primer gran simulacro rumbo a las presidenciales de 2024.

Portazo a los sindicatos y a Elba Esther Gordillo

La intervención de los sindicatos ha sido uno de los puntos más polémicos en el proceso para los nuevos partidos políticos. Grupo Social Promotor de México buscó capitalizar la estructura del SNTE y del extinto Nueva Alianza, un partido fundado por Gordillo tras su ruptura con el PRI en 2005. Más de 500 asambleas que celebró la agrupación para cumplir con los requisitos de inscripción contaron con presidentes o secretarios afiliados al sindicato más grande de América Latina. Redes Sociales Progresistas también tuvo presencia de agremiados del SNTE, aunque en menor proporción, según el INE.

“Nuestras leyes no indican que un trabajador sindicalizado pierda su derecho de afiliación”, dijo el consejero Ciro Murayama ante las quejas presentadas contra las organizaciones sindicales. Su colega Uuc-kib Espadas coincidió, pero matizó que la Constitución sí prohíbe que los partidos se gesten dentro de los sindicatos. “Si negamos esta realidad, le estamos dando un partido político al SNTE”, aseguró Espadas en las reuniones de las distintas comisiones previas al fallo final. El INE encontró, además, que se entregaron u ofrecieron dádivas y recursos irregulares en los tres aspirantes con vínculos sindicales que fueron descalificados. Pese al revés a Gordillo, los grupos descalificados todavía pueden impugnar la decisión del INE, prevista a conocerse este viernes, ante el Tribunal Electoral.



regina