Internacional - Seguridad y Justicia

Indignación en Rochester: siete policías suspendidos después de sofocar a un hombre negro

2020-09-04

Daniel Prude, quien atravesaba por un episodio psicótico, murió después de que...

Daniel Prude, quien atravesaba por un episodio psicótico, murió después de que oficiales de policía le pusieran una capucha sobre la cabeza en marzo.

ROCHESTER, N.Y. — Siete oficiales de policía de Rochester, Nueva York, fueron suspendidos el jueves por asfixiar a un hombre negro al que detuvieron en marzo. El alcalde y altos funcionarios del estado enfrentan cada vez más cuestionamientos sobre por qué han pasado más de cinco meses antes de que se tomaran acciones.

El hombre, Daniel Prude, quien atravesaba por un episodio psicótico, fue esposado por los policías después de correr desnudo hacia la calle en mitad de una noche fría y decirle al menos a un transeúnte que tenía coronavirus. Prude comenzó a escupir y los agentes respondieron colocándole una capucha de malla sobre la cabeza, según videos registrados por las cámaras corporales de los policías.

Cuando intentó levantarse, los agentes lo obligaron a echarse boca abajo y uno de ellos empujó su cabeza en el pavimento, mostraron los videos. Prude estuvo sometido dos minutos y tuvo que ser reanimado. Murió una semana después en el hospital.

Su muerte no concitó atención generalizada sino hasta el miércoles, cuando su familia difundió los videos policiales sin editar del encuentro, que obtuvieron a través de un pedido de transparencia. La escena —un hombre negro, esposado y sentado en la calle sin nada encima excepto una capucha blanca— lucía como una espeluznante combinación de impotencia física y un recordatorio racista de otra era.

Rochester, una ciudad de 200,000 habitantes en el oeste de Nueva York, se convirtió en la ciudad más recientemente conmocionada por la muerte de una persona negra en custodia de la policía. Los manifestantes salieron a las calles.

Hacia las 9:45 p.m. del jueves, un grupo de tal vez 100 manifestantes se había reunido afuera del edificio de Seguridad Pública de Rochester en el Boulevard Exchange. La gente estaba sentada, gritando consignas y comiendo pizza.

Alrededor de las 10:30 p.m., una decena o más de agentes policiales que monitoreaban a los manifestantes desde detrás de una valla, recibieron refuerzos de unos 20 elementos con equipo antidisturbios.

Los oficiales rápidamente se dirigieron hacia la barricada y empezaron a lanzar un irritante hacia las personas. No quedó claro cuál había sido el motivo.

Los manifestantes se apretujaron contra la barricada y hacia la policía, lo que ocasionó que los oficiales volvieran a rociar irritante mientras los manifestantes gritaban “¿Por qué? ¿Por qué?”.

El intercambio duró unos 45 minutos o más, durante los que la policía lanzó repetidamente el irritante.

La acción disciplinaria en contra de los siete oficiales fue la primera medida en respuesta de la muerte de Prude. En conferencia de prensa la tarde del jueves, la alcaldesa Lovely Warren se disculpó con la familia Prude y dijo que a Prude le habían fallado “nuestro departamento de policía, nuestro sistema de salud mental, nuestra sociedad. Y le fallé yo”.

Warren no ofreció detalles sobre el motivo tras la demora en las investigaciones del encuentro, sucedido el 23 de marzo, pero insinuó había sido conducida al engaño por el jefe de policía, La’Ron D. Singletary.

“Experimentar una sobredosis de drogas y morir después en custodia de la policía, como me dijo el jefe, es totalmente distinto de lo que al final vi en el video”, dijo la alcaldesa.

Singletary se molestó el miércoles ante la insinuación de que su departamento hubiera intentado mantener la muerte de Prude lejos de la atención del público.

“Esto no es un encubrimiento”, dijo y agregó que había ordenado investigaciones penales e internas horas después del encuentro. Respaldó la respuesta de los policías de lo sucedido ante lo que en un principio había sido una llamada relacionada con un asunto de salud mental: “Nuestro trabajo es intentar conseguir algún tipo de intervención médica y eso es exactamente lo que sucedió esa noche”.

El miércoles, la fiscala del estado, Letitia James, declaró sobre el caso por primera vez al ofrecer condolencias a la familia de Prude y prometió una “investigación justa e independiente”.

“Trabajaremos incansablemente para brindar la transparencia y la rendición de cuentas que todas nuestras comunidades merecen”, dijo.

Las investigaciones en torno a los asesinatos de civiles no armados a manos de la policía están bajo la autoridad de la oficina de James y los resultados de la investigación no se dan a conocer hasta que concluye la indagación. En el caso de Prude, la investigación de James comenzó en abril y no ha terminado.

Sin embargo, tras una serie de asesinatos de alto perfil a manos de la policía en todo el país, entre ellos los de George Floyd y Breonna Taylor y el tiroteo a Jacob Blake, la tardanza entre la muerte de Prude y los llamados a la justicia tanto de James como del gobernador Andrew M. Cuomo –ambos demócratas que han sido tajantes en cuanto al asunto de la brutalidad policial– parecían incoherentes.

El forense del Condado Monroe determinó que la muerte de Prude había sido un homicidio causado por “complicaciones de asfixia en el contexto de sometimiento físico”, según el reporte de la autopsia.

El informe decía que entre los factores que contribuyeron a la muerte estaban “delirio con excitación” y una severa intoxicación de fenciclidina o la droga PCP.

La alcaldía no identificó a los oficiales que fueron suspendidos.

Entrevistas, registros policiales y grabaciones de las cámaras corporales ofrecen una inusualmente detallada línea de tiempo de lo que pasó la noche que Prude fue detenido por los agentes.

Caía una ligera nevada, las calles estaban vacías y oscuras a las 3 a.m. del 23 de marzo, cuando se recibió la llamada en la radio de la policía: un hombre desnudo, Prude, de 41 años, corría a la intemperie, bajo la influencia de la PCP, y gritaba que tenía el coronavirus.

Las horas previas al encuentro con la policía fueron turbulentas para Prude, quien luchaba contra una combinación de fantasía suicida y uso de drogas que una estancia de una hora en un hospital no había logrado resolver.

El día anterior, Daniel Prude había llegado a Rochester. Su hermano, Joe Prude, lo había recogido de un albergue en la cercana ciudad de Buffalo después de que Daniel fue expulsado de un tren proveniente de Chicago, donde vivía, le dijo Joe Prude a la policía.

Pero poco después, Prude comenzó a comportarse erráticamente, y acusó a su hermano de querer matarlo e incluso pareció intentar quitarse la vida. “Saltó 21 escalones hasta mi sótano, de cabeza”, le dijo Joe Prude a la policía.

Joe Prude hizo que su hermano fuera ingresado en el Strong Memorial Hospital para una evaluación. Prude fue dado de alta poco después, y regresó a la casa de Joe Prude, donde parecía haberse calmado. Pero luego pidió un cigarrillo, y cuando su hermano se levantó a conseguirlo, salió corriendo por una puerta trasera, apenas vestido.

Joe Prude llamó a la policía, dando una descripción de lo que su hermano vestía —“camiseta blanca, pantalones largos negros, sin zapatos, sin abrigo”— y dijo que parecía estar bajo la influencia de la fenciclidina. Le dijo a un agente que temía que Daniel hubiera corrido hacia el sonido del tren que se acercaba, para tal vez intentar hacerse daño de nuevo.

Mientras hablaban, llegó una llamada por la radio del agente: “Hay un hombre en el lugar con sangre en todas partes diciéndole al demandante que está enfermo y no lleva ropa”, anunció un operador.

Joe Prude, al oír la llamada, dijo: “Ese es mi hermano”.

Las imágenes de las cámaras corporales muestran a los oficiales llegar a la 3:16 a.m. cerca del centro de Rochester. Sus faros iluminaban a Prude, desnudo en la carretera. La policía cree que había roto un escaparate con un ladrillo y minutos antes había detenido a un conductor de grúa que pasaba y le dijo que tenía el coronavirus.

Un agente salió de su vehículo policial, apuntó una pistola paralizante a Prude y le ordenó que se tirara al suelo. Prude obedeció de inmediato, se tumbó boca abajo y con las piernas abiertas. No se resistió mientras los oficiales lo esposaban a la espalda.

Alternadamente exigió a los policías “salgan de encima” mientras imploraba, “En Jesucristo rezo”, en un momento pedía dinero, y en otros, un arma. Se podía oír a los agentes riéndose, hasta que Prude se agitó más. “Dame tu arma. La necesito”. Permaneció sentado todo el tiempo.

Los agentes parecían preocupados por la posibilidad de que Prude los contagiase de algo. Un día antes, con el coronavirus extendiéndose rápidamente, el estado había ordenado a todos los trabajadores no esenciales que se quedaran en casa. “Señor, usted no tiene sida, ¿verdad?”, le preguntó uno de ellos.

Prude escupió en el suelo varias veces, y aunque no apuntó a los agentes, su acción llamó su atención. “Deje de escupir”, dijo uno. “¿Alguien tiene una capucha para escupir?”, preguntó otro, refiriéndose al dispositivo comúnmente llevado por la policía y usado por los oficiales carcelarios.

A las 3:19 a.m., un agente desplegó una capucha blanca, se acercó a Prude por detrás y se la puso sobre la cabeza, donde colgaba con holgura. Prude comenzó a rodar por la carretera, suplicando que se la quitaran.

Un minuto después, tras escupir repetidamente dentro de la capucha y gritar “Dame el arma”, Prude pareció tratar de ponerse de pie. Tres agentes que habían guardado la distancia se apresuraron a su encuentro y lo empujaron hacia la calle.

Un agente, identificado como Mark Vaughn, sostuvo la cabeza de Prude boca abajo, pareciendo aplastarlo contra el pavimento mientras sostenía un puñado de la capucha.

Las airadas protestas de Prude se volvieron llanto, y luego se convirtieron en gruñidos y gorjeos incoherentes, según el video. Un policía le preguntó: “¿Estás bien?”. No hubo respuesta.

“Está vomitando, solo agua”, dijo un agente. “¿Ves esa agua salir de su boca?”.

Una ambulancia llegó. “Ponlo de espaldas”, instruyó un paramédico mientras los oficiales buscaban la llave de las esposas. Un paramédico comenzó a realizar la reanimación cardiopulmonar mientras Prude permanecía esposado.

Finalmente, se le quitaron las esposas, y Prude fue colocado en una camilla y en la ambulancia, donde se le administraron inyecciones de epinefrina y bicarbonato de sodio, y poco después, sus latidos regresaron por sí solos, según un informe policial.

El mismo oficial que había interrogado al hermano de Prude esa misma mañana volvió para decir que Prude había sido encontrado y hospitalizado. Joe Prude parecía aliviado. “Me alegro de que se haya ido por ahí”, le dijo al oficial, “y no por las vías de ese maldito tren”.

Prude vivía en Chicago con su hermana, y tenía cinco hijos adultos. Una de sus tres hijas, Tashyra Prude, dijo que sintió “rabia instantánea” cuando vio el video esta semana.

“La persona que todo el mundo ve en el video es totalmente diferente de la persona que yo conocí”, dijo.

Tashyra comenzará la universidad este otoño. “Esto es algo que quería hacer con mi padre al lado y me he visto privada de esa experiencia por lo que pasó y eso me rompe el corazón”, dijo.

El miércoles por la noche, al extenderse la indignación por las circunstancias de la muerte de Prude, Cuomo dijo que no había visto las imágenes de las cámaras corporales.

Sin embargo, para el jueves el gobernador pedía respuestas y decía que el video era “profundamente perturbador”, e instaba a acelerar la investigación.

“Por el bien de la familia del señor Prude y de la comunidad de Rochester, pido que este caso se concluya tan pronto como sea posible”, dijo el gobernador en una declaración. “Para que eso ocurra, necesitamos la completa y oportuna cooperación del Departamento de Policía de Rochester y confío en que cumplirá plenamente”.

Al publicarse las imágenes de la cámara, la percepción de Joe Prude sobre los hechos de esa noche de marzo se ha llenado de indignación. “Llamé por teléfono a pedir ayuda para mi hermano”, dijo a los periodistas el miércoles, “no para que linchen a mi hermano”.



regina