Salud

Los fármacos más caros del mundo: la gran esperanza para frenar la pandemia

2020-10-22

La viróloga Isabel Sola, también del CSIC, cree que la demanda de anticuerpos...

Por Manuel Ansede, Artur Galocha | El País

Esta frase memorable es de un ganador del Premio Nobel: “La pereza es la madre de la buena ciencia. La creatividad surge en momentos en los que no tienes nada que hacer”. En uno de estos descansos de las obligaciones diarias, al científico argentino César Milstein, autor de la frase, se le ocurrió fusionar una célula de un cáncer —inmortal y desbocada— con un modesto glóbulo blanco productor de anticuerpos, las defensas del cuerpo humano. El resultado fue un Frankenstein maravilloso, una especie de superglóbulo blanco que era capaz de generar proteínas defensivas sin parar. Milstein y un colega, el alemán Georges Köhler, habían inventado las fábricas de anticuerpos. En 1984 ganaron por ello el Nobel de Medicina.

Aquel arrebato de creatividad es hoy la base de una revolución. Su técnica para obtener anticuerpos muy específicos —llamados monoclonales— inauguró un nuevo frente en la guerra contra las enfermedades. Siete de los 10 medicamentos con mayores ventas el año pasado fueron anticuerpos monoclonales, como el trastuzumab, que ha aumentado la supervivencia de las personas con tumores de mama muy agresivos. Y, fracasados hasta la fecha los fármacos experimentales más prometedores contra el coronavirus, todo el mundo mira ahora a los anticuerpos monoclonales. El presidente estadounidense, Donald Trump, ya da la batalla por ganada al superar la covid tras recibir un cóctel experimental de estos anticuerpos. “Tenemos la cura”, proclamó el 11 de octubre. Así funciona la última gran esperanza para frenar la pandemia:

El virólogo español Luis Enjuanes, de 75 años, recuerda perfectamente el día que regresó a España tras pasar un lustro trabajando en los Institutos Nacionales de la Salud de EE UU. Aterrizó en Madrid el 1 de abril de 1980, con la nueva tecnología del argentino César Milstein bajo el brazo. “Yo fui el primero que hizo anticuerpos monoclonales en España, que yo sepa”, rememora Enjuanes. Hace 40 años los desarrolló contra el virus de la peste porcina africana y ahora dirige la participación española en el proyecto europeo Manco, que busca anticuerpos monoclonales eficaces contra el nuevo coronavirus.

“Después del primer trimestre de 2021 se empezarán los ensayos clínicos en humanos, si todo ha ido a la perfección”, explica Enjuanes, desde el Centro Nacional de Biotecnología (CSIC), en Madrid. En las próximas semanas llegarán a la capital en avión, metidos en nieve carbónica, unos anticuerpos monoclonales desarrollados por un equipo de la Universidad Erasmo de Róterdam (Países Bajos). El grupo de Enjuanes probará si funcionan en ratones humanizados infectados con el coronavirus. “Es un proyecto hiperacelerado”, resume el virólogo.

La iniciativa europea, sin embargo, va con meses de retraso respecto a las dos empresas estadounidenses que lideran la carrera: Regeneron y Eli Lilly. El fármaco que probó Trump es un cóctel de dos anticuerpos: uno obtenido de ratones modificados genéticamente y otro extraído de un paciente. El presidente estadounidense proclama que ese medicamento experimental de Regeneron es “la cura” de la covid, pero todavía no se ha demostrado ni su seguridad ni su eficacia en un gran ensayo. La Universidad de Oxford lo está probando desde septiembre en 2,000 pacientes.

El éxito no será fácil ni está garantizado. El 13 de octubre, las autoridades sanitarias de EE UU suspendieron temporalmente un ensayo en unos 300 pacientes hospitalizados tratados con bamlanivimab, un anticuerpo monoclonal de Eli Lilly, tras detectar un posible problema de seguridad que se está investigando. Como ocurre con las vacunas experimentales contra la covid, los científicos están comprimiendo el trabajo habitual de más de una década en unos pocos meses. Enjuanes, pese a todo, es optimista: “Seguro que llegan antes los anticuerpos monoclonales que las vacunas”

La viróloga Isabel Sola, también del CSIC, cree que la demanda de anticuerpos monoclonales será tan grande que habrá sitio para muchos fabricantes. “Una sola empresa no podrá abastecer todo el volumen de producto necesario”, advierte Sola. Regeneron calcula que podría tener dosis para 300,000 personas en los próximos meses, pero cada día se confirman precisamente 300,000 nuevos casos en el mundo. Los grupos de riesgo en los países ricos, como los ancianos y las personas obesas, podrían ser los principales beneficiarios.

La escasez puede disparar los precios de unos fármacos que ya son extremadamente caros. El precio anual de un tratamiento con anticuerpos monoclonales para una persona con cáncer en Estados Unidos ronda los 143,000 dólares, aunque los desarrollados para enfermedades infecciosas cuestan misteriosamente mucho menos, unos 30,000 dólares, según un estudio de 2018 de la Universidad de Pittsburgh. El científico argentino César Milstein, fallecido en 2002, ya lamentaba en su época esta especulación. “Estoy horrorizado con los precios que están cobrando por algunos de estos anticuerpos monoclonales dirigidos a células tumorales. Sé muy bien cuánto cuesta desarrollarlos. Lo que cobran es indignante”, afirmó en una entrevista incluida en el documental Un fueguito. La historia de César Milstein (2010).

El precio de estos tratamientos hace que sean inaccesibles para la mayoría de los pacientes que más los necesitan. Un reciente informe de la organización benéfica Wellcome Trust pone un ejemplo dramático: el 99% de las muertes por neumonías de bebés provocadas por el virus respiratorio sincitial se producen en países de bajos y medianos ingresos, pero el 99% de las ventas de Synagis —un tratamiento preventivo con anticuerpos monoclonales desarrollado por una empresa subsidiaria de la farmacéutica británica AstraZeneca— se concentran en Europa y EE UU. El virólogo Luis Enjuanes cree que “los precios se pueden abaratar muchísimo con el escalado para producir grandes cantidades” de anticuerpos monoclonales contra la covid.

Además de Regeneron, Eli Lilly y el proyecto Manco, multitud de grupos científicos buscan anticuerpos monoclonales contra el nuevo coronavirus. La Wellcome Trust calcula que hay al menos 70 tratamientos experimentales en desarrollo. Uno de estos grupos es el de la bióloga Laia Fernández en el Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (Idibaps), en Barcelona. Su equipo no utiliza ratones, sino que busca superanticuerpos en el suero sanguíneo de medio millar de personas que ya han superado la covid. Fernández, todavía sin socios industriales, espera tener en los próximos dos meses un cóctel de cuatro o cinco anticuerpos muy potentes contra el nuevo coronavirus.

“Los anticuerpos monoclonales no se administrarán a toda la población”, explica la bióloga. “A nivel preventivo, se podrían administrar a población de riesgo y al personal sanitario. A nivel de tratamiento, yo creo que se reservaría para los casos más graves”, vaticina Fernández.

La bióloga estructural Inés Muñoz y el inmunólogo Luis Álvarez-Vallina quieren dar un paso más allá. Sus equipos no utilizan ratones ni suero sanguíneo de pacientes, sino que estudian a escala atómica la interacción entre los virus y las células humanas, con la meta de diseñar “anticuerpos sintéticos” que bloqueen la infección. Si la tecnología de los anticuerpos monoclonales aprovecha y multiplica los trucos exitosos de los seres vivos, Muñoz y Álvarez-Vallina quieren superar a la naturaleza.

Su objetivo es muy ambicioso: generar en dos años anticuerpos artificiales que sean capaces de neutralizar el actual virus SARS-CoV-2, pero también otros coronavirus que salten de animales a humanos en los próximos años. “Podrían ser de extremada utilidad ante futuros brotes epidémicos”, opina Álvarez-Vallina, del hospital madrileño 12 de Octubre. El investigador habla de lograr “una inmunidad global” frente a diferentes coronavirus. Sobre el precio de esta estrategia, Muñoz, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), es pragmática: “Lo más importante es que funcione. Luego se podrá mejorar el proceso para abaratar al máximo el coste”.

Cuando el argentino César Milstein y el alemán Georges Köhler publicaron su descubrimiento de los anticuerpos monoclonales en la revista Nature, en 1975, añadieron una observación final tras muchas discusiones: “Podría ser valioso para uso médico e industrial”. Estuvieron a punto de borrar la frase en el último momento. A Milstein le parecía demasiado “presuntuosa”.

 

 



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