Panorama Norteamericano

En Miami-Dade, los jóvenes votantes cubanos escuchan a Trump

2020-10-27

Quienes apoyan las posturas radicales recibieron con beneplácito la decisión de Trump...

Por Patricia Mazzei | The New York Times

Los nuevos inmigrantes cubanos, que antes tenían poca participación en la política estadounidense, han empezado a identificarse como republicanos de Trump. Esto podría darle al presidente un impulso en un estado clave.

Desde hace tiempo, la creencia popular en cuanto al electorado de Florida ha sido que el destino político del condado de Miami-Dade era inevitable y que se volvería más demócrata conforme los cubanoestadounidenses de las nuevas generaciones fueran reemplazando a los exiliados cubanos mayores que integraban un poderoso bastión republicano.

Sin embargo, ahora parece que ese destino no estaba tan predeterminado como todos pensaban.

Los cubanoestadounidenses de segunda y tercera generación nacidos en Estados Unidos sí se han ido apartando del Partido Republicano de sus padres y abuelos. No obstante, existe otra tendencia que los demócratas identificaron apenas hace poco: los inmigrantes cubanos más recientes, que antes casi no mostraban interés en la política estadounidense, han comenzado a identificarse como republicanos trumpistas.

Aunque los números actuales no alcanzan a cambiar la preferencia de Miami-Dade, condado que Hillary Clinton ganó por un margen récord de casi 30 puntos porcentuales en 2016, sí podrían tener una gran influencia en la contienda. Esta situación explica en parte la inusual estridencia este año en la batalla electoral del condado más populoso de Florida, ya que la campaña del presidente Donald Trump intenta reducir la ventaja de los demócratas y compensar las pérdidas que espera en otras áreas, incluso entre los electores de mayor edad y las mujeres de los suburbios.

Si Trump logra reducir la ventaja de Joe Biden a 20 puntos porcentuales, por ejemplo, los cálculos matemáticos para las elecciones indican que Florida, estado que Trump debe ganar a como dé lugar, podría quedarse en el bando del presidente, incluso si las regiones de Tampa y Orlando se inclinan un poco hacia Biden.

Reducir el margen de diferencia en Miami-Dade sería una “enorme victoria”, afirmó el senador del estado Manny Díaz Jr., republicano de Hialeah, la ciudad con mayor población cubana del condado. “¿Cómo compensas eso en otra zona del estado?”.

Los demócratas han observado con alarma las actividades de los simpatizantes de Trump, que han organizado desfiles por las calles de Miami-Dade los fines de semana por la tarde, con todo y camiones que amplifican música popular cubana y ondean banderas de Trump, cubanas y estadounidenses. A bordo los tripulantes hacen ruido con ollas y sartenes. Se trata de un espectáculo de celebración que por lo regular solo se observa en esta ciudad cuando se festejan campeonatos del equipo de baloncesto Miami Heat.

Ha habido momentos tensos. El fin de semana pasado, cuando unos participantes que quedaron rezagados del contingente encabezado por “Cubanos con Biden” se cruzaron con una marcha de apoyo a Trump en la calle Ocho (SW Eighth Street) del barrio de la Pequeña Habana en Miami, algunos hombres que conducían vehículos en el desfile de Trump rodearon a un Honda Fit decorado con propaganda de Biden.

“Gritaron: ‘¡Comunista!’”, relató la conductora del Honda, Sofia Hidalgo, cubanoestadounidense de 18 años y estudiante universitaria que se mudó hace poco de Maryland a Miami.

Los hispanos que apoyan a los demócratas representan una proporción cada vez mayor del electorado latino de Florida, e incluyen a jóvenes de Puerto Rico, República Dominicana, Colombia y Venezuela. Biden cuenta con que le ayuden a conservar la delantera en Miami-Dade por unos 24 puntos porcentuales. Esa fue la cifra de apoyo que recibió el expresidente Barack Obama cuando ganó Florida en 2012.

Con el propósito de lograr esos números, Obama viajó el sábado a Miami, donde refutó directamente algunas afirmaciones de los republicanos sobre las tendencias socialistas (o algo peor) de su exvicepresidente, cuya trayectoria demuestra que es un demócrata moderado.

“Algunas de las cosas que escuchas aquí en el sur de Florida son solo inventos; son tonterías”, señaló Obama en un mitin en automóviles en el norte de Miami. “¡Según los republicanos, Joe es más comunista que los Castro! Ustedes no se crean esos cuentos absurdos”.

“La verdad”, continuó Obama, “es que promoverá los derechos humanos en Cuba y en todo el mundo, en vez de hacer migas con dictadores como hace nuestro actual presidente”.

El expresidente no mencionó las medidas tomadas por su gobierno en 2014 para restaurar las relaciones diplomáticas con Cuba, un avance que Trump casi ha hecho desaparecer por completo.

Quienes apoyan las posturas radicales recibieron con beneplácito la decisión de Trump de dar marcha atrás. En cambio, los cubanoestadounidenses que llegaron en épocas más recientes tienen sentimientos más complejos, explicó Guennady Rodríguez, de 39 años, quien llegó a Miami proveniente de Cuba en 2013.

Rodríguez, editor de un blog y podcast político local, “23 y Flagler”, apoyó la política de Obama y se opuso a la decisión de Trump de revertirla. No obstante, afirmó que otros cubanoestadounidenses menos involucrados en la política estadounidense se sintieron decepcionados de que la reconexión lograda por Obama, que en realidad solo duró un par de años, no haya logrado atemperar con rapidez el régimen cubano. Como consecuencia, justa o no, quedaron con una frustración persistente que los llevó a apoyar la imposición de nuevas sanciones, comentó.

“El gobierno cubano se ha dedicado desde hace algunos años a acabar con la libertad de expresión”, aseveró. “Es evidente que aquí las personas se sienten frustradas”.

Alex Otaola, de 41 años, influente de las redes sociales que combina cultura y política en un programa diario transmitido en vivo por YouTube, quizá sea la personalidad que con mayor vehemencia expresa y determina los puntos de vista de la generación reciente de cubanoestadounidenses más abiertos al discurso republicano. Otaola consiguió presentarle este mes a su gran audiencia en línea, —unos 100,000 espectadores que ven su programa a diario— un diálogo con el presidente Trump.

Otaola ha ganado notoriedad en círculos de cubanoestadounidenses republicanos por haber relatado que votó por Clinton, pero después cambió de parecer porque percibió en el Partido Demócrata un giro hacia la izquierda personificado por la representante Alexandria Ocasio-Cortez de Nueva York. La campaña de Trump está entre los anunciantes que pagan por aparecer en su espacio.

Uno de sus temas favoritos es criticar a artistas cubanos que tienen buenas relaciones con el gobierno de su país y buscan oportunidades para presentarse en Miami, una lucha que ha instigado una atmósfera anticomunista en esta zona desde hace décadas.

Para su reunión del 15 de octubre con Trump, Otaola usó un turbante verde y muchísimas pulseras. El representante Mario Diaz-Balart, republicano por Miami, fungió como su intérprete. Otaola le preguntó al presidente si podía enviarle una lista de 60 artistas y celebridades de nacionalidad cubana con supuestos vínculos con el régimen cubano para que el gobierno de Trump considerara la posibilidad de revocar sus visas para Estados Unidos.

“Así que estas son personas que no quieren tener”, dijo Trump, según un video de la reunión transmitido por Otaola. “Nos encargaremos de eso”.

En una entrevista, Otaola dijo que hablaba por los cubanos más jóvenes que experimentaron el comunismo de las dos décadas anteriores.

“He vivido aquí desde hace 17 años”, dijo. “Pasamos por las mismas cosas. Hablamos el mismo idioma. También estamos viendo las mismas señales que vivimos a flor de piel en nuestro país. Así que reconocemos lo que está pasando”.

Esas opiniones son compartidas por gente como Giancarlo Sopo, un cubanoestadounidense que se dio a conocer en Miami a los 20 años por trabajar en la política demócrata. Ahora trabaja como portavoz de la campaña de Trump.

“Nuestras familias huyeron del socialismo, somos culturalmente conservadores, las políticas del presidente son populares en nuestra comunidad y nos gusta la mano dura contra la izquierda”, dijo Sopo en un comunicado. “Los demócratas siempre han tenido voces de extrema izquierda, pero sus líderes fueron una vez lo suficientemente sabios como para mantenerlos a raya. Ahora los ensalzan como ‘el futuro’ del partido, por lo que muchos de nosotros nos consideramos parte de su pasado”.

Guillermo Grenier, profesor de Sociología en la Universidad Internacional de Florida, quien realiza una encuesta bienal entre la comunidad cubanoestadounidense de Miami, descubrió por primera vez este año que de los cubanos llegados entre 2010 y 2015 (los cubanos con fechas de ingreso más recientes que calificaron para obtener la ciudadanía) la mayoría se han registrado como republicanos. Mencionó que los cubanoestadounidenses nacidos en Estados Unidos “van en sentido contrario”, pues el 40 por ciento afirma ser republicano, el 35 por ciento demócrata y el 24 por ciento se declara sin afiliación partidista.

“El Partido Republicano en realidad goza de una posición sólida en las comunidades cubanas, y ahora cuando se integran nuevos cubanos no ven un Partido Republicano apagado como el que había en la época de Obama”, señaló Grenier.

Su encuesta también mostró que las actitudes de los cubanoestadounidenses tienden a cambiar con las políticas del partido que dirige la Casa Blanca: se oponían a las relaciones diplomáticas durante el mandato del expresidente George W. Bush, cambiaron de parecer cuando Obama estuvo al frente del gobierno y luego volvieron de nuevo a la postura de la época de Bush durante el gobierno de Trump.

“Eso demuestra que los cubanos se ajustan”, aseveró Grenier. “Dependiendo de quién esté en Washington, los cubanos reflejan esa política exterior, no la crean”.

Eso deja espacio para la persuasión, dijo Carmen Peláez, una dramaturga y cineasta que ayuda a dirigir Cubanos con Biden. Peláez dijo que trató de mantener conversaciones cordiales con otros cubanoestadounidenses para desafiar sus puntos de vista sobre los demócratas.

“Hay gente que llegó aquí desde Cuba hace tres años, y su memoria muscular —lo único que conocen como maniobras políticas— es lo que vieron en Cuba”, dijo. “Así que cuando se les dice con certeza, ‘Así es como se puede luchar contra el comunismo’, no pueden evitar reaccionar. Para mí, ahí es donde tenemos que escuchar”.

Peláez, de 49 años, escribió un post en sus redes sociales que los Cubanos con Biden son “100% anti-comunistas, 100% anti-fascistas y [están] 100% con Biden”. El eslogan está ahora impreso en la parte trasera de los carteles para el jardín de “Cubanos con Biden”.

Los demócratas como Biden se han resistido a aclarar que no son socialistas “por la misma razón que él no proclamó no ser un hombre lobo, porque es ridículo”, dijo Peláez.

“Jamás quieres confirmar una mentira al negarla”, agregó. “Pero los cubanos son tercos como mulas, y vivimos una revolución que fue muy engañosa, donde los vecinos mentían sobre sus vecinos. Así que cuando vi que a mi publicación le iba tan bien me dije que tenemos que colgar los guantes y decir: ‘Ven a mí, hermano’. Estoy tan harta de que mi familia me llame comunista”.

Ahora, dijo, varios cubanoestadounidenses mayores le han confiado que tienen la intención de votar por Biden. Incluso si no se lo dicen a sus familias.

 

 



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