Espectáculos

Los vestidos de la princesa Diana en The Crown

2020-11-21

La mezcla de romance azucarado y elegancia se balancean con delicadeza entre lo bucólico y...

Vanessa Friedman, The New York Times

¿Por qué seguimos obsesionados con el guardarropa de la princesa Diana?

La temporada 4 de The Crown ha vuelto a plantear la pregunta. La respuesta puede no ser la que esperas.

Y así, otra vez, volvemos a la princesa Diana. Como Jacqueline Kennedy Onassis, se ha convertido en una especie de Piedra de Rosetta de la cultura a la que volvemos una y otra vez, en busca de respuestas a nuestras propias elecciones en su límpida mirada triste y azul y en su cacofónico y llamativo vestuario.

Esta vez el renovado examen viene por cortesía de la temporada 4 de The Crown también conocida como la temporada de Diana. El escrutinio se ha ido construyendo desde el vigésimo aniversario de la muerte de la princesa en 2017, cuando Virgil Abloh declaró a Diana su musa de color crudo y el Palacio de Kensington organizó una exposición dedicada a sus trajes. Y aunque recibió un impulso el año pasado con un nuevo musical (con vestuario de William Ivey Long y una canción principal titulada “The Dress”) que se suponía que se dirigía a Broadway, la charla alcanzó un nuevo apogeo con el lanzamiento de la serie de Netflix.

Aquella en el que la princesa, interpretada por la actriz Emma Corrin, llama la atención de los Windsor, hace su debut público, se casa y se siente miserable, desarrolla un desorden alimenticio y, aún así, se convierte en un icono de la moda.

La que inspiró a la Vogue británica a poner a Corrin en la portada de su número de octubre con un vestido de tafeta azul zafiro de Oscar de la Renta con el título “Reina de corazones”. La que ha sido objeto de una exposición virtual en 3-D en el Museo de Brooklyn, The Queen and the Crown, con artículos variados del departamento de vestuario de la serie, incluyendo un vestido floral de dos piezas color frambuesa hecho para la gira australiana de la princesa y la nueva versión de esa famosa exageración de vestido de novia que recuerda a un merengue.

La que ha generado un hilo de Twitter tras otro comparando un traje verdadero con uno ficticio, y una oda tras otra a los Grandes Momentos de la Moda de Diana en casi todas las revistas de moda.

¿Por qué son importantes? No se trata realmente de los vestidos, queridos. Se trata de cómo sobrevivieron hasta ahora.

Después de todo, si hay algo que The Crown hace con su lealtad a la ropa del pasado, es mostrar cuán dignos de vergüenza fueron de hecho algunos de esos momentos de la moda. (Amy Roberts, la diseñadora de vestuario, ha dicho que no los recreó exactamente, sino que trató de capturar su esencia, al igual que Peter Morgan, el creador de la serie, habla de su fidelidad a la verdad histórica por encima de la exactitud). Los cuellos fruncidos y los cuellos marineros y las corbatas femeninas estilo pussy bow. Las batas de manga ancha y las faldas de mediana altura de Laura Ashley. La novedosa ropa de punto. Los overoles de huevos de Pascua y los pantalones de tela a cuadros.

La mezcla de romance azucarado y elegancia se balancean con delicadeza entre lo bucólico y lo cursi antes de convertirse en pura fantasía de Disney: tafetán, terciopelo, azules iridiscentes, el patito desaliñado que se convierte en un cisne cubierto de puntitos y seda.

Ahora mismo, comprensiblemente, no nos cansamos de tan indirecta exposición a la moda, dada nuestra actual realidad de ropa de andar en casa. El nebuloso y sentimental prisma de la nostalgia puede hacer delicioso incluso lo muy malo, de una manera irónica y consciente. Rowing Blazers ya ha vuelto a lanzar el famoso jersey de oveja negra de Diana —el que usó en un par de partidos de polo de su marido— a tal punto que incluso por 295 dólares está disponible solo por encargo y no llegará hasta enero como muy pronto. Y esto es solo Diana, Episodio 1.

El famoso “vestido de la venganza” negro con fruncidos que la princesa usó en una gala en 1994, la misma noche en que su marido confesó su amorío a la BBC, y los trajes de diseñador que favorecían a su figura en sus años de divorciada aún están por venir, quizás en la quinta temporada. Como el vestido de Dior diseñado por John Galliano usado en la gala del Met en 1996 y el vestido de columna de Versace que llevó en una gira por Australia el mismo año. Igual que las camisas de botones y los pantalones más sencillos que se convirtieron en el uniforme de su trabajo humanitario. Y la tragedia que la congeló en el tiempo.

Además, hay en ciernes otro proyecto sobre Diana, la película Spencer, protagonizada por Kristen Stewart.

A pesar de todo esto, Alexandra Shulman, la editora de la Vogue británica durante el apogeo de Diana y actual columnista contestataria del Daily Mail, escribió en un artículo reciente: “La princesa Diana era deslumbrante, pero no tiene sentido afirmar que fue una inspiración para la moda”.

Suena como un sacrilegio. Pero tiene razón. Diana no envió a diseñadores o fans a tomar nuevas direcciones porque se vistiera de una manera especialmente creativa e inventiva, o porque gravitara hacia lo extravagante e imaginativo, que luego usaba con tal entusiasmo que dejaba un rastro de ideas a su paso. (De hecho, quien le enseñó sobre moda fue Anna Harvey, entonces editora adjunta de la Vogue británica y canal hacia los diseñadores de Diana, que no parece formar parte del elenco de personajes de The Crown). Diana no era una de esas figuras públicas con un estilo personal identificable y consistente, aunque claramente le encantaba vestirse.

Más bien, la tendencia más grande que marcó —más grande que la moda de los anillos de compromiso con zafiros ovalados rodeados de diamantes, o la mayor de sus grandes hombreras— fue al ser la estrella original de la telerrealidad de la moda: una figura pública que usaba su ropa como una veleta personal, no para avanzar en la agenda de Estado sino para comunicarse directamente con el mundo exterior, incluso cuando simplemente sonreía y estaba de pie. Llevaba sus emociones no sólo a flor de piel, sino que las mostraba en sus prendas. Y porque todos podíamos verlas, todos podíamos identificarnos.

Joe DiPietro, autor del guion para el musical sobre Diana (que se estrenará la primavera siguiente en Netflix, por supuesto, ya que el teatro se ha suspendido durante la pandemia), le dijo a Elizabeth Holmes en su visionario nuevo libro, HRH: So Many Thoughts on Royal Style, que traza las historias y estrategias de vestimenta de las mujeres de Windsor desde la reina hasta Kate Middleton y Meghan Markle: “Ella realmente fue la primera gran influenciadora y manipuladora de las redes sociales”.

Es parte de lo que la hizo fascinante, y es lo que la hace parecer tan relevante. Se puede decir que es la razón por la que se analiza cada prenda que Melania Trump usa como un mensaje sobre su matrimonio y el motivo por el cual se ha trazado tan de cerca la evolución de la ropa de Kim Kardashian desde que se convirtió en una West. Diana preparó el escenario, y ahora todos vivimos en él.

Ella no hizo avanzar el arte de vestir; lo mantuvo girando justo donde estaba. Pero al hacerlo, como dijo DiPietro, ayudó a hacer posible el arte de Instagram.



JMRS