Diagnóstico Político

Elecciones presidenciales de Ecuador: ‘Quien gane tendrá muchas dificultades para gobernar’

2021-02-08

Millones de votantes hicieron fila en frente a las urnas, a veces durante horas, en medio de una...

Por José María León Cabrera, Anatoly Kurmanaev y Natalie Kitroeff | The New York Times

QUITO — Los ecuatorianos se dirigen a una segunda vuelta de las elecciones presidenciales tras una votación el domingo en la que un economista de izquierda obtuvo el mayor número de votos, pero no los suficientes para asegurar una victoria absoluta.

El economista Andrés Arauz, superó a un rival conservador, Guillermo Lasso, y a un activista indígena del medioambiente, Yaku Pérez, según las cifras preliminares publicadas por el consejo electoral de Ecuador tras el cierre de las urnas. Pero Lasso y Pérez estaban prácticamente empatados.

“Quien gane tendrá muchas dificultades para gobernar”, dijo John Polga-Hecimovich, experto en política latinoamericana de la Academia Naval de Estados Unidos. “Tendrá que conciliar la necesidad de atender los reclamos sociales con la realidad fiscal”.

Los votantes, golpeados por una profunda recesión y una pandemia que afectó a Ecuador de forma temprana y dura, estuvieron de acuerdo.

“Gane quien gane, al día siguiente tenemos que salir a trabajar mucho”, dijo Xavier Velarde, un guardia de seguridad de Quito de 26 años.

La principal diferencia entre los principales candidatos era su postura sobre Rafael Correa, el expresidente populista de Ecuador, una figura divisiva que sigue ejerciendo una gran influencia en la política del país desde Bélgica, donde vive.

Millones de votantes hicieron fila en frente a las urnas, a veces durante horas, en medio de una pandemia que ha asolado el país, subrayando lo mucho que está en juego en las elecciones y la polarización del país.

“Necesitamos un cambio que ponga a este país en un buen camino”, dijo Agustín Terán, de 52 años, quien trabaja como chofer. Dijo que votó por Lasso.

Desconocido por muchos ecuatorianos hasta hace poco, Arauz se vio catapultado al frente de la contienda tras convertirse en el candidato del movimiento político encabezado por Correa. Se presentó con la promesa de acabar con la austeridad económica del actual gobierno y restablecer el fuerte gasto social de los mandatos de Correa, que coincidieron con un auge de los precios de las exportaciones de materias primas.

La elevada deuda de Ecuador y la debilidad de los precios del petróleo, así como las limitaciones políticas provocadas por el uso del dólar estadounidense como moneda oficial, le dificultarán el cumplimiento de muchas de sus promesas si gana la próxima ronda, según los analistas.

Correa, el carismático expresidente, gobernó al país durante un auge económico a principios de siglo que ayudó a muchos líderes izquierdistas en América Latina a sacar de la pobreza a millones de personas y a construir una perdurable base popular.

La ola izquierdista ya amainó; la mayoría de sus líderes fueron acusados de corrupción y de extralimitarse en su poder. El mismo Correa fue considerado culpable de cohecho agravado, enfrenta 35 investigaciones penales y tiene prohibido volver a postular a la presidencia.

Pero, como otros líderes poderosos de la llamada marea rosada, sigue teniendo peso en el panorama político.

Correa repartió parte de las ganancias petroleras del país en ayudas en efectivo a los pobres y construyó escuelas, carreteras y viviendas muy subsidiadas, como las hileras de departamentos de tres pisos en Ciudad Bicentenario.

Pero después de que los precios del petróleo se desplomaron en 2014, la economía básicamente se paralizó y la pandemia terminó de empujar el estancamiento a una crisis devastadora. La actividad económica se contrajo alrededor del 9 por ciento el año pasado cuando el coronavirus dejó cientos de cadáveres dispersos por las calles de Guayaquil, la segunda ciudad más grande de Ecuador.

La larga sombra política de Correa en Ecuador demuestra el modo en que los líderes populares sudamericanos siguen ejerciendo su poder incluso después de concluidos sus mandatos, a menudo gracias a una base duradera.

El expresidente de Bolivia Evo Morales, quien abandonó el cargo por la presión de los militares luego de que buscó elegirse para un cuarto mandato, ha seguido eligiendo a los candidatos de su partido después de volver del exilio en noviembre.

En Argentina, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner ha continuado ejerciendo una gran influencia en su partido después de volver a la vida pública como vicepresidenta en 2019.

En el vecino Perú, donde las elecciones presidenciales se llevarán a cabo en abril, la hija del encarcelado expresidente Alberto Fujimori, es candidata y va en segundo lugar según algunos sondeos, a pesar de que la contienda sigue muy volátil.

Y en Cuba, Nicaragua y Venezuela, líderes que alguna vez fueron populares, o sus protegidos, han esquivado procesos electorales libres y justos para perpetuar su mandato.

El sucesor de Correa y su anterior vicepresidente, Lenín Moreno, desea que Ecuador rompa ese molde, al argumentar que los líderes que se aferran tanto al poder no son saludables para la democracia.

“La eternalización en el poder lastimosamente provoca que la gente que lo ejerce adquiera siniestralidades, que en más de una ocasión lindan con la corrupción y hasta con los crímenes de lesa humanidad”, dijo Moreno en una entrevista durante su visita a Washington el mes pasado. “Al momento en que termina su periodo tiene que decir: ‘Ya no más’”.

Después de ganar las elecciones en 2017, Moreno rompió con su antiguo aliado y revirtió radicalmente el camino del país: abandonó el populismo de izquierda de Correa y su retórica antiimperialista en favor de una política económica conservadora y lazos más estrechos con Washington.

Moreno también dijo que había intentado reconstruir las instituciones democráticas, dañadas por lo que él llamó el desdén hacia las reglas de su antecesor. Supervisó la reestructuración de la corte más alta del país para hacerla más independiente, renegoció la deuda de Ecuador y detuvo los ataques del gobierno a la prensa, aseguró.

“Lo que ellos armaron, lastimosamente perdió el rumbo”, dijo Moreno en referencia al gobierno anterior.

Moreno decidió no reelegirse y volvió a instituir los límites al mandato presidencial que Correa había eliminado. Su gobierno también llevó a cabo investigaciones de corrupción que resultaron en la condena del expresidente y la encarcelación de ocho de sus ministros.

Pero la austeridad de las medidas de Moreno lo volvieron muy impopular, lo que ha hecho que muchos ecuatorianos anhelen el regreso de Correa.

Correa dijo que los cargos de corrupción en su contra eran políticos y advirtió que Moreno era “el peor traidor de la historia del Ecuador”.

Dijo que las medidas de austeridad económica deberían eliminarse y que había que reemplazar a los magistrados que Moreno nombró. El presidente y el fiscal general que lo investiga, dijo Correa, terminarían en la cárcel.

Esa política radical muestra el costo de los liderazgos prolongados en América Latina, como el de Correa, dijo Risa Grais-Targow, analista en la consultora Eurasia Group, una consultora de política de riesgo.

“Todo se convierte en un referéndum sobre Correa”, dijo. “El resultado son estas oscilaciones constantes, en las que los líderes cambian el sistema según les conviene antes de que sus sucesores intenten deshacerlo”.

Estas oscilaciones socavan la estabilidad económica y la confianza de los inversionistas, lo que hace que el avance del país sea más difícil, dijo Grais-Targow.

Correa dijo que seguiría viviendo en Bélgica, pero defendió la persistencia de sus ambiciones políticas. Dijo que iba a asesorar a Arauz si llega al poder, y aseguró estar “en perfecta sincronía” con el candidato.

“¿Cuál sería el problema?”, dijo Correa cuando se le preguntó si volvería a postularse en el futuro. “Los liderazgos son deseables, ningún país se ha desarrollado sin liderazgo”.

Los analistas políticos dicen que quien gane la elección tendría dificultades para cumplir la promesa de una pronta recuperación. Las arcas del país están vacías y gran parte de las exportaciones petroleras se emplean para pagarle a China los préstamos.

“La situación no es igual, la economía no está igual”, dijo José Fernández, un jubilado de Ciudad Bicentenario, refiriéndose a los años de auge correísta. “La va a tener difícil”.



Jamileth