Consultorio Médico

El síndrome ligado a la COVID-19 en los niños aumenta y los casos son más graves

2021-02-17

Algunos pacientes desarrollan una cardiomiopatía, que endurece el músculo cardiaco, o...

Pam Belluck | The New York Times

La afección, que generalmente surge varias semanas después del contagio, sigue siendo poco común pero puede ser peligrosa. “Un mayor porcentaje están gravemente enfermos”, dijo un médico.

A Braden Wilson, de 15 años, le asustaba la COVID-19. Tenía cuidado de usar cubrebocas y solo salía de su casa, en Simi Valley, California, para sus citas con el ortodoncista y las visitas a sus abuelos que vivían cerca.

No obstante, el virus alcanzó a Braden. Le ocasionó un daño despiadado en forma de un síndrome inflamatorio que, por razones desconocidas, afecta a algunos jóvenes, por lo general varias semanas después del contagio de coronavirus.

Los médicos del Hospital Infantil de Los Ángeles conectaron al adolescente a un respirador y a una máquina de derivación cardiopulmonar, pero no pudieron evitar que sus órganos principales se deterioraran. El 5 de enero, “declararon oficialmente que tenía muerte cerebral”, relató su madre, Amanda Wilson, entre sollozos. “Mi hijo se había ido”.

Los médicos de Estados Unidos han observado un sorprendente aumento en la cantidad de jóvenes que presentan la enfermedad que padecía Braden, denominada síndrome inflamatorio multisistémico en niños (MIS-C, por su sigla en inglés). Aseguran que lo más preocupante es que ahora hay más pacientes graves que durante la primera oleada de casos, la cual alarmó a médicos y padres de todo el mundo durante la primavera pasada.

“Ahora estamos recibiendo más niños con MIS-C, pero en esta ocasión parece que un mayor porcentaje de ellos está bastante grave”, comentó Roberta DeBiasi, directora de enfermedades infecciosas del Hospital Nacional de Niños de Washington D. C. La especialista señaló que, durante la primera oleada que llegó al hospital, aproximadamente la mitad de los pacientes necesitaban tratamiento en la unidad de cuidados intensivos, pero ahora lo necesita entre el 80 y el 90 por ciento.

Las razones no son claras. Esta oleada se produce tras el pico general de casos de COVID-19 en Estados Unidos después de la temporada de vacaciones de invierno, y es posible que un mayor número de contagios simplemente aumente las posibilidades de que se presenten complicaciones graves. Hasta ahora, no hay pruebas de que las variantes recientes del coronavirus sean las causantes, y los expertos dicen que es demasiado pronto para especular sobre cualquier efecto de las variantes en el síndrome.

El padecimiento sigue siendo inusual. Las cifras más recientes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos muestran 2060 casos en 48 estados, Puerto Rico y el Distrito de Columbia, e incluyen 30 fallecimientos. La media de edad fue de 9 años, pero ha afectado desde bebés hasta jóvenes de 20 años. Los datos, que solo están completos hasta mediados de diciembre, muestran que el índice de casos ha aumentado desde mediados de octubre.

Aunque la mayoría de los jóvenes, incluso los que enfermaron de gravedad, han sobrevivido y han vuelto a sus casas en condiciones relativamente saludables, los médicos no saben si alguno presentará problemas cardiacos u otras afecciones.

“En realidad no sabemos qué ocurrirá a largo plazo”, afirmó Jean Ballweg, directora médica de trasplantes cardiacos pediátricos e insuficiencia cardiaca avanzada en el Children’s Hospital & Medical Center de Omaha (Nebraska), donde de abril a octubre el hospital atendió unos dos casos al mes, un 30 por ciento de ellos en la Unidad de Cuidados Intensivos. La cifra aumentó a diez casos en diciembre y a doce en enero, y el 60 por ciento necesitó cuidados en la UCI, la mayoría de ellos con respiradores. “Claramente, parece que están más enfermos”, dijo.

Los síntomas del síndrome pueden incluir fiebre, sarpullidos, ojos rojos o problemas gastrointestinales. Y pueden evolucionar hasta provocar una disfunción cardiaca, incluido el choque cardiogénico, en el que el corazón no puede comprimirse lo suficiente para bombear la sangre. Algunos pacientes desarrollan una cardiomiopatía, que endurece el músculo cardiaco, o arritmia. Ballweg dijo que un joven de 15 años en su hospital necesitó un procedimiento que funcionaba como un marcapasos temporal.

Los hospitales afirman que la mayoría de los pacientes dan positivo en las pruebas de anticuerpos contra la COVID-19, lo que indica una infección previa, pero algunos pacientes también dan positivo en las pruebas de infección activa. Muchos niños estaban sanos antes y tenían pocos o ningún síntoma de su infección inicial por COVID-19. Los médicos no están seguros de cuáles son los factores que predisponen a los niños al síndrome. Jane Newburger, jefa asociada de asuntos académicos en el departamento de cardiología del Hospital de Niños de Boston, lidera un estudio a nivel nacional y dijo que los pacientes con obesidad y algunos niños mayores parecen estar peor.

El 69 por ciento de los casos reportados han afectado a jóvenes latinos o negros, lo que los expertos creen que se debe a factores socioeconómicos y de otro tipo que han expuesto de manera desproporcionada a esas comunidades al virus. Pero el hospital de Omaha, donde los primeros casos se produjeron principalmente entre hijos de padres latinos que trabajaban en las empacadoras de carne, ahora “está viendo la llegada de un espectro mucho más amplio que incluye todos los orígenes étnicos”, dijo Ballweg.

Jude Knott, de 4 años, estuvo hospitalizado en Omaha durante diez días después de presentar dolores de cabeza, fiebre, vómitos, ojos rojos y un ritmo cardiaco acelerado.

“Fue una montaña rusa”, señaló su madre, Ashley Knott, entrenadora profesional en una organización sin fines de lucro de Omaha que ayuda a los adolescentes de bajos ingresos.

Para explicarle a Jude las infusiones de inmunoglobulina intravenosa que le estaban administrando los médicos, le dijo que estaban “‘poniendo ninjas en tu sangre para que puedan luchar’”. Para las inyecciones de anticoagulantes, que el niño odiaba, le dijo: “‘Campeón, están haciendo que tu sangre pase de ser una malteada a ser agua porque necesitamos que sea agua’. Le decía cualquier cosa para ayudarlo a entender”.

Hace poco, Jude volvió a la guardería de tiempo completo. Tiene una arteria coronaria dilatada, pero está mejorando, afirmó su madre.

“Sin duda está presentando un poco de ansiedad”, dijo Knott. “Me preocupa que a los 4 años esté soportando algunas preocupaciones de adulto”.

Los médicos dijeron que han descubierto tratamientos eficaces que, además de esteroides, inmunoglobulina y anticoagulantes, pueden incluir medicamentos para la presión arterial, un inmunomodulador llamado anakinra y oxígeno suplementario. Según los expertos, algunos hospitales utilizan más los respiradores que otros.

No obstante, aunque los médicos están descubriendo más factores, los pediatras pueden pasar por alto el síndrome al inicio porque los primeros síntomas pueden asemejarse a algunos padecimientos comunes.

Mayson Barillas, de 11 años, vive en Damasco, Maryland, y comenzó a sentirse mal el día de Año Nuevo. “Me empezó a doler el estómago, fui a mi partido de fútbol y luego me dio fiebre”, dijo.

Su madre, Sandy Barillas, asistente médica en un consultorio de salud para mujeres, le dio Alka Seltzer, Pepto Bismol y Tylenol. Varios días después, desarrolló dificultad para respirar y fueron a una clínica de atención urgente.

Allí, una prueba rápida de COVID-19 fue negativa, al igual que las evaluaciones para estreptococos, influenza y apendicitis. La señora Barillas explica que le dijeron: “Fue como una gripe estomacal”.

Pero al día siguiente, Mayson tenía los ojos hinchados y los labios con ampollas rojas. “Comenzó a desarrollar dolores corporales muy fuertes y ya no podía caminar”, dijo. Ella lo llevó a una sala de emergencias, y de ahí lo transfirieron al Hospital Nacional de Niños, donde los médicos dijeron que presentaba un shock cardiogénico.

“Fue muy aterrador”, dijo Barillas. “Nunca había oído hablar de ese síndrome”.

Mayson pasó ocho días en el hospital, cuatro en la UCI. Desde que lo dieron de alta, ha visto a un hematólogo, un reumatólogo y un cardiólogo y, por ahora, está tomando anticoagulantes. La parte más difícil, dijo Mayson, una estrella de fútbol local, es estar temporalmente al margen de los deportes, como aconsejan los médicos a la mayoría de los pacientes durante varios meses.

“Fue muy impactante para todos en la comunidad que se preguntaban: ‘¿Cómo le pasó esto a alguien tan saludable?’”, dijo Barillas.

En un funeral celebrado el 5 de febrero, Braden Wilson fue recordado como un adolescente creativo y de buen corazón al que le gustaba el cine y la moda. Se expusieron sus pinturas al óleo salpicadas de color.

Su madre leyó un poema que escribió Braden y que está en el refrigerador de sus abuelos, Fabian y Joe Wilson, con quienes era muy unido: “Aférrate a los sueños/ porque si los sueños crean/ la vida es un hermoso lienzo/ una obra maestra pintada a lo grande”.

No está claro por qué el síndrome afectó tanto a Braden. La señora Wilson dijo que no tenía problemas de salud graves. Ella dijo que tenía sobrepeso pero era activo, nadaba tres veces por semana y tomaba clases de danza y yoga en su escuela secundaria de artes y ciencias.

Los síntomas comenzaron en la víspera de Año Nuevo, cuando comenzó a vomitar y a tener fiebre. Su madre lo llevó a una sala de emergencias, donde dio positivo por el coronavirus, recibió tratamiento que incluía un nuevo fármaco de anticuerpos monoclonales y fue enviado a casa.

Pero la fiebre persistió y dos días después, presentó diarrea y sus labios y dedos se pusieron azules. Wilson llamó al 911. Cuando llegaron los paramédicos, dijo, estaba “acostado en su cama, casi sin vida”.

En el hospital, lo conectaron a un ventilador y lo trasladaron al Hospital de Niños de Los Ángeles, que al igual que varios hospitales ha establecido una clínica MIS-C con varios especialistas.

“Braden fue uno de nuestros pacientes más enfermos”, dijo Jacqueline Szmuszkovicz, quien trabaja como cardióloga pediátrica.

Los médicos lo conectaron a una máquina de circulación extracorpórea, lo sometieron a diálisis y le realizaron un procedimiento cardíaco para aliviar la presión. “Tenía lo que llamaríamos insuficiencia orgánica multisistémica grave: sus pulmones, su corazón, sus riñones”, dijo Szmuszkovicz.

Entre lágrimas, la señora Wilson dijo que después de unos días, Braden comenzó a sangrar por la boca, los ojos y la nariz, y los médicos finalmente no pudieron detectar la actividad cerebral. “Les pregunté específicamente: ‘¿Hay alguna posibilidad de que se recupere de esto?’”, afirmó. “Y dijeron que no”.

Sus familiares se conectaron por FaceTime para despedirse antes de que le retiraran el soporte vital. Wilson dio su consentimiento para que los médicos tomaran muestras de sangre de su cuerpo con el fin de que realizaran estudios de investigación.

Wilson nunca había escrito poesía pero, desde la muerte de Braden, ha borroneado algunos versos.

“Ahora tu corazón ya no late y no puedo tenerte en mis brazos”, dice uno. “Pero recuerdo esos días/ Cuando mi útero te protegía del daño/ Viviste una vida de belleza/ de risa y de gracia/ Te tengo dentro de mi corazón/ Siempre compartiremos ese espacio”.



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