Entre la Espada y la Pared

Las pandemias pasan, pero el racismo continúa

2021-03-05

Conforme han llegado más personas no blancas a Estados Unidos y comienzan a generar poder...

Jorge Ramos, The New York Times

Estados Unidos — Las pandemias pasan. El racismo no. Y cuando un presidente como Donald Trump acusa injustamente a un grupo étnico o a una nación por la actual pandemia del coronavirus, las consecuencias pueden propiciar discriminación y violencia.

Este es el caso de Vicha Ratanapakdee, un hombre de 84 años de Tailandia, quien fue brutalmente atacado mientras caminaba en el vecindario de Anza Vista en San Francisco. Eran cerca de las 8:30 de la mañana de un jueves de enero cuando, de acuerdo con la policía, un joven de 19 años corrió contra la víctima y lo golpeó, sin razón aparente. Ratanpakdee murió de la caída dos días después en el hospital.

Sus familiares creen que se trata de un crimen de odio, un acto cometido contra Ratanpakdee por el simple hecho de que era un hombre de origen asiático. Desafortunadamente, no ha sido la única víctima de la violencia contra la comunidad asiática en Estados Unidos en los meses recientes.

A finales de enero, un hombre de 91 años que caminaba por una calle de Chinatown en Oakland fue golpeado por la espalda por un individuo. El anciano cayó contra el piso pero sobrevivió el golpe. Este ataque ocurrió a plena luz del día frente al Asian Resource Center, donde se reúnen miembros de la comunidad asiáticoestadounidense. Un hombre de 28 años fue acusado por el ataque.

Ambos episodios fueron grabados por cámaras de seguridad. Pero muchos más han ocurrido sin ningún registro.

Del 19 de marzo al 31 de diciembre de 2020, la organización Stop AAPI Hate recibió 2808 reportes de primera mano de ataques contra la población asiáticoestadounidense y de isleños del Pacífico (conocidos, por su sigla en inglés, como AAPI) en 47 estados y el distrito de Columbia. Esta organización fue creada el año pasado para reportar, denunciar y detener los actos de violencia y xenofobia contra la comunidad asiáticoestadounidense en el país, que han aumentado de manera alarmante durante la pandemia. Las agresiones van desde robos y golpes hasta escupitajos e insultados verbales. En más del 90 por ciento de los casos reportados la razón del ataque es, simplemente, la raza de la víctima.

¿Por qué está pasando esto?

“La retórica esparcida por el gobierno anterior cuando comenzó la pandemia —usando términos como ‘el virus chino’ o ‘Kung Flu’— ha hecho que los asiáticoestadounidenses sean atacados por gente racista”, me dijo en una entrevista el actor Daniel Wu, protagonista de la serie Into the Badlands, quien nació en Berkeley, California, trabajó muchos años en Hong Kong y ahora forma parte de la campaña para prevenir más ataques.

Es difícil entender qué hace que un joven empuje violentamente al piso a un anciano.

Lo que está claro es que los ataques no solo han estado ocurriendo durante la pandemia, sino también en medio de una revolución demográfica y cultural en Estados Unidos.

Entre 2000 y 2015, de acuerdo con el Pew Research Center, la población asiáticoestadounidense creció un 72 por ciento, y se convirtió en el grupo étnico de más rápido crecimiento en Estados Unidos, superando el crecimiento de 60 por ciento de los latinos durante el mismo periodo. Esto se debe, en parte, a que en los últimos años la ha entrado al país un mayor número de inmigrantes de origen asiático que de origen latinoamericano.

De acuerdo al censo de 2018, hay 22,6 millones de personas de origen asiático viviendo en Estados Unidos (lo que representa casi el 7 por ciento de la población). Las comunidades más grandes vienen de China, India y Filipinas.

En 2044, la población blanca dejará de ser mayoría, según las proyecciones de la oficina del censo. Y lo que hemos visto —tanto en las calles de los llamados barrios chinos en distintas ciudades del país, en Charlottesville, Virginia, en 2017, y en los pasillos del Capitolio en Washington el 6 de enero— es el resentimiento e incomprensión de un pequeño pero agresivo sector que se resiste a aceptar que su país está cambiando y que ahora es de muchos colores.

Conforme han llegado más personas no blancas a Estados Unidos y comienzan a generar poder económico y político, su visibilidad crece. Y también aumentan la xenofobia y las críticas injustas que enfrentan.

Los ataques e insultos contra la comunidad asiáticoestadounidense tienen muchas similitudes con los que hemos sufrido durante siglos las comunidades latina, negra y nativa estadounidense en este país. Una expresión racista muy frecuente contra los latinos —y ahora también contra asiáticoestadounidenses— es decirnos que nos regresemos a nuestro país, cuando millones de nosotros somos ciudadanos estadounidenses.

La peligrosa combinación de resentimiento antiinmigrante y retórica de Donald Trump ha generado una situación explosiva en las calles de California y del resto de Estados Unidos.

Por fortuna, muchos estadounidenses están listos para actuar. Conversé hace unos días con dos activistas y organizadores comunitarios, Forrest Liu y Will Lex Ham, justo antes de comenzar su patrullaje de seguridad por Chinatown en San Francisco.

Estapan por repartir panfletos con información en su idioma sobre cómo protegerse de posibles ataques a comerciantes y visitantes. “También les estamos dando silbatos a la gente y somos sus ojos para desalentar el crimen”, me dijo Lex Ham, quien también es actor.

Estos esfuerzos comunitarios, ha sido acompañados por un memorando reciente firmado por el presidente Joe Biden para combatir prejuicios contra los asiáticos y la promesa del Departamento de Justicia de investigar la violencia racista.

Los nuevos ataques son coletazos de un pasado que se va. Pero son muy dolorosos. “Creo que el racismo se ha desenfrenado en este país en los últimos años”, me dijo para concluir el actor Daniel Wu, “y todos lo estamos sintiendo”.

La pandemia, tarde o temprano, va a desaparecer. Pero, como dice una frase conocida, no hay vacuna para el racismo. Por eso la idea de una sociedad en la que todos seamos iguales —como se describe en la declaración de Independencia de Estados Unidos— sigue siendo una promesa por la que hay que seguir luchando cada día.



Jamileth