Ciencia y Tecnología

La desinformación sobre las vacuna ataca a las comunidades hispanas y negras

2021-03-10

Las comunidades negras e hispanas, confrontan las teorías conspirativas sobre las vacunas,...

Por Sheera Frenkel | The New York Times

SAN JOSÉ, California — Era un día inusualmente cálido de febrero y dos hombres de un grupo comunitario local iban de puerta en puerta por un barrio con la finalidad de persuadir a los vecinos –una mezcla étnicamente diversa— con el fin de que se registraran para la vacunación contra la COVID-19.

Era poco después de las 11:00 a. m. cuando se encontraron con la primera persona reticente a vacunarse. Dos puertas y media hora más tarde volvió a suceder. Durante casi una hora estuvieron en el jardín delantero de George Rodriguez, de 67 años, conversando sobre el vecindario, la pandemia y las vacunas disponibles.

“Veo todas estas cosas en línea, de cómo va a cambiarme el ADN. Le hace algo al ADN, ¿verdad?”, pregunto Rodriguez, que es hispano. “Hay muchas cosas, mucha información contradictoria. Y luego escucho que si te vacunas comoquiera puedes enfermar. ¿Para qué me vacuno, entonces?”.

Las comunidades negras e hispanas, que han sido las más afectadas por la pandemia y cuyas tasas de vacunación son más lentas que las de las personas blancas, confrontan las teorías conspirativas sobre las vacunas, rumores y reportes noticiosos engañosos en redes sociales como Facebook, Instagram, YouTube y Twitter así como en aplicaciones de mensajería privada, dijeron las autoridades de salud e investigadores de desinformación.

La desinformación varía. Hay afirmaciones de que las vacunas alteran el ADN —algo que no es cierto— y que las vacunas no funcionan, o que las personas de color son usadas como conejillos de indias. Gran parte de esta información incorrecta proviene de amigos, familiares y celebridades y surge en comunidades que han sido particularmente impactadas por la pandemia y que enfrentan una serie de obstáculos para vacunarse.

Los medios extranjeros y activistas antivacunas también han intentado agresivamente sembrar dudas en la seguridad y eficacia de las vacunas fabricadas en Estados Unidos y Europa.

La desinformación ha complicado los esfuerzos de algunos estados para llegar hasta los habitantes negros e hispanos, en particular porque los funcionarios de salud han dado códigos especiales de registro para las citas de vacunación. Más que ser vistos como un beneficio, los códigos se han convertido en la base de nuevos relatos falsos.

“Lo que en principio podría percibirse como una priorización de las comunidades de color por parte de los médicos, en realidad, se ve en línea como: ‘Ay, esos doctores quieren que vayamos primero para ser conejillos de indias’”, dijo Kolina Koltai, investigadora de la Universidad de Washington que estudia teorías conspirativas en línea. “He visto gente en Facebook, Twitter, YouTube, Clubhouse —en donde sea— que dicen que los códigos son un modo de obligar a las comunidades de color a vacunarse como un experimento”.

La investigación realizada a mediados de febrero por la organización sin fines de lucro Kaiser Family Foundation a mediados de febrero mostró una llamativa disparidad entre los grupos raciales que se han vacunado en 34 estados que reportaron dicha información.

Las cifras varían ampliamente por estado. En Texas, donde las personas que se identifican como hispanas representan el 42 por ciento de la población, solo el 20 por ciento de las vacunas se habían destinado a ese grupo. En Misisipi, donde las personas negras conforman el 38 por ciento de la población, recibieron el 22 por ciento de las vacunas. Según un análisis de The New York Times, la tasa de vacunación para estadounidenses negros es la mitad de la tasa de las personas blancas y la brecha con los estadounidenses hispanos es incluso mayor.

Aunque los investigadores dicen que la falta de facilidades de acceso para los sitios de vacunas podría ser el principal factor de ese déficit, la información errónea está influyendo.

La creencia de que los médicos tienen el interés de experimentar con ciertas comunidades está profundamente enraizada entre ciertos grupos, dijo Koltai. Los activistas antivacunas han recurrido a ejemplos históricos, entre ellos de médicos nazis, que realizaron experimentos en campos de concentración y del hospital de Baltimore en el que, hace 70 años, se recolectaron células cancerosas de Henrietta Lacks, una mujer negra y madre de cinco chicos sin su consentimiento.

“Lo que tiene la desinformación es que funciona mejor cuando se construye en torno a algo de verdad. En este caso, muchas comunidades de color desconfían del sistema médico porque no han tenido la mejor experiencia”, dijo Shireen Mitchell, fundadora de Stop Online Violence Against Women, un grupo que brinda apoyo a las mujeres de color que son acosadas en línea.

Un experimento llevado a cabo en 1943 en casi 400 hombres negros en Tuskegee, Alabama es uno de los ejemplos más investigados de maltrato médico en la comunidad negra. Durante cuatro décadas, los científicos observaron a los hombres, que sabían que estaban contagiados de sífilis, pero no les ofrecieron tratamientos para poder estudiar la progresión de la enfermedad. Cuando el experimento salió a la luz en los años setenta fue condenado por la comunidad médica como una gran violación de los estándares éticos.

Los investigadores que estudian la desinformación han dado seguimiento a las menciones de Tuskegee en redes sociales a lo largo del año pasado. Mientras que Tuskegee tuvo en promedio varios cientos de menciones semanales en Facebook y Twitter, hubo picos notables de interés que coincidieron con la introducción de las vacunas para la COVID-19, según Zignal labs, una empresa de observación de medios.

La última semana de noviembre, cuando las farmacéuticas Moderna y Pfizer difundieron resultados prometedores en los últimos ensayos de seguridad de sus vacunas para la COVID-19, las menciones de Tuskegee aumentaron a 7000 por semana.

Hubo otro respiro hasta aproximadamente mediados de diciembre, cuando la FDA anunció que le había otorgado aprobación de emergencia a las vacunas. Las menciones de Tuskegee alcanzaron casi 5000 esa semana, según Zignal; uno de los tuits más virales se refería a las vacunas de coronavirus como “el nuevo estudio de Tuskegee”.

Los médicos reportan que batallan contra la reticencia hacia las vacunas en otros grupos demográficos. El mes pasado, un sondeo del Centro NORC de Investigación para Asuntos Públicos encontró que el 23 por ciento de los republicanos dijeron que “definitivamente” se vacunarían mientras que el 21 por ciento dijo que “probablemente” no se vacunarían.

Los grupos de nativos estadounidenses han estado luchando contra los temores hacia la vacunación en sus comunidades y los médicos dicen que algunos pacientes chinoestadounidenses se presentan con artículos de medios de comunicación en chino que cuestionan las vacunas fabricadas en Estados Unidos.

Muchas personas negras e hispanas ya tenían dificultades para realizar citas y acceder a los centros de vacunación, que a menudo se ubican en barrios más prósperos y de residentes blancos. Y los funcionarios de algunas ciudades dicen que las personas de esos vecindarios también han estado inundando los sistemas de citas de vacunación y tomando los suministros destinados a los residentes negros e hispanos más pobres.

La desinformación sobre quién puede recibir la vacuna y cuándo está disponible y cómo se comprobó su seguridad ha añadido más dificultades, dijo Mitchell.

En un centro de vacunación masiva en el Coliseo de Oakland una tarde reciente de viernes, antes de que Anthony Jones, de 68 años, accediera a inyectarse, solo había algo más que quería revisar en Facebook. Sacó su teléfono y empezó a teclear, sin atender a su nieto, que lo había llevado en auto a la cita.

“Leí algo de una mujer que se murió de esta cosa y quiero ver si era negra”, dijo Jones, que después de varios minutos de deslizar su dedo por la pantalla, no logró encontrar la publicación de Facebook que buscaba. “Ves muchas cosas en internet que te hacen pensar, como hombre negro, que no deberías aceptar esta vacuna”.

Al final Jones se rindió. De camino a la vacuna recordó que el artículo que había visto estaba en Whatsapp, que es propiedad de Facebook, y que era de un sitio que no reconoció.

“Mi nieto me dice que no crea en todo lo que leo en internet”, dijo. “Me gusta creerle a mi nieto”.

Al día siguiente, Daniel Lander, de 38 años, recorría un vecindario de San José con Armand Mateos, de 28. En los últimos cinco meses, Lander ha estado yendo de puerta en puerta como parte de un programa administrado por Working Partnerships USA, una organización comunitaria basada en Silicon Valley. El grupo trabaja con funcionarios del condado para ayudar a combatir la desinformación sobre la pandemia y las vacunas.

“Escuchamos que la gente dice que vio esto o que tal celebridad compartió algo en Twitter o en Instagram que les hizo pensar que la vacuna era mala idea. La gente valora la opinión de la gente a la que admiran y estas celebridades tienen mucha influencia”, dijo Lander.

Mientras conversaban con Rodriguez, un hombre musculoso y conversador entusiasta, Lander y Mateos dijeron que empatizaban con sus preocupaciones. Dijeron que habían tenido muchas de esas dudas y explicaron cómo habían decidido vacunarse ellos. Rodriguez les preguntó dónde se habían vacunado y cómo se habían sentido.

Mateos se tocó el brazo izquierdo por reflejo, donde dijo que hacía unas semanas le habían puesto la vacuna. Dijo que le dolía y que no lo iban a negar. Pero estaba convencido de que era segura y que ayudaría a que él y sus seres queridos no se enfermen.

“Han leído todas estas cosas en línea de diferentes fuentes noticiosas, lo cual es confuso. Pero luego me conocen, como alguien que se ha vacunado y puedo darles respuestas reales”, dijo Mateos. Agregó que muchas personas citaban artículos en las versiones en español de redes noticiosas como Sputnik y Russia Today respaldadas por el gobierno ruso. “No confían en las vacunas estadounidenses. La gente lee esas notas y no se quiere vacunar”.

Cuando se marchaban los dos hombres, Rodriguez les gritó que iría a vacunarse esa semana. Ellos se aseguraron de que tuviera el número telefónico y los sitios de internet para registrarse y siguieron avanzando por la cuadra.

“Creo que voy a ir esta semana”, dijo Rodriguez. “No prometo nada pero creo que me convencieron”.



Jamileth