Salud

La marihuana medicinal no está regulada como la mayoría de los fármacos

2021-03-10

Aunque en Estados Unidos la planta rica en sustancias químicas sigue siendo una sustancia...

Por Jane E. Brody | The New York Times

Dan Shapiro fue la primera persona que conocí que consumía marihuana medicinal. En 1987, como estudiante de primer año en Vassar College, estaba en tratamiento por un linfoma de Hodgkin con una potente quimioterapia que le provocaba intensas náuseas y vómitos. Cuando la madre de Dan se enteró de que fumar marihuana podía aliviar los angustiosos efectos secundarios, para ayudar a su hijo, esta mujer respetuosa de la ley plantó un jardín lleno de la hierba ilegal en su patio trasero de Connecticut.

Décadas después, la marihuana como medicina se ha convertido en un fenómeno nacional, ampliamente aceptado por el público. Aunque en Estados Unidos la planta rica en sustancias químicas conocida botánicamente como Cannabis sativa sigue siendo una sustancia controlada por el gobierno federal, su uso terapéutico ahora es legal en 36 estados y el distrito de Columbia.

Sin embargo, los expertos en las numerosas especialidades en las que se dice que la marihuana medicinal es útil rara vez han podido demostrar sus supuestos beneficios en estudios científicos bien diseñados. Y advierten que lo que ahora se vende de manera legal como marihuana medicinal en los dispensarios de todo el país es cualquier cosa menos la sustancia segura y pura que los estadounidenses suelen esperar cuando son tratados con medicamentos autorizados.

Por ejemplo, en Oregón, donde tanto la marihuana recreativa como la medicinal pueden venderse de manera legal, toda la marihuana recreativa debe ser analizada en busca de pesticidas y disolventes, pero esas pruebas no son necesarias para la mayor parte de la marihuana medicinal, según mostró una auditoría de la Secretaría de Estado publicada en enero de 2019. La Autoridad Sanitaria de Oregón no exige pruebas de metales pesados y microbios que podrían enfermar a los usuarios.

De hecho, la mayoría de las mismas preocupaciones sanitarias planteadas hace décadas sobre el uso terapéutico de la marihuana siguen sin resolverse, aunque la potencia del ingrediente intoxicante de la planta, el tetrahidrocannabinol, mejor conocido como THC, se ha quintuplicado. Además, el uso médico exclusivo es poco común; en un estudio canadiense de 709 usuarios médicos, el 80,6 por ciento también declaró haber consumido marihuana de manera recreativa.

“La gente está utilizando una excusa médica para su hábito de consumir marihuana recreativa”, comentó Kenneth Finn, especialista en el manejo del dolor en Colorado Springs, Colorado, y editor de un nuevo libro especializado en el tema de 554 páginas, Cannabis in Medicine: An Evidence-Based Approach.

Los defensores de la marihuana medicinal argumentan que el cannabis es relativamente seguro y menos costoso que los productos farmacéuticos autorizados, y que a menudo se utiliza para afecciones para las que no hay terapias eficaces o son inadecuadas. Los opositores dicen que lo que más falta son productos de marihuana estandarizados y ensayos clínicos controlados aleatorizados que puedan establecer con claridad los beneficios y los riesgos.

La evidencia —o la ausencia de pruebas— de los beneficios para la salud que se le pueden atribuir de modo fiable a fumar, vaporizar o ingerir marihuana, incluso en su variante más pura, se describen en gran detalle en el libro de Finn. “Los componentes de la planta de cannabis pueden ayudar en varios padecimientos, pero eso no es lo que está comprando la gente en las tiendas”, dijo en una entrevista. “Investiguemos sobre los cannabinoides purificados, naturales y no contaminados”, como se denominan las diversas sustancias químicas potencialmente terapéuticas de la marihuana.

Tres de esas sustancias han sido aprobadas por la Administración de Alimentos y Medicamentos. Una de ellas, el Epidiolex, un medicamento líquido a base de cannabidiol, está aprobado para tratar dos tipos de epilepsia infantil grave. Los otros, el dronabinol (Marinol, Syndros) y la nabilona (Cesamet), son píldoras que se utilizan para frenar las náuseas en pacientes con cáncer que reciben quimioterapia y para estimular el apetito en pacientes con sida que sufren síndrome de desgaste.

Otro fármaco a base de marihuana, el nabiximols (Sativex), está disponible en Canadá y en varios países europeos para tratar la espasticidad y el dolor neurálgico en pacientes con esclerosis múltiple.

El cannabis medicinal no es un agente terapéutico nuevo. Se utilizó ampliamente como medicina patentada en Estados Unidos durante el siglo XIX y principios del XX y se incluyó en la Farmacopea de Estados Unidos hasta que la aprobación de la Ley de Impuestos sobre la Marihuana en 1937 la hizo ilegal.

Luego, una ley federal de 1970 la convirtió en una sustancia controlada de la Lista 1, lo que restringió enormemente el acceso a la marihuana para la investigación legítima. También complica los intentos de establecer la utilidad médica el hecho de que plantas como la marihuana contienen cientos de sustancias químicas activas, cuyas cantidades pueden variar enormemente de un lote a otro. A menos que los investigadores puedan estudiar sustancias purificadas en cantidades conocidas, las conclusiones sobre los beneficios y los riesgos son muy poco fiables.

Como se relata en el libro de Finn, estas son algunas conclusiones a las que han llegado los expertos sobre el papel de la marihuana medicinal en sus respectivos campos:

Manejo del dolor

Las personas que utilizan la marihuana para aliviar el dolor no reducen su dependencia de los opioides. De hecho, según Finn, “los pacientes que toman narcóticos y que también usan la marihuana para el dolor siguen informando que su nivel de dolor es de diez en una escala de uno a diez”. Los autores del capítulo sobre el dolor, Peter R. Wilson, especialista en dolor de la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota, y Sanjog Pangarkar, del Servicio de Salud del Departamento de Asuntos de Veteranos del Gran Los Ángeles, concluyeron: “El cannabis en sí mismo no produce analgesia y paradójicamente podría interferir con la analgesia de los opioides”. Un estudio de 2019 realizado con 450 adultos, publicado en la revista Journal of Addiction Medicine, descubrió que la marihuana medicinal no solo no aliviaba el dolor de los pacientes, sino que aumentaba su riesgo de ansiedad, depresión y abuso de sustancias.

Esclerosis múltiple

Allen C. Bowling, neurólogo del Instituto NeuroHealth de Englewood, en Colorado, señaló que, aunque la marihuana ha sido estudiada de manera amplia como tratamiento para la esclerosis múltiple, los resultados de los ensayos clínicos aleatorios son incongruentes. En general, los ensayos mostraron cierta eficacia, pero limitada, y en uno de los estudios más amplios y prolongados, el placebo obtuvo mejores resultados en el tratamiento de la espasticidad, el dolor y la disfunción de la vejiga, escribió Bowling. En la mayoría de los ensayos se utilizó cannabis de grado farmacéutico que no está disponible en los dispensarios.

Glaucoma

El estudio que sugiere que la marihuana podría reducir el riesgo de glaucoma se remonta a 1970. De hecho, el THC reduce la presión dañina dentro del ojo, pero como escribieron los doctores Finny T. John y Jean R. Hausheer, oftalmólogos del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Oklahoma, “para alcanzar niveles terapéuticos de marihuana en el torrente sanguíneo con el fin de tratar el glaucoma, un individuo necesitaría fumar aproximadamente de seis a ocho veces al día”, por lo que esa persona “tal vez sería física y mentalmente incapaz de realizar tareas que requieren atención y concentración”, como trabajar y conducir. Las principales sociedades médicas oftalmológicas han rechazado la marihuana como tratamiento para el glaucoma.

Allison Karst, especialista en fármacos para atención psiquiátrica del Sistema de Salud de la Autoridad del Valle de Tennessee, que revisó los beneficios y riesgos de la marihuana medicinal, concluyó que puede tener “un efecto negativo sobre la salud mental y la función neurológica”, incluyendo el empeoramiento de los síntomas del trastorno de estrés postraumático y el trastorno bipolar.

Karst también citó un estudio que mostraba que solo el 17 por ciento de los productos comestibles de cannabis estaban etiquetados con precisión. En un correo electrónico, escribió que la falta de regulación “dificulta la extrapolación de las pruebas disponibles de los distintos productos del mercado de consumo, dadas las diferencias en la composición química y la pureza”. Advirtió al público que sopesara “tanto los beneficios como los riesgos potenciales”, a lo que yo añadiría caveat emptor: el comprador asume el riesgo.



Jamileth