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Manchester City: el topo que se cargó la Superliga

2021-04-22

La consecuencia lógica es que equipos como el City, que han tenido problemas de extrema...

 

Si no has estado escondido en una cueva, te habrás enterado del terremoto que ha sacudido al mundo del fútbol en los últimos cuatro días. El lunes, con nocturidad y un poco de alevosía, se hizo público el proyecto de Superliga europea, una nueva competición impulsada por Florentino Pérez, llamada a reemplazar a la Champions League y a la que, salvo unas pocas plazas en las que sí que se tendría en cuenta el mérito deportivo puro, se accedería por puro privilegio. Quince lugares estarían garantizados siempre para los socios fundadores, incluyendo al Real Madrid, el Barça, el Atlético, tres clubes italianos y otros seis ingleses, además de tres aún por determinar.

Lo que parecía una bomba acabó degenerando en petardo. Ante la oposición manifiesta de instituciones como la UEFA, la FIFA y las distintas ligas nacionales y la hostilidad tanto de aficionados como de muchos jugadores, entrenadores y prensa especializada, los equipos implicados fueron reculando poco a poco. A estas alturas, jueves por la mañana, todos los clubes que iban a estar dentro se han salido, con las únicas excepciones de blancos y azulgranas.

Naturalmente, el mandatario merengue ha acabado con un enfado considerable. Florentino no está nada acostumbrado a fracasar, y no hay otra palabra para definir lo que ha ocurrido con su gran proyecto. Más allá de la autocrítica (supongamos que está en ello), ayer en la entrevista que concedió al programa de radio El Larguero, de la SER, dejó claro que tiene identificado al culpable de que todo se haya venido abajo: el Manchester City.

Pérez, en principio, fue sutil a la hora de acusar a los celestes de dinamitar la competición: "Había alguien en el grupo inglés que no tenía mucho interés. Entonces, creo que eso empezó a contagiar a los otros, que son personas también de una edad, y que tienen miedo porque no entendían nada de lo que estaba pasando. Todos firmamos un acuerdo vinculante, pero creo que uno no estuvo muy convencido nunca".

Fue Manu Carreño, el entrevistador, quien sacó el nombre del City. Florentino no lo quiso confirmar, pero tampoco lo desmintió. Sí que habló de que el bloque entero de clubes poderosos había sido víctima de una "campaña manipulada de que íbamos a acabar con las Ligas y que no se premiaban los méritos". También aludió a que "algunos todavía tienen privilegios y no los quieren perder", en una referencia que se puede entender como dirigida a la UEFA pero también, con cierto doble sentido, al equipo de Guardiola.

Porque no hay que olvidar que la entidad británica es de propiedad mayoritaria de la familia real de Abu Dabi, uno de los territorios integrantes de los Emiratos Árabes Unidos. Los magnates orientales se hicieron con el control del club allá por 2008 y desde entonces han estado inyectando cantidades ingentes de petrodólares que han convertido a una sociedad deportiva histórica pero relativamente modesta (antes de la adquisición apenas contaban con dos títulos de liga, el último de 1968, y habían visitado recientemente las catacumbas de la segunda y la tercera división) en el coloso actual, campeón de cuatro Premier Leagues en la última década (la quinta está al caer) y presente de manera habitual en las últimas rondas de la Champions.

Al City, debido a esta fuente de financiación tan atípica, se le ha acusado recientemente de haberse convertido en un "club-estado". De hecho, ha tenido graves problemas con la UEFA en los últimos años a cuento del fair play financiero, el concepto por el que el regulador del fútbol europeo pretendía evitar que los equipos gastaran más dinero del que eran capaces de ingresar por sí mismos. Sin ir más lejos, la federación continental les había sancionado excluyéndoles de la Champions e imponiéndoles una multa multimillonaria, aunque finalmente el pasado verano el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS, por sus siglas en francés) anuló la condena en una decisión tremendamente controvertida.

La única posición oficial al respecto de la desbandada de la Superliga por parte del City es el escuetísimo comunicado que apareció en su web y sus redes sociales, fechado el martes por la noche, en el que se limitan a indicar que se marchan. Por esa parte poco se puede rascar. Sin embargo, aunque sea aventurándonos en el terreno de las suposiciones, el contexto nos da alguna que otra clave sobre los motivos que podría haber detrás de este arrepentimiento.

Casualidad o no, L'Équipe nos ha contado que la UEFA está dispuesta a "revisar y corregir" su normativa sobre este fair play financiero. "Se reestructurará en esencia y en forma para permitir un poco más de flexibilidad a los clubes", dijo Aleksander Ceferin, el presidente del organismo. La consecuencia lógica es que equipos como el City, que han tenido problemas de extrema gravedad con este asunto, verán la presión sobre ellos muy relajada.

Nuestra hipótesis es que el City (cuyo presidente, Khaldoon Al Mubarak, tiene 45 años y está lejos de ser una de esas "personas de edad" que tienen "miedo"), se ha olido la jugada y ha sido el tiburón más listo del acuario. Sería un golpe maestro. Por potencial económico tenía todo el sentido del mundo que se implicaran en esta Superliga. Pero, a poco que conocieran la idiosincrasia del fútbol inglés y de sus aficionados (y, tras 12 años allí, saben bien cómo funciona), podían estar seguros de las reacciones adversas que iban a generar.

Entonces, siendo los primeros en abandonar el barco e incluso incitando a otros a hacer lo mismo, conseguían, por un lado, ser los que mejor quedaban ante los aficionados, dispuestos a perdonarles sus pecados como a un mafioso arrepentido, Por otro, contar con el agradecimiento de la UEFA, que, como se ha visto, será más proclive a perdonarles sus trapicheos financieros. Y por último, en caso de que Florentino tuviera razón y la Superliga fuera a suponer una nueva línea de financiación muy necesaria para los clubes poderosos pero arruinados, el boicot desde dentro evitaría que sus grandes rivales recibieran este salvavidas. Ellos se quedarían también sin ganar ese dinero, cierto, pero el grifo del petróleo del golfo Pérsico no se ha cerrado, así que tampoco les hace falta.

Insistimos en que esta es nuestra humilde suposición desde Yahoo Deportes, basada en el análisis propio desde la observación de los acontecimientos recientes. Ni estamos en condiciones de afirmar con rotundidad que esta ha sido la secuencia de los hechos ni lo pretendemos. Es, simplemente, una posible explicación que consideramos muy plausible. Pero de lo que sí que estamos completamente seguros es de que en toda esta historia, aunque a alguno quizás sí se le puede dar el papel de villano, lo que no hay es ningún superhéroe que quiera salvar el fútbol por puro amor al deporte. El juego de la pelota, cada vez más, es un negocio en el que todos, absolutamente todos, miran por su propio interés.



aranza