Salud

Servidores públicos cada vez más criticados en Estados Unidos

2021-05-12

Su experiencia la ayudó a salir adelante. Pero Ziel dice que a los jóvenes puede...

Por MARTHA IRVINE

STERLING HEIGHTS, Michigan (AP) — Bill Mathis cumplió un sueño al enseñar en una escuela secundaria. Cuando cursaba el tercer grado de la primaria, escribió en un diario: “Me gustaría ser maestro”.

Hoy, sin embargo, tiene una nueva ocupación, en el sector de la venta legal de marihuana. Gana más, tiene un horario más estable y menos estrés. Ya no se preocupa de si se contagiará del COVID-19. “¿Nadie piensa en nosotros y en nuestras familias?”, preguntó Mathis cuando la escuela de Romeo, Michigan, anunció que reanudaría las clases en persona.

Este joven de 29 años sintió que no lo entendían en ese suburbio rural al norte de Detroit y buscó otras oportunidades. “Qué bueno que se fue”, dijo un residente.

La historia de Mathis es un ejemplo de las penurias por que atraviesan los servidores públicos de Estados Unidos. Históricamente, los sectores como la enseñanza, los bomberos, la policía, los funcionarios públicos y los trabajadores sociales ofrecían la oportunidad de servir a la comunidad, daban buenos beneficios y a veces hasta una pensión. Encuestas revelan que todavía se admira a enfermeros y maestros, e incluso a los bomberos, tras su desempeño luego de los ataques del 11 de septiembre del 2001.

Muchos servidores públicos, no obstante, ya no se sienten queridos.

Por el contrario, se sienten golpeados, agotados, parte de sistemas que no tienen los recursos necesarios. Se retiran a temprana edad o renuncian y buscan otros trabajos. Sufren crisis emocionales y se hacen adictos a distintas sustancias, sobre todo los que forman parte de los equipos de emergencia.

Ya antes de la llegada del coronavirus, los investigadores comprobaron en el 2018 que aproximadamente la mitad de los servidores públicos de Estados Unidos se sentían fundidos, comparado con el 20% de los trabajadores en general.

Algunos se preguntan quién los reemplazará, ya que cada vez menos gente elige trabajar en los servicios públicos. En el gobierno federal, apenas el 6% de la fuerza laboral tiene menos de 30 años, mientras que el 45% es mayor de 50, según la organización sin fines de lucro Partnership for Public Service.

La pandemia empeoró las cosas.

No solo el personal se expone a contraer el COVID-19, sino que “la carga es mayor y la seguridad financiera disminuye”, declaró Elizabeth Linos, especialista en temas cognitivos de la Universidad de California con sede en Berkley y quien estudia a los trabajadores públicos.

Linos dice que estudios hechos durante la pandemia indican que los niveles de ansiedad de los trabajadores de la primera línea de la batalla contra el virus son 20 veces más altos que lo normal.

La desconfianza en el gobierno y en sus empleados venía creciendo desde mucho antes de la pandemia. Durante la recesión del 2008 aumentó la resistencia a los sindicatos, incluidos los que representan a los trabajadores públicos.

“Protegen el mal comportamiento y castigan el bueno”, dijo Tim Deegan, un padre de familia de Waterford, Michigan, que administra una pizzería. Agrega que su trabajo no le da muchos beneficios como los de los empleados públicos y que a menudo trabaja 60 horas a la semana.

Deegan participó en una caótica discusión a través de las redes sociales sobre la gran cantidad de maestros de Michigan que se están retirando por anticipado. Los maestros tuvieron bastante apoyo en la conversación. Pero también muchos detractores como Deegan, quien contó que habían cambiado de escuela al hijo de su novia porque sentían que las clases virtuales que recibía no eran buenas. Algunos maestros, sostuvo, “trabajan a desgano” con pocas repercusiones.

Bill Mathis intervino y dijo que dejaba la enseñanza porque no quería exponer su salud y la de su novia Annie, quien tiene lupus, y también porque el sueldo no daba para pagar las cuentas.

“¿O sea, a ti los chicos no te interesaban?”, preguntó alguien, generando muchas reacciones con emoticones, a favor y en contra.

Derek Lies, quien tiene dos hijos en Romeo, dijo que comprendió a los maestros... al principio. Pero que cuando el sindicato resistió el regreso a las clases, “desapareció mi solidaridad”, agregó.

Lies fue bombero en el pasado. Si hay un sector que tiene razones para quejarse, afirmó, es la policía, que es cada vez más cuestionada tras la muerte de George Floyd y otros.

“No puedo imaginar a nadie que quiera ese trabajo ahora”, manifestó.

El personal de los servicios de emergencia de todo el país reconoce las dificultades que conllevan sus trabajos y sus trastornos emocionales, adicciones y suicidios ocasionales. El jefe de bomberos de Sterling Heights, donde vive Mathis, Kevin Edmond, le da francos a los equipos que responden a incendios en los que hay muertos.

Sue Ziel, maestra de geografía de sexto grado de Romeo, dice que empezó a percibir el resentimiento del público durante la recesión del 2008. Una encuesta de Gallup indicó que la aprobación de los sindicatos había caído a una mínima histórica del 48%, comparado con el 72% de 1936, cuen o se´empezó a hacer esa encuesta, aunque ha mejorado un poco.

Ziel, quien se dedicó a la enseñanza hace 24 años tras trabajar un tiempo en publicidad, dice que cada vez se exige más a los maestros. Se piden más certificaciones y poner más énfasis en las pruebas estandarizadas, al tiempo que se congelan los salarios en algunos estados.

Al comenzar la pandemia, se sintió “paralizada” por la idea de tener que enseñar por la vía virtual y en persona al mismo tiempo. Además, contrajo el virus.

“Me acuerdo que, con lágrimas en los ojos, le dije a mi marido, ‘no sé si puedo seguir haciendo esto’”, relató.

Su experiencia la ayudó a salir adelante. Pero Ziel dice que a los jóvenes puede resultarles duro hacer frente a lo que se vive hoy si no tienen el apoyo necesario.

La partida de Mathis, confesó, la “destrozó”.

“Tengo el mejor concepto de Bill”, comentó.



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