De Protestas a Propuestas

Un momento histórico para los árabes israelíes, pero con una interrogante

2021-06-05

La decisión de un partido árabe de unirse a un gobierno israelí de derecha...

Roger Cohen, The New York Times

La decisión de un partido árabe de unirse a un gobierno israelí de derecha sería un paso importante, aunque incierto, hacia la inclusión en lugar de la oposición perpetua.

El acuerdo sobre una coalición que destituiría al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, tras doce años en el poder e incluiría por primera vez a un partido árabe independiente en el gobierno explotó las líneas divisorias en la política israelí y posiblemente abrió el capítulo de una nueva era.

Si el Parlamento respalda a la coalición de ocho partidos, se abre la tentadora posibilidad de que los ciudadanos árabes de Israel, que representan aproximadamente una quinta parte de la población, puedan desempeñar un papel más activo en la política, con un efecto unificador.

Al mismo tiempo, la perspectiva de que Naftali Bennett, un líder nacionalista de derecha, se convierta en primer ministro alarma a muchos árabes israelíes.

“He debatido con Bennett, y él dice abiertamente: ‘No eres mi igual’”, dijo Diana Buttu, una destacada abogada palestina con sede en Haifa. “¿Querido que Netanyahu salga? Sí. ¿Hasta el punto de querer a Bennett como primer ministro? No”.

La decisión de un pequeño partido árabe conocido por sus siglas en hebreo, Raam, de unirse al gobierno después de los violentos enfrentamientos entre turbas judías y árabes en Israel el mes pasado, reflejó una creciente comprensión de que la marginación de los partidos árabes solo trae parálisis y elecciones que se repiten. También sugería un deseo entre algunos ciudadanos árabes de Israel de ejercer más influencia política.

Fakhira Halloun, experta en resolución de conflictos, dijo: “Normalmente el discurso dominante es el de percibir a los palestinos dentro de Israel como un enemigo interno. Tenemos que cambiar esta percepción no estando siempre en la oposición”.

Al unirse al gobierno, sugirió Halloun, Mansour Abbas, el líder de Raam, estaba declarando que quería construir el significado de la ciudadanía para los árabes al involucrarlos en el proceso político, incluso si algunos partidos de derecha en la coalición “ni siquiera nos dan la legitimidad para decir que somos palestinos y no dan legitimidad a nuestra historia”.

La influencia de Netanyahu en la sociedad y el imaginario israelíes ha sido tal que su eventual salida parece inevitablemente sinónimo de una nueva posibilidad. A lo largo de los años ha gobernado cada vez más a través de la manipulación del miedo, diciéndoles a los israelíes que la supervivencia sin él era imposible.

Los ciudadanos árabes de Israel desempeñaron un papel destacado en esta estrategia. Aunque en los últimos tiempos a veces los cortejaba, Netanyahu a menudo usaba su presencia para generar miedo entre su base, advirtiendo célebremente en 2015 que los árabes votaban “en masa”. Fomentó la división siempre que fue posible.

Tales provocaciones, y la aprobación de un proyecto de ley de Estado-nación en 2018 que decía que el derecho a ejercer la autodeterminación era “exclusivo del pueblo judío”, contribuyeron a la ira evidente en los violentos enfrentamientos del mes pasado entre árabes y judíos. Las causas inmediatas fueron una serie de torpes acciones policiales israelíes durante el Ramadán, pero el sentimiento árabe ya estaba intranquilo.

No está claro cómo Bennett ejercerá el poder en una coalición con muchos miembros muy a la izquierda de él, incluido el principal arquitecto del acuerdo, Yair Lapid. Una búsqueda de supervivencia, o incluso el atractivo de los libros de historia, podría inclinarlo hacia el pragmatismo creativo en lugar del nacionalismo dogmático y la expansión de los asentamientos.

“No creo que la solución de los dos Estados o la reconciliación con los palestinos se consiga en uno o dos años”, dijo Jafar Farah, director del Centro Mossawa, un grupo de defensa de los ciudadanos árabes de Israel. “Pero sí creo que es una oportunidad para que la comunidad palestina en Israel se convierta en un elemento de cambio”.

Ciertamente, Raam, con cuatro escaños en el Parlamento, será fundamental para la supervivencia de lo que sería una tenue coalición, aunque no tenga ningún puesto en el gabinete. Los intereses de la minoría palestina tendrán que ser considerados por la coalición de otra manera.

En la práctica, es probable que Abbas presione para que se incremente el gasto para las comunidades árabes, que van a la zaga de la población judía de Israel en cuanto a la calidad de las escuelas, las instalaciones deportivas y las infraestructuras. También sufren la negación del acceso a la tierra. Se ha discutido la revocación de la llamada Ley Kaminitz, que penaliza desproporcionadamente la construcción sin permisos en las comunidades árabes.

Los árabes beduinos acogieron con satisfacción el anuncio de Raam de que el nuevo gobierno, si es respaldado por el Parlamento, reconocerá tres aldeas beduinas en el desierto del Néguev en sus primeros 45 días de mandato y preparará un plan para ocuparse de otras aldeas no reconocidas en sus primeros nueve meses de mandato.

La cuestión general de una paz entre israelíes y palestinos de dos Estados no se verá afectada, casi con toda seguridad, por la eventual presencia de un partido árabe en el gobierno. Bennett ha dicho que nunca aceptaría un Estado palestino.

Pero Lapid, quien sería el ministro de Relaciones Exteriores, tiene opiniones más moderadas, y la salida de Netanyahu podría marcar el final de un largo periodo durante el cual el propósito constante de Israel era hacer que la creación de un estado palestino fuera menos probable o incluso factible.

Buttu, la abogada palestina, duda que Abbas pueda conseguir algo importante al entrar en el gobierno: “Ha hecho esto para dejar su huella, pero no conseguirá nada. En realidad, está respaldando a un gobierno dirigido por un ultranacionalista que quiere ampliar los asentamientos”.

Ciertamente, la experiencia de los últimos años ha sido la progresiva marginación palestina. Eso bien podría continuar bajo un gobierno de Bennett. Pero los 11 días de violencia de mayo demostraron que Israel es siempre menos estable de lo que parece mientras su conflicto fundamental supure.

En el diario israelí Yediot Ahronot, la periodista Merav Batito escribió: “La firma de Abbas es mucho más que una muestra formal de acuerdo. Simboliza la posibilidad de una vuelta a la normalidad de la sociedad israelí”. Y añadió: “Se ha abierto una ranura en el primer muro de concreto construido entre árabes y judíos por el Parlamento, en lo más profundo de la sociedad israelí”.



JMRS