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China no es el problema; lo son las grandes compañías tecnológicas

2021-06-18

¡Suena muy mal! Podrías darte cuenta de que estas declaraciones no mencionan a China,...

Shira Ovide, The New York Times

Una cosa que se interpone en el camino de dicho debate es el miedo que han infundido las compañías tecnológicas y sus aliados. Tienden a desacreditar cualquier cosa que podría alterar el funcionamiento de las grandes compañías tecnológicas para de alguna manera ayudar a China a ganar el futuro. Es una táctica intelectualmente deshonesta y una distracción de preguntas importantes sobre nuestro futuro. Me molesta sobremanera.

Lo que motivó mi molestia fue cómo las compañías tecnológicas han respondido a una reciente cascada de actividad que podría alterar de manera profunda la vida de las superestrellas de la tecnología de Estados Unidos y de todos los que somos afectados por sus productos. Varios demócratas en el Congreso han propuesto nuevas leyes para combatir a las grandes compañías tecnológicas. Además, la nueva presidenta de la Comisión Federal de Comercio (FTC, por su sigla en inglés), Lina Khan, ha abogado por el cumplimiento estricto de las leyes antimonopolio para frenar lo que ella ve como las grandes compañías tecnológicas que depredan a los consumidores.

Esos pasos podrían cambiar el statu quo en tecnología, o no. Estamos en una fase compleja que dificulta predecir lo que el Congreso, los estados, las cortes y las autoridades gubernamentales podrían hacer para modificar las reglas para las compañías tecnológicas (y si harán más bien que mal).

No obstante, las corporaciones poderosas y las personas que las apoyan no están tomando en cuenta los matices. Al menos públicamente, han respondido con la frecuencia con la que suelen hacerlo, al insinuar básicamente que las protecciones en algunas compañías tecnológicas estadounidenses crean las condiciones para que China tome el control del mundo. De alguna manera. No pregunten cómo.

A continuación, lo que un directivo de NetChoice, un grupo que representa a Google, Facebook y Amazon, le dijo a The Washington Post sobre las propuestas de ley para regular a las grandes compañías tecnológicas: “Al mismo tiempo que el Congreso busca impulsar la innovación y la ciberseguridad estadounidenses, los legisladores no deberían aprobar una legislación que ceda terreno a competidores extranjeros y que abra los datos de los estadounidenses a actores peligrosos y en los que no se pueda confiar”.

Además, esto es lo que la Fundación de Tecnología de la Información e Innovación, un grupo de políticas que recibe financiamiento de telecomunicaciones y compañías tecnológicas, dijo esta semana sobre la designación de Khan como presidenta de la FTC: “En una época de mayor competencia global, el populismo antimonopolios causará daño autoinfligido duradero que beneficia a los rivales extranjeros que tienen menor mérito”.

¡Suena muy mal! Podrías darte cuenta de que estas declaraciones no mencionan a China, que es la palabra mágica para hacer que las cosas ocurran en Washington. Sin embargo, eso es lo que quieren decir al hacer referencia a rivales extranjeros a los cuales no nombran.

Sí, es razonable que los estadounidenses deseen compañías estadounidenses sólidas en una economía global competitiva. Sin embargo, hacer que un puñado de monarcas tecnológicos juegue limpio no es probable que los destruya.

Respecto a los argumentos de seguridad, la lógica no funciona si piensas en ellos durante más de dos segundos. ¿Evitar que Amazon venda su propia marca de baterías (como podría prohibirlo una propuesta de ley en el Congreso) impide que Estados Unidos combata los ciberataques extranjeros? No. ¿Cómo debilitan a Estados Unidos en el escenario mundial las propuestas que podrían restringir a las gigantescas compañías de hacer lo que ellas quieran con nuestra información personal? No lo hacen.

Son preocupaciones totalmente legítimas sobre que China moldee la tecnología global o las conversaciones en línea de maneras que choquen contra los valores y los intereses de Estados Unidos. Es correcto preocuparse sobre la participación de China en robar los secretos estadounidenses. Esto no tiene casi nada que ver con si los estadounidenses estarían mejor si a Facebook se le prohibiera comprar una compañía como lo hizo con Instagram o si Apple no debería poder crecer sus servicios de acondicionamiento físico o música en los iPhones.

Restringir a las potencias corporativas estadounidenses para que no se enriquezcan a costa de los estadounidenses no debilita la capacidad del país de evitar los abusos de China o apoyar a compañías estadounidenses competitivas. Podemos hacer todo eso.

Me pongo inquieto sobre las declaraciones de políticas de los cabilderos de la tecnología porque temo que sean una señal del rechazo de las superpotencias tecnológicas de involucrarse en debates esenciales sobre el futuro.

Recuerda que detrás de los caóticos intentos en Washington y más allá de reimaginar cómo estas empresas operan son preguntas jugosas sobre tecnología en nuestras vidas: ¿tendríamos más control sobre nuestra información personal, mejores servicios de compras y una economía más justa si las grandes compañías tecnológicas no fueran tan grandes o si hubiera más reglas sobre cómo operan las empresas? Además, ¿cómo limitamos las que pensamos son desventajas de estas compañías sin arruinar lo que creemos que es útil?

Ese es el tipo de preguntas con las que los legisladores están lidiando y son difíciles. Todos necesitamos involucrarnos, incluyendo a las compañías tecnológicas que podrían ser afectadas por nuevas reglas. Es por eso que las compañías tecnológicas afectan al público y a ellas mismas al distraernos con temas de conversación elocuentes pero poco sinceros.



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