Muy Oportuno

Sólo lo necesario para vivir

2021-09-02

Al hombre le basta tener cuanto necesita, pues las riquezas, así como producen...

Por: Marlene Yañez Bittner 

“¡Dos cosas te pido, Dios mío, no me las niegues hasta el día de mi muerte: aleja de mí la falsedad y la mentira, no me des ni pobreza ni riqueza. Dame sólo mi ración de pan. Porque con la abundancia podría dejarte y decir: "¿Pero, quién es Yavé?". Y en la miseria podría ponerme a robar: lo que sería deshonrar el nombre de mi Dios!” (Proverbios 30,7-9).

Preciosa plegaria que se expresa en estos versículos del libro de Proverbios, en la cual el autor dotado de aquella sabiduría que proviene de Dios, implora la justa medida entre la pobreza y la riqueza que le asegure una conducta recta en los días de su vida sobre la tierra.

¿Por qué no quiere ser rico?

Pues lleva consigo los riesgos de caer en la soberbia que puede conducir incluso al desprecio de Dios como en el caso del Faraón.

“Respondió Faraón: «¿Quién es Yavé para que yo le haga caso y deje salir a Israel? No conozco a Yavé y no dejaré salir a Israel»” (Éxodo 5,2).

Al hombre le basta tener cuanto necesita, pues las riquezas, así como producen satisfacción, también llenan el alma de preocupaciones y ansiedades.

¿Y por qué no quiere ser pobre?

La pobreza podría ser más propicia que las riquezas para poner el corazón en Dios y no en bienes materiales, sin embargo el autor sagrado advierte de las tentaciones que tal situación puede conducir: el robo.

Lo que es suficiente o la “justa medida”, varía entre una persona y otra. Sin embargo se trata de tener lo suficiente para vivir honrada y respetablemente con la seguridad de que Dios suplirá todas las necesidades del hombre.

“Los ojos de todos están fijos en ti y tu les das a su tiempo la comida” (Salmos 145,15).

Por lo tanto, bueno es evitar las tentaciones del mundo, de manera que el pobre no se desespere y el rico no se enorgullezca.

Tener lo que necesitamos cada día nos mantiene dependientes y confiados en Dios. Dios dio Maná para que su pueblo recogiera diariamente la porción de un día:

 “… ni los que recogieron mucho tenían más, ni los que recogieron poco tenían menos: cada uno tenía su ración” (Éxodo 16,18).



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