Panorama Norteamericano

La prohibición de aborto en Texas tiene efectos en Oklahoma

2021-09-29

Samerah pudo ir a la clínica de Oklahoma gracias a que recibió ayuda financiera de un...

Sabrina Tavernise | The New York Times

‘¿Qué vamos a hacer?’: mujeres con embarazos no deseados en Texas recorren distancias largas para abortar

La nueva legislación en Texas ha tenido efectos profundos: algunas mujeres han optado por viajar a otros estados, como Oklahoma, para someterse al procedimiento.

El estacionamiento de un pequeño edificio de ladrillos en Southside de Oklahoma City se llenaba con rapidez durante la mañana ventosa de un martes. El primer vehículo en llegar, un camión rojo, poco antes de las 8 de la mañana, era de Texas. También venían de ahí el segundo y el tercer carro en llegar.

En ese edificio se encuentra una de las cuatro clínicas de Oklahoma que realizan abortos, y ahora por lo menos dos terceras partes de las pacientes que vienen a una cita son de Texas. De hecho, son tantas que la clínica está tratando de contratar más empleados y doctores para cubrir la demanda. El aumento se debe a una nueva ley aprobada en Texas que prohíbe los abortos después de seis semanas de gestación, una etapa muy temprana del embarazo. En cuanto esta ley entró en vigor este mes, las personas de Texas comenzaron a desplazarse a otros lugares, y Oklahoma, que está cerca de Dallas, se ha convertido en un destino importante.

“Tuvimos todas las líneas activas ocho horas seguidas”, dijo Jennifer Reince, encargada de los teléfonos en la recepción de la clínica Trust Women Oklahoma City cuando se le pidió describir la primera semana de entrada en vigor de las disposiciones.

Esta legislación ha tenido efectos profundos: las texanas con embarazos no deseados se han visto obligadas a tomar decisiones con rapidez, y algunas han optado por viajar distancias largas para que se les realice un aborto. Las clínicas de los estados vecinos han comenzado a llenarse, por lo que las citas se programan para más adelante, lo que hace más costosos los procedimientos. Otras mujeres se ven obligadas a llevar a término su embarazo.

Marva Sadler, directora sénior de servicios clínicos en Whole Woman’s Health, que opera cuatro clínicas en Texas, dijo que cree que muchas pacientes no pueden conseguir servicios de guardería ni pedir permiso para ausentarse sin perder su empleo para desplazarse a otros estados.

“Creo que a la mayoría de las mujeres las están sentenciando a convertirse en madres”, dijo.

La ley en cuestión es el más reciente de una serie de éxitos del movimiento contra el aborto, que durante años ha pedido jueces más conservadores y control sobre las legislaturas estatales. Ahora la Corte Suprema de Estados Unidos se prepara para oír un caso de aborto, el primero que se presenta ante ese tribunal con los tres nominados conservadores del expresidente Donald Trump, que podría llevar a que se elimine por completo la protección federal del aborto.

En Texas, la nueva ley estatal de hecho ha tenido ese efecto, al menos por ahora.

Samerah, quien pidió que no se publicara su apellido, solo tenía cinco semanas de embarazo cuando se recostó en una mesa de auscultación en Houston para que le hicieran un ultrasonido. Era el 31 de agosto, un día antes de la entrada en vigor de la ley. Había escuchado algo sobre esa ley en las noticias y sabía que prohibía los abortos después de que se detecta actividad cardiaca. Pero cuando el médico hizo el ultrasonido, no se escuchó nada, y le dijeron que regresara al día siguiente para someterse al procedimiento.

Cuando regresó y se recostó de nuevo en una habitación en penumbras, con la mirada fija en un grupo de bailarinas de papel que colgaban del techo, el doctor obtuvo un resultado distinto.

“Dijo: ‘Respira profundo’, y bum, bum, bum, solo se escuchaba un latido”, describió Samerah, de 22 años. “En un suspiro sucedió todo lo que no quería que pasara, y solo pude llorar y llorar y llorar a gritos”.

Salió al pasillo. La cabeza le daba vueltas, y ahí vio también a otras mujeres.

“Todas estábamos llorando en el pasillo y lo único que podíamos pensar era: ‘¿Qué vamos a hacer?’”.

La respuesta para muchas mujeres en su situación ha sido decidirse a la brevedad a tener un aborto en otro estado. Ahora, alrededor de la mitad de las pacientes de Hope Medical Group for Women en Shreveport, Luisiana, provienen de Texas, un incremento con respecto a la proporción de un quinto registrada antes de promulgarse la ley. En Little Rock Family Planning Services, en Arkansas, las pacientes texanas representan en este momento el 19 por ciento de los casos, en comparación con el porcentaje de menos del dos por ciento que representaban en agosto.

En Oklahoma no se requieren dos citas en una clínica para que se practique un aborto en la mayoría de los casos, por lo que ha sido una opción usual. Trust Women tuvo 11 pacientes de Texas en agosto; en contraste, ha tenido 110 en lo que va de septiembre. Pacientes de lugares tan lejanos como Galveston y Corpus Christi. Algunas conducen toda la noche para llegar a una cita matutina. La elevada demanda de Texas tiene el calendario de la clínica lleno en las siguientes semanas. La semana pasada, las citas más próximas estaban disponibles para mediados de octubre.

Samerah llegó el lunes pasado desde Beaumont, una ciudad cercana a Houston, donde vive con su pareja y su hijo de dos años.

La noticia de su embarazo, dijo, amenazaba la vida que habían construido para él.

Su situación económica se había estabilizado recientemente. Ella había conseguido un trabajo de atención al cliente. Su pareja conduce una camioneta para un servicio médico. Se mudaron de la casa de su familia a su propio apartamento. Su hijo tiene su propia habitación. Ella compró muebles nuevos: un sillón y una cama.

“Era la primera vez que comprábamos un colchón nuevo de paquete, no encontrado de segunda mano en Facebook o algo así”, dijo.

Se sentía orgullosa de poder dar a su hijo atención, juguetes y un hogar estable, cosas que, según ella, nunca tuvo. Pero no podía permitirse hacer eso por dos. “No quiero ser esa madre”, dijo Samerah, cuya madre era una adolescente cuando ella nació. “No quiero meter a mi hijo en algo de lo que no pueda hacerme cargo, porque no se lo merece. Crecí en ese tipo de realidad. Y sé lo que le hace a la gente”.

Samerah dijo que ya había abortado una vez, al año siguiente de nacer su hijo, por razones similares. Dijo que pidió una cita para conseguir un DIU inmediatamente después de su procedimiento el martes.

A medida que los estados aprueban más restricciones al aborto, cada vez son más las mujeres pobres quienes deben lidiar con los efectos. La mitad de las mujeres estadounidenses que se sometieron a un aborto en 2014 vivían en condiciones de pobreza, el doble que en 1994, cuando alrededor de una cuarta parte de las mujeres que se practicaron abortos eran de bajos ingresos, según el Instituto Guttmacher, un grupo de investigación que apoya el derecho al aborto. Las teorías para explicar ese cambio incluyen transformaciones demográficas, mayor financiamiento destinado a abortos para mujeres de bajos recursos y que las mujeres de mayores ingresos tienen más acceso a métodos anticonceptivos muy eficaces.

Mientras más tienen que esperar las mujeres, más se encarece el procedimiento. En Trust Women, un aborto puede costar entre 650 dólares en las primeras etapas y 2350 dólares en las más tardías. También es posible solicitar ayuda económica.

Sarah, empleada de una empresa de revestimientos para techos, descubrió que llevaba 13 semanas de embarazo el 23 de agosto. Pero entonces entró en vigor la nueva ley, así que se apresuró a buscar una clínica en otro estado.

“Ha sido muy difícil lidiar con esta situación, en especial porque se me acabó el tiempo muy rápido”, explicó Sarah, de 21 años, quien pidió que no se publicara su apellido para proteger su privacidad.

Al final, le practicaron el aborto en la clínica de Oklahoma City el 20 de septiembre. Tuvo que suspender el pago de un automóvil para cubrir su parte del costo de 1550 dólares. Su pareja, un agente de policía, cubrió la otra parte y condujo tres horas desde Dallas, donde viven, para llevarla.

Dice que lleva un tiempo sola. Su madre murió en un accidente de auto cuando ella tenía 9 años, y su padre murió de cáncer cuando ella tenía 19 años. Y aunque ahora se siente mucho más estable económicamente que en su adolescencia —estaba estudiando justicia penal hasta que comenzó la pandemia de coronavirus—, dijo que no podría mantener a un bebé.

“Tendría que poner mi vida en pausa”, dijo. “No sé si podría volver a estudiar”.

Sarah nunca había estado embarazada, pero dijo estar segura de haber tomado la decisión correcta. De cualquier forma, fue difícil. En las semanas que esperó su cita, dijo que le resultó imposible no pensar en que un ser humano crecía en su interior. La mujer encargada de realizar el ultrasonido de confirmación de su embarazo, en un centro operado por un grupo antiaborto, tecleó las frases ‘Hola, mami’ y ‘Hola, soy yo’ en la pantalla y le dio la impresión a Sarah.

“Es difícil resistir el instinto de querer crear un vínculo con él”, dijo Sarah. “Y tener que recordarme a diario que no puedo hacerlo, pensar ‘no es el momento adecuado para ti’. Esa ha sido la parte más difícil”.

Trust Women también atrae a grupos antiabortistas. Una casa rodante operada por activistas antiaborto que anuncia pruebas de embarazo y ultrasonidos gratuitos a veces se estaciona al otro lado de la calle, en Rancho Village Food Mart.

Raymundo Marquez, de 23 años, cajero allí, dijo que su hermano, propietario de la tienda, lo permite. Pero Marquez tiene sentimientos encontrados. Cree que el aborto está mal: cuando su novia se quedó embarazada en la secundaria, no se lo plantearon. Pero dice que es difícil juzgar a otra persona por hacerlo, porque sabe que hay niños sin hogar y abandonados.

“Es triste en ambos sentidos”, dijo.

El martes por la tarde apareció una manifestante, que se colocó de pie con una chaqueta verde floreada y zapatillas verdes, rezando y mirando hacia la caseta de seguridad de la clínica. Dentro, Louis Padilla, el guardia de seguridad, la observaba. Es común verla ahí y a veces sale a debatir con ella.

Padilla dijo que era católico y republicano, pero que la causa de la clínica lo ganó después de trabajar allí durante un tiempo. Cada mujer tiene su propia historia, dijo, y ¿quiénes son los hombres como él para juzgarlas? Corta el césped de la clínica, coloca la bandera y a veces arregla los electrodomésticos porque los reparadores se niegan a ir a una clínica que realiza abortos. Incluso compró un dron con su propio dinero para vigilar a los manifestantes en el exterior.

La situación en Texas quizá sea temporal. Una audiencia programada para el 1 de octubre les dará a los opositores de la ley otra oportunidad de convencer al juez de suspender su aplicación. Por desgracia, están a punto de aplicarse otras restricciones. En Oklahoma hay cinco, incluida una ley que exige que los proveedores de abortos sean médicos obstetras certificados por un panel. Si entra en vigor en la fecha programada del 1 de noviembre, cuatro de los ocho médicos que cuentan con licencia para trabajar en Trust Women ya no podrán practicar abortos.

Samerah pudo ir a la clínica de Oklahoma gracias a que recibió ayuda financiera de un fondo que cubrió los boletos de avión de ella y de su hijo. Su aborto quedó cubierto también. No obstante, su pareja tuvo que cubrir sus gastos de traslado. Según relató Samerah, lo despidieron cuando pidió unos días libres. Además, ella perdió varios días de salario.

No cree que quienes aprobaron la ley hayan considerado las consecuencias que tendría para mujeres como ella. Dijo que esos funcionarios van a su trabajo en “un automóvil que arranca sin problemas, que no tiene la llanta desinflada”.

Entre tanto, Samerah, su pareja y su hijo regresarán a Texas, a un temor muy real de no poder pagar la renta del mes de octubre.

“Tengo que regresar a casa y pensar qué hacer el siguiente mes, y eso es en dos semanas. Mira, no sé ni qué voy a hacer”.



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