Editorial

Contra el colorismo y el racismo

2021-11-18

En demasiadas sociedades del mundo, donde existe una diferencia en el tono de la piel, a las...

Por Charles M. Blow  | The New York Times

Una de las cosas que suelo escuchar como una persona que escribe con frecuencia sobre la raza, el origen étnico y la igualdad es que el aumento de las personas de piel morena en Estados Unidos (el inminente cambio de la población del país de tener una mayoría blanca a una mayoría no blanca) es una de las mayores esperanzas en la lucha contra la supremacía blanca y la opresión.

Pero este argumento siempre vuela demasiado alto como para prestar atención a los detalles de la realidad. Para mí, la supremacía blanca es solo una pata de la bestia. La otra es la antinegritud. Hay que luchar contra ambas.

Sin embargo, la triste realidad es que la antinegritud (o el rechazo a la piel oscura, para eliminar la estricta definición de una sola raza en aras de este debate) existe en sociedades de todo el mundo, incluidas las que no son blancas.

En demasiadas sociedades del mundo, donde existe una diferencia en el tono de la piel, a las personas de pieles más oscuras se les suele asignar una casta inferior.

Y, cuando las personas migran a este país desde esas sociedades, pueden traer consigo esos prejuicios, lo que pone de manifiesto que no es necesario ser blanco para contribuir a la antinegritud.

Un fascinante informe publicado este mes por el Centro de Investigaciones Pew exploró el colorismo en la comunidad hispana y subrayó cómo la antinegritud, o el rechazo a la piel oscura, no respeta la raza ni la identidad étnica; es omnipresente y presagia un futuro en el que el aumento de las personas de piel morena en Estados Unidos no consigue borrar sus prejuicios raciales.

En primer lugar, el informe reafirmó lo que todos sabemos que es cierto: la mayoría de los adultos hispanos afirman haber sufrido discriminación, sin importar el tono de su piel.

No obstante, los hispanos de piel oscura reportaron haber sufrido mucha más discriminación que los de piel más clara.

La encuesta permitía a los hispanos seleccionar el tono de piel más parecido al suyo en una escala de 10 puntos. El 80 por ciento de los encuestados eligió los cuatro tonos más claros, que el informe identificó como de piel clara, pero solo el 15 por ciento eligió los seis tonos de piel más oscuros, identificados en el informe como de piel oscura. Otros optaron por no responder.

La encuesta reveló que:

    La mayoría de los adultos hispanos (el 62 por ciento) dice que tener un color de piel más oscuro perjudica, al menos en cierta media, la capacidad de los hispanos para salir adelante en Estados Unidos en la actualidad. Una proporción similar (el 59 por ciento) dice que tener un color de piel más claro ayuda a los hispanos a salir adelante. El 57 por ciento afirma que el color de la piel influye mucho o algo en sus experiencias de la vida diaria, y cerca de la mitad dice que la discriminación basada en la raza o el color de la piel es un “problema muy grande” en el Estados Unidos de hoy.

La intolerancia no solo proviene de personas que no pertenecen a la comunidad hispana, sino también del interior de la misma. Casi la mitad de los adultos hispanos encuestados dijeron que a menudo o a veces han oído a un amigo o familiar hispano hacer comentarios o bromas sobre otros hispanos y sobre los no hispanos “que podrían considerarse racistas o racialmente insensibles”. Los hispanos de piel oscura denunciaron estos incidentes en mayor proporción que los hispanos de piel clara.

En cuanto a la atención que se presta a las cuestiones raciales en este país, la mayoría de los hispanos, como es comprensible, dijo que se presta muy poca atención a la raza y a las cuestiones raciales que afectan a los hispanos. Una amplia mayoría también expresó que se presta muy poca atención a la raza y a las cuestiones raciales a nivel nacional.

Sin embargo, una mayoría relativa dijo que se prestaba demasiada atención a las cuestiones relacionadas con las personas negras.

Esto es preocupante. La atención a las cuestiones raciales no es un asunto de suma cero. Debería haber más preocupación por todos los grupos y menos creencias de que algunos reciben muy poco y otros demasiado.

Hay que atender estas cuestiones sobre cómo se percibe y se trata a las personas de piel más oscura de todas las razas y origenes étnicos. Esto se debe, en parte, a que nos dirigimos hacia un futuro en el que la proporción de minorías de piel oscura solo será una fracción.

Para el año 2065, se prevé que no solo los estadounidenses asiáticos superarán en número a los afroestadounidenses, sino que también habrá casi el doble de hispanos en el país que personas de raza negra.

Como ya he mencionado antes, me preocupa que la supremacía blanca pueda ser sustituida por una supremacía de piel clara, una sociedad en la que las personas de piel clara sigan teniendo ventajas y las de piel oscura sigan siendo oprimidas, aun cuando los blancos ya no sean mayoría.

Curiosamente, en el informe de Pew, a los encuestados que se identificaban como hispanos, latinos o de origen español se les preguntaba su raza y se les decía que, a efectos de la pregunta sobre la raza: “Los orígenes hispanos no son razas”. Podían elegir más de una raza. Según el informe, el 58 por ciento se identificó como blanco (los datos reales del censo revelaron que un número mucho menor se identificó como blanco).

En mi vida, he visto algunas alianzas alentadoras entre negros y morenos. Justo el año pasado, tras el asesinato de George Floyd, otra encuesta de Pew reveló que un porcentaje aún mayor de hispanos que de negros dijo haber participado en las protestas.

Sin embargo, las historias de opresión de estos grupos son diferentes en Estados Unidos, así como su relación continua con ella. En 2015, Pew descubrió que “desde 1965, la población nacida en el extranjero ha pasado de 9,6 millones a la cifra récord de 45 millones, gracias a la inmigración”. Como era de esperarse, la gran mayoría de ese crecimiento ocurrió después del movimiento por los derechos civiles.

Todos debemos reconocer estas diferencias y tener la intención de enfrentarlas con honestidad. El colorismo y el racismo son primos, y ambos son una peste.



Jamileth