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La mayoría de las vacunas parecen no evitar contagio de la variante de ómicron

2021-12-21

Las vacunas de Pfizer y Moderna utilizan la nueva tecnología de ARNm, que de manera...

Stephanie Nolen | The New York Times

¿Qué tan efectivas son las vacunas contra ómicron?

“Lo que se pierde primero es la protección contra la infección leve asintomática, lo que se conserva mucho mejor es la protección contra la enfermedad grave y la muerte”, dijo un experto sobre las vacunas y su grado de defensa contra la variante.

Un conjunto creciente de investigaciones preliminares sugiere que las vacunas contra la COVID-19 utilizadas en la mayor parte del mundo no ofrecen casi ninguna defensa contra la infección por la variante ómicron, altamente contagiosa.

Todas las vacunas parecen seguir proporcionando un grado de protección importante contra una enfermedad grave de ómicron, que es el objetivo más importante. Sin embargo, solo las vacunas de Pfizer y Moderna, con una dosis de refuerzo, parecen tener un éxito inicial para detener las infecciones, y estas vacunas no están disponibles en la mayor parte del mundo.

Las demás vacunas —incluidas las de AstraZeneca, Johnson & Johnson y las fabricadas en China y Rusia— hacen poco o nada para detener la propagación de la variante ómicron del coronavirus, según muestran las primeras investigaciones. Y como la mayoría de los países han construido sus programas de inoculación en torno a estas vacunas, la brecha podría tener un profundo impacto en el curso de la pandemia.

El aumento global de las infecciones en un mundo en el que miles de millones de personas siguen sin vacunarse no solamente amenaza la salud de las personas vulnerables, sino que también aumenta la posibilidad de que surjan aún más variantes. La disparidad en la capacidad de los países para sortear la pandemia se acentuará casi con toda seguridad. Y las noticias sobre la limitada eficacia de las vacunas contra la infección por la variante ómicron podrían reducir la demanda de vacunación en los países en desarrollo, donde muchas personas ya tienen dudas o están preocupadas por otros problemas de salud.

La mayor parte de las pruebas obtenidas hasta ahora se basan en experimentos de laboratorio, que no captan toda la gama de respuestas inmunes del organismo, y no en el monitoreo del efecto que tiene en poblaciones del mundo real. Sin embargo, los resultados son sorprendentes.

Las vacunas de Pfizer y Moderna utilizan la nueva tecnología de ARNm, que de manera sistemática ofrece la mejor protección contra la infección de cada variante. Todas las demás vacunas se basan en métodos más antiguos para desencadenar una respuesta inmunitaria.

Las vacunas chinas Sinopharm y Sinovac —que constituyen casi la mitad de todas las dosis administradas en el mundo— ofrecen una protección casi nula contra la infección por ómicron. La gran mayoría de los habitantes de China han recibido estas vacunas, que también se usan de manera extendida en países de ingresos bajos y medios como México y Brasil.

Un estudio preliminar de efectividad realizado en Gran Bretaña descubrió que la vacuna de Oxford-AstraZeneca no mostraba capacidad alguna para detener la infección por ómicron seis meses después de la vacunación. El 90 por ciento de las personas vacunadas en India recibieron esta vacuna, con el nombre Covishield; también se ha empleado de manera amplia en gran parte de la África subsahariana, donde Covax, el programa mundial de vacunas contra la COVID-19, distribuyó 67 millones de dosis de esa vacuna a 44 países.

Los investigadores predicen que la vacuna rusa Sputnik, que también se utiliza en África y América Latina, mostrará índices de protección igual de desalentadores contra la variante ómicron.

La demanda de la vacuna de Johnson & Johnson se había disparado en África, porque su régimen de administración de una sola dosis hace que sea fácil de aplicar en entornos de bajos recursos. Pero también ha demostrado una capacidad mínima para bloquear la infección por ómicron.

Los anticuerpos son la primera línea de defensa inducida por las vacunas. Sin embargo, la inoculación también estimula el crecimiento de los linfocitos T y los estudios preliminares sugieren que estos linfocitos T siguen reconociendo la variante ómicron, lo que es importante para prevenir la enfermedad grave.

“Lo que se pierde primero es la protección contra la infección leve asintomática, lo que se conserva mucho mejor es la protección contra la enfermedad grave y la muerte”, dijo John Moore, experto en virus de Weill Cornell Medicine en Nueva York. Calificó como “un resquicio de esperanza” el hecho de que, hasta ahora, la variante ómicron parece ser menos letal que la variante delta.

Pero esta protección no será suficiente para evitar que ómicron produzca un trastorno mundial, afirmó J. Stephen Morrison, director del Centro de Política Sanitaria Mundial del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos.

“La mera escala de la infección saturará los sistemas de salud, tan solo porque es probable que el denominador sea muy grande”, advirtió. “Si se produce un estallido de infecciones en todo el mundo, una conmoción, ¿cómo se verá el mundo después? ¿Será un: ‘la guerra ha terminado’ o ‘la guerra acaba de entrar a otra fase’? No hemos empezado a pensar en nada de eso”.

Es probable que las personas vacunadas que se contagien experimenten únicamente una infección asintomática o una enfermedad leve, no obstante pueden transmitir el virus a personas no vacunadas, que podrían enfermarse de forma más grave, y convertirse en una fuente de nuevas variantes.

Seth Berkley, director general de Gavi, la alianza mundial de vacunas, dijo que se necesitan más datos antes de sacar conclusiones sobre la efectividad de las vacunas contra la variante ómicron y que la vacunación acelerada debe seguir siendo el eje central de la respuesta a la pandemia.

Los datos preliminares de Sudáfrica sugieren que con ómicron hay muchas más posibilidades de que las personas que ya enfermaron de COVID-19 se vuelvan a infectar que con el virus original y las variantes anteriores. Sin embargo, algunos expertos en salud pública creen que los países que ya han pasado por olas brutales de infecciones de COVID-19, como Brasil e India, pueden tener un amortiguador contra la ómicron, y la vacunación después de la infección produce altos niveles de anticuerpos.

“La combinación de la vacunación y la exposición al virus parece ser más fuerte que tener solo la vacuna”, dijo el epidemiólogo Ramanan Laxminarayan. India, señaló, tiene una tasa de vacunación en adultos de solo un 40 por ciento, pero una exposición al virus del 90 por ciento en algunas zonas.

“Sin duda, ómicron se propagará en toda India”, afirmó. “Pero es de esperar que India esté protegida hasta cierto punto gracias a la vacunación y la exposición”, agregó.

China no tiene esta capa de protección que respalde sus vacunas más débiles. Debido a los agresivos esfuerzos de China para detener la propagación del virus dentro de sus fronteras, son relativamente pocas las personas que han estado expuestas al virus con anterioridad. Se calcula que solo el siete por ciento de los habitantes de Wuhan, donde comenzó la pandemia, se contagiaron del virus.

Gran parte de América Latina ha confiado en las vacunas chinas y rusas, y en la de AstraZeneca. Mario Rosemblatt, profesor de inmunología en la Universidad de Chile, dijo que más del 90 por ciento de los chilenos se había puesto dos dosis de una vacuna, pero que la gran mayoría de ellas eran Coronavac, la dosis de Sinovac. La alta cobertura de vacunación combinada con los primeros informes de que ómicron no causa enfermedades graves está llevando a una falsa sensación de seguridad en el país, afirmó.

“Tenemos que conseguir que la gente entienda que no funciona así: si se tiene una alta transmisibilidad se va a saturar el sistema sanitario porque el número de personas enfermas será mayor”, sentenció.

Brasil ha recomendado que todas las personas vacunadas reciban una tercera dosis, y ha empezado a utilizar la vacuna de Pfizer para todos los refuerzos, pero solo el 40 por ciento de los vacunados han acudido a recibir la inyección extra. Amilcar Tanuri, virólogo de la Universidad Federal de Río de Janeiro, dijo con cauteloso optimismo que los altos niveles de exposición previa a la covid podrían atenuar el impacto de la variante ómicron, sin embargo, señaló que los brasileños más vulnerables, vacunados primero, recibieron la vacuna de Coronavac, y decenas de millones más recibieron AstraZeneca.

Morrison calificó la capacidad de la variante ómicron para eludir la protección de la vacunación como “un enorme revés” para los países de ingresos bajos y medios, en los que, lejos de cualquier debate sobre los refuerzos, la atención se sigue centrando en administrar las primeras vacunas.

“El mundo se divide en dos partes, ¿no?”, dijo. “Están los que tienen un camino rápido hacia los refuerzos frente a los que han tenido un progreso muy limitado y de repente están sujetos a este nuevo latigazo”.

Solo el 13 por ciento de los habitantes de África ha recibido al menos una dosis de la vacuna para la covid.

Laxminarayan agregó que el gobierno indio, del cual es asesor ocasional, estaba estudiando la posibilidad de aplicar vacunas de refuerzo, pero la variante delta sigue siendo una amenaza importante en India, y dos dosis de la vacuna ofrecen protección contra dicha variante. Esto le plantea al gobierno una difícil elección entre centrarse en conseguir que las personas que siguen sin vacunarse, o que no han completado el esquema de vacunación, reciban dos dosis, o intentar que los refuerzos lleguen a las personas mayores y a las que tienen condiciones médicas de alto riesgo como protección contra la variante ómicron.

Morrison estimó que la noticia de que las vacunas sin ARNm ofrecen poca protección contra la infección por ómicron puede erosionar aún más la demanda de vacunas en países que ya están luchando para aumentarla.

“Esto pone en duda todo el valor de las vacunas”, dijo. “Si estamos tan atrasados y luego sufrimos esto, se va a alimentar el sentimiento antivacunas y se va a debilitar la confianza”.

Tolbert Nyenswah, investigador principal de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, dijo que la amenaza emergente para los países del sur global que han confiado en las vacunas sin ARNm era una acusación de la incapacidad de los países ricos para compartir esa tecnología o ayudar a construir puntos de producción en los países de ingresos bajos y medios.

Como consecuencia, seguirán surgiendo variantes peligrosas en zonas con baja cobertura de vacunación y se prolongará la pandemia, predijo Nyenswah, quien fue viceministro de Salud en Liberia durante el peor brote de ébola de ese país.

Berkley, de Gavi, dijo que sería un grave error que los países se relajaran en su impulso de vacunación o asumieran que solo vale la pena distribuir las vacunas de ARNm.

“Podemos estar viendo una situación en la que los países digan: ‘Si los países desarrollados no quieren estas vacunas, entonces nosotros no queremos estas vacunas’”, dijo. “Eso, por supuesto, sería una interpretación errónea, si resulta que estas vacunas previenen contra las enfermedades graves y la muerte”.
 



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