Salud

Por qué las pruebas gratuitas de COVID-19 se volvieron virales

2022-01-24

Así es también como se difunden los chismes, y por qué nos daban ganas de...

Shira Ovide | The New York Times

El chisme más controvertido de la semana pasada fue sobre los hisopos que se meten por la nariz.

El martes pasado, el gobierno estadounidense lanzó un nuevo sitio web para que las personas soliciten pruebas gratuitas de coronavirus desde sus hogares, así que es posible que, como todo el mundo, ya hayas escuchado algo al respecto. Las mamás enviaron mensajes de texto a sus hijos. Los amigos se lo contaron entre sí en conversaciones y luego en diferentes chats grupales. Tal vez te enteraste de la noticia por tu club de jardinería.

Parecía haber una explicación simple de por qué un sitio web del gobierno recibió el mismo nivel de atención que un nuevo álbum de Beyoncé: nos encantan las cosas gratis, y muchos estadounidenses habían querido tener pruebas caseras de COVID-19, pero no podían encontrarlas o pagarlas fácilmente.

Sin embargo, las personas que estudian el comportamiento humano me dijeron que podría haber más razones para lo sucedido. El sitio web del kit de pruebas tal vez se volvió viral por algunas de las mismas razones por las que una venta del Viernes Negro puede difundirse rápidamente: decirles a otros algo que podría ser útil para ellos nos hace sentir bien, sobre todo si la información se siente como un conocimiento secreto, y tendemos a confiar más en las personas que conocemos que en los expertos.

“A menudo vemos cosas que se vuelven virales y pensamos que se debe a pura suerte o a la casualidad, pero hay principios que hacen que las cosas sean más virales”, explicó Jonah Berger, profesor de Mercadotecnia en la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania y autor del libro “Contagious: Why Things Catch On” (Contagioso. Cómo conseguir que tus productos e ideas tengan éxito).

Berger dijo que, cuando vio a las personas compartir información sobre los kits de pruebas, reconoció muchas de las mismas tendencias humanas que las empresas aprovechan para correr la voz sobre un nuevo producto.

El menú “secreto” de la cadena de comida rápida In-N-Out Burger no es un secreto. En cambio, según Berger, se trata de una mercadotecnia inteligente que aprovecha el placer que nos produce —seamos o no conscientes de la estrategia— divulgar lo que parece ser información privilegiada.

Así es también como se difunden los chismes, y por qué nos daban ganas de contarles a nuestros amigos dónde compramos el papel higiénico cuando era difícil de encontrar.

También somos más propensos a compartir información sobre un tema que despierta miedo u otras emociones fuertes. Y, por supuesto, cuando los productos son exclusivos o creemos que son escasos, nos sentimos más motivados a la acción. Los kits de pruebas de coronavirus cumplen todos esos requisitos.

Jessica Calarco, profesora de Sociología en la Universidad de Indiana, también me dijo que la gente tiende a basar sus decisiones de salud en las acciones de las personas que conoce, o de las que cree que son como ellas. La presión social —como oír hablar del sitio web de la prueba de coronavirus una y otra vez entre amigos y familiares— puede ser más influyente que las recomendaciones sanitarias oficiales o los consejos de los médicos.

Las noticias sobre el sitio web de la prueba de coronavirus “se difundieron principalmente de boca en boca, de una manera más informal, creando una presión social para participar e inspirando confianza en el sistema en su conjunto”, me dijo Calarco.

Los rumores perjudiciales y las teorías conspirativas pueden difundirse por razones similares. Somos más proclives a transmitir las noticias que nos asustan, y nos gusta sentir que estamos informados y que estamos ayudando. Los investigadores de la desinformación advierten sobre los rumores que parecen venir del “amigo de un amigo”, porque es más probable que confiemos en una afirmación que parece venir de nuestras conexiones sociales.

Sin embargo, la semana pasada fue otro ejemplo de cómo los mismos comportamientos y tendencias que ayudan a vender hamburguesas y a difundir chismes también pueden persuadir a muchos millones de estadounidenses para que contribuyan al bienestar público.



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