Tras Bambalinas

Ucrania insiste en que puede ganar la guerra, pero Occidente exige ver resultados

2022-07-25

“La estrategia es una cuestión de opciones, y las opciones vienen con...

Andrew E. Kramer, The New York Times

Mientras recalcan que las armas occidentales pueden cambiar el rumbo de la guerra, los funcionarios ucranianos resaltan los recientes ataques exitosos que han ejecutado con los nuevos sistemas de cohetes de largo alcance.

Hace apenas unas semanas, el ejército ucraniano estaba siendo golpeado implacablemente en el este, al sufrir numerosas bajas a medida que cedía terreno ante el avance ruso. Parecía que el apoyo occidental se estaba debilitando, en medio del escepticismo ante la posibilidad de que Ucrania pudiera ganar una guerra de desgaste o de que la afluencia de armas sofisticadas cambiaría el rumbo del conflicto.

A pesar de todo, el mensaje de los ucranianos para el mundo no cambió: “Podemos ganar, nuestra estrategia está funcionando, aunque lentamente. Solo sigan enviándonos las armas”.

Todavía nadie sabe si Ucrania vencerá al ejército ruso invasor que es más numeroso y cuenta con un armamento superior, o incluso cómo sería la victoria. Y las súplicas por armas de Ucrania se han convertido en una cantinela tan constante que algunos en Occidente las han ignorado, pues las tratan como un ruido de fondo poco realista.

Pero esta semana, mientras los militares ucranianos empleaban nuevos sistemas de cohetes de largo alcance para destruir la infraestructura rusa, Ucrania está tratando de demostrarle al mundo que puede derrotar a los rusos. Y está señalando las pruebas.

Según los funcionarios, el ataque reciente en la ciudad de Nueva Kajovka, en el río Dniéper del sur de Ucrania, en el que los sistemas de cohetes de artillería de alta movilidad (HIMARS, por su sigla en inglés), suministrados por Occidente, impactaron un depósito de municiones ruso e hicieron que las municiones brillantes salieran volando por todos lados, algo así como un espectáculo letal de fuegos artificiales, es prueba de esto.

Hace varios días, una descarga de artillería ucraniana impactó un puente importante ubicado en el río Dniéper que era un punto de cruce vital para los suministros rusos. Los analistas dicen que el ataque marca el comienzo de una contraofensiva en el sur con miras a recuperar Jersón, una ciudad importante.

El jueves de la semana pasada, funcionarios ucranianos dijeron que sus fuerzas habían atacado más de 200 objetivos en el sur utilizando misiles de largo alcance y artillería.

“No hay dudas de que Rusia puede ser derrotada, y Ucrania ya ha demostrado cómo”, dijo el martes 19 de julio el ministro de Defensa de Ucrania, Oleksii Réznikov, en un discurso ante el Consejo Atlántico.

La primera dama ucraniana, Olena Zelenska, llevó el mensaje personalmente a Washington al día siguiente, durante una participación inusual ante el Congreso. Pidió más armas y dijo que Rusia estaba “destruyendo” su país.

A pesar del renovado optimismo de los ucranianos, analistas militares y funcionarios occidentales dicen que es demasiado pronto para pronosticar un cambio en el futuro y es probable que todavía quede mucho trabajo por hacer. Advierten sobre el peligro de poner demasiadas esperanzas en armas particulares en medio del caos y la fluidez de un frente de batalla que serpentea cientos de kilómetros desde Járkov, en el norte, hasta Nicolaev en el sur.

“Ahora estamos logrando lo que no hemos logrado antes”, dijo Taras Chmut, director de un grupo no gubernamental que ayuda a los soldados ucranianos. “Pero no hubo progreso en el frente. No hay una panacea, ni una varita mágica, que conduzca a la victoria en el futuro”.

Sin embargo, altos funcionarios de seguridad ucranianos proyectaron una visión optimista esta semana en Kiev.

“Cuanto más rápido sea el suministro de armas por parte de nuestros aliados, más rápido terminaremos esta guerra”, dijo Oleksiy Danilov, jefe del consejo de seguridad nacional de Ucrania, quien aseguró que su país no tiene intención de ceder territorio en un acuerdo negociado, como han sugerido algunos en Occidente. “Esto es solo una cuestión de quién le gana a quién”.

El 20 de julio, Ucrania recibió la confirmación de Estados Unidos sobre su estrategia, cuando el Pentágono se comprometió a suministrar cuatro lanzacohetes HIMARS más y otras armas potentes, incluidos dos sistemas de defensa aérea tipo NASAMS para ayudar a Ucrania a protegerse contra los ataques con misiles. Y el secretario de Defensa, Lloyd J. Austin III, ofreció una evaluación más optimista de las posibilidades de Ucrania.

“Nuestra ayuda está marcando una diferencia real sobre el terreno”, dijo Austin en una reunión de funcionarios de defensa occidentales. “Rusia cree que puede sobrevivir a Ucrania, y sobrevivir a nosotros. Pero ese es solo el último de una serie de errores de cálculo cometidos por Rusia”.

El principal oficial de inteligencia del Reino Unido, Richard Moore, jefe del MI6, también brindó una evaluación optimista, y dijo sobre el ejército de Rusia: “Creo que están a punto de perder fuerza”. Moore dijo que las fuerzas rusas “de alguna manera tendrán que hacer una pausa, y eso les dará a los ucranianos la oportunidad de contratacar”.

Lejos del campo de batalla, Ucrania consiguió un respaldo económico por parte de la Unión Europea, que propone que sus miembros reduzcan el consumo de gas por temor a que el presidente Vladimir Putin corte las exportaciones hacia esos países. El jueves, Rusia reanudó el flujo de gas a través de un gasoducto vital hacia Alemania, aliviando los temores de escasez, al menos por el momento.

La posibilidad de que el armamento de largo alcance que ahora llega a Ucrania pueda hacer retroceder al ejército ruso se ha convertido en una incógnita fundamental en la guerra.

Estados Unidos y los europeos desconfían de la estrategia de enviar demasiado equipo antes de que se pueda entrenar a los soldados ucranianos; los analistas han señalado que existen indicios de que Ucrania no podría asimilar el manejo de ese armamento tan fácilmente como afirma.

A los funcionarios occidentales también les preocupa que, envalentonados por la nueva potencia de armas, Kiev pueda iniciar una contraofensiva demasiado pronto. Y al Pentágono le preocupa la posibilidad de agotar sus propias reservas en los próximos meses.

Hace un mes, parecía que Rusia tenía una ventaja significativa. Los soldados ucranianos lucharon y finalmente, en feroces y sangrientas batallas en las calles y en duelos de artillería, perdieron las ciudades de Severodonetsk y Lisichansk, en el este de Ucrania. Algunos funcionarios occidentales cuestionaron las posibilidades de esa estrategia de tierra arrasada y dijeron que Ucrania no podría ganar una guerra de desgaste.

Incluso el presidente Volodímir Zelenski, en una rara reflexión hecha en público sobre la estrategia, reconoció el alto costo en vidas que significa tratar de mantener el terreno frente al embate del ejército ruso en las comunidades destruidas y en su mayoría desiertas, a las que llamó “ciudades muertas”, al decir que de 60 a 100 soldados ucranianos morían cada día. Otros funcionarios ucranianos dijeron que esa cifra era mucho mayor.

Los comandantes ucranianos dijeron que prolongar la fase de combate urbano infligió más bajas a los rusos que a los ucranianos. Réznikov, el ministro de Defensa de Ucrania, dijo que entre 9000 y 11,000 soldados rusos murieron en dichos combates, lo que, según advirtió, justificaba las tácticas ucranianas. (Su afirmación no pudo ser verificada de manera independiente).

La intensidad del combate ha disminuido en el Donbás desde que cayó Severodonetsk y los ucranianos se retiraron de Lisichansk, lo que sugiere que los rusos estaban haciendo una pausa para reposicionarse o que sus capacidades se habían degradado significativamente. La atención se ha desplazado hacia el sur y al oeste, en el área cercana al río Dniéper, donde Ucrania ha utilizado artillería de largo alcance suministrada por países occidentales, incluido Estados Unidos, para atacar objetivos más lejanos detrás de las líneas del frente.

A medida que intensifica los ataques en el sur, Ucrania se enfrenta a otro dilema estratégico: cómo debe utilizar sus nuevas capacidades letales. ¿Concentrar la potencia de fuego para defenderse en el este o avanzar con un ataque hacia la ciudad sureña ocupada de Jersón, que está en manos de los rusos, pero se considera vulnerable?

“La estrategia es una cuestión de opciones, y las opciones vienen con concesiones”, dijo Michael Kofman, director de estudios rusos en CNA, un instituto de investigación en Arlington, Virginia.

Los funcionarios occidentales entienden el deseo de Ucrania por recuperar territorio y lograr una victoria que despierte las esperanzas de su pueblo. Pero algunos funcionarios occidentales creen que su ejército no está listo para una gran contraofensiva en la región cercana a Jersón.

Ante esto, Ucrania responde que ha evitado maniobras precipitadas o arriesgadas con el nuevo armamento y que no se actuará de manera prematura.

“Entendemos que no tenemos suficientes recursos para emprender una estrategia activa”, dijo Oleksandr Kyrylenko, subjefe de personal de las fuerzas armadas de Ucrania. “Estamos trabajando con nuestros aliados. Cuando tengamos las fuerzas necesarias, decidiremos sobre las acciones futuras”.

Derrotar al ejército ruso sigue estando al alcance de Kiev en este momento, pero no indefinidamente, ya que el apoyo occidental depende de que Ucrania demuestre que puede liberar las áreas ocupadas, dijo Evelyn Farkas, directora del Instituto McCain y exsubsecretaria adjunta de Defensa para Rusia, Ucrania y Eurasia.

“Para ellos no basta con contener a los rusos”, dijo Farkas. “Si los ucranianos no pueden mostrar algún éxito en el campo de batalla, y si es de una manera dramática mucho mejor, el apoyo de Estados Unidos y Europa al esfuerzo bélico se debilitará”.

Los funcionarios ucranianos han moderado las expectativas. En junio, Kyrylo Budanov, jefe de la agencia de inteligencia militar de Ucrania, dijo que los contrataques tendrían éxito en agosto. En julio, Réznikov, el ministro de Defensa, dijo que esperaba resultados para fin de año.

Por ahora, los funcionarios ucranianos dicen en entrevistas que sus fuerzas están demostrando la capacidad de usar el nuevo armamento para lograr impactos directos y dolorosos en las líneas de suministro, las tropas y los almacenes de armas.

Dicen que, ante la posibilidad de un contrataque, tienen la intención de volar puentes y áreas de preparación cerca del río Dnipro, cortar las líneas de suministro rusas y retirarse a la orilla occidental del río, incluso en Jersón.

El general Kyrylenko negó cualquier tensión con Estados Unidos por el suministro de armas o decisiones estratégicas sobre su uso. “Estamos en plena coordinación con nuestros socios”, dijo. “Cada arma suministrada preserva la vida de nuestro pueblo, nuestras mujeres, nuestros niños, nuestra población”.

Para ayudar a disipar las preocupaciones de que las armas puedan perderse o desviarse, el gobierno de Zelenski presentó la semana pasada un sistema de rastreo por computadora, llamado CODA, que monitorea todo el armamento donado.

Los funcionarios ucranianos también le restaron importancia a las dificultades de entrenar a los soldados para operar varios sistemas nuevos simultáneamente o mantenerlos. Danilov, jefe del consejo de seguridad, dijo que Ucrania tiene un millón de soldados, incluidos los de las unidades policiales y los nuevos reclutas. Con más soldados que armas, dijo, el entrenamiento no desvía a las fuerzas del frente.

Estandarizar el arsenal de artillería sería útil, eventualmente, dijo el general Kyrylenko.

“Después de la victoria lo resolveremos”, afirmó.
 



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