Barones y Magnates

Inversionistas comunes y corrientes que incursionaron en el criptomundo se preguntan qué pasará ahora

2022-12-06

Cuando el material publicitario y los agentes de ventas de BlockFi le dijeron que su...

Matthew Goldstein | The New York Times

A principios de noviembre, Adrian Butkus, de 43 años y padre de dos pequeños, invirtió 600,000 dólares, gran parte de sus ahorros de toda la vida, en una cuenta de BlockFi, empresa de compraventa de criptomonedas. BlockFi había publicitado la cuenta como una opción libre de riesgos que ofrecía intereses del 6,5 por ciento, más de lo que Butkus podía obtener en cualquier otra parte.

Solo unos días después, cuando el desplome de la casa de cambio de criptomonedas FTX sacudió la criptoindustria en su conjunto, Butkus le pidió a BlockFi que le devolviera su dinero. Para su desgracia, la empresa había suspendido todos los retiros de los clientes, según dijo, por sus estrechos vínculos financieros con FTX. Para finales de noviembre, BlockFi también se declaró en quiebra.

Butkus no sabe cuándo verá de nuevo su dinero (o si acaso lo verá). Es uno de los millones de inversionistas individuales de todo el mundo que invirtieron dinero en activos digitales porque estaban convencidos de que la criptoindustria era un sistema financiero estable. Estaban conscientes de la volatilidad y los drásticos cambios de precio del bitcóin y otras criptomonedas. Lo que ha resultado una enorme sorpresa para muchos es que las empresas en las que depositaron su dinero no contaban con las protecciones básicas que ofrece un banco o una agencia de intermediación.

“Estas empresas te dan la impresión de gozar de seguridad bancaria”, comentó Joshua Fairfield, profesor en la Escuela de Derecho de la Universidad de Washington y Lee en Virginia que se especializa en cuestiones de tecnología. “Estas empresas quieren tener la confianza de los clientes, pero ninguna de las responsabilidades asociadas con una institución financiera regulada. Un esquema así sencillamente no funciona”.

Es más, cuando un banco o una agencia de intermediación quiebra, existen fondos garantizados por el gobierno establecidos para que, en general, los inversionistas reciban su dinero de regreso. La industria de las criptomonedas, en su mayoría, no cuenta con ninguna de estas protecciones. Además, como las empresas quiebran y el valor de algunos activos del criptomundo es incierto, los clientes comunes y corrientes quedan al final de una larga fila para recibir su dinero, detrás de los grandes bancos y empresas de compraventa.

Butkus dijo que había invertido con BlockFi aunque sabía que las cuentas no estaban aseguradas. Según la oferta de BlockFi, le prestó sus 600,000 dólares por un plazo de seis meses a cambio de un rendimiento del 6,5 por ciento. BlockFi convirtió ese dinero en un activo digital que utilizó para conducir su negocio de compraventa de criptomonedas.

Cuando el material publicitario y los agentes de ventas de BlockFi le dijeron que su inversión estaba segura y podía recuperarla en cualquier momento, les creyó.

“Me convencieron de que no había ningún riesgo”, se lamentó Butkus, y añadió que no sabía que BlockFi, que había obtenido dinero en préstamo de FTX, tenía vínculos tan estrechos con la casa de cambio.

Gran parte del dinero que invirtió Butkus, un empresario independiente, provenía de la venta reciente de su casa en Plainfield, Illinois. Esperaba incrementar sus ahorros con los intereses obtenidos por su préstamo a BlockFi y luego utilizar el dinero para construir una nueva casa para su familia. Ahora se pregunta dónde vivirá con su familia, que por ahora se hospeda con sus suegros.

Los abogados de FTX y BlockFi no respondieron a nuestra solicitud de comentarios.

FTX, empresa fundada por Sam Bankman-Fried que llegó a ser un gigante de la criptoindustria, implosionó el mes pasado cuando algunas empresas grandes retiraron su dinero después de escuchar que la casa de cambio había utilizado miles de millones de dólares de los depósitos de sus clientes para rescatar a Alameda Research, empresa de compraventa de criptomonedas de la que Bankman-Fried era cofundador. El fracaso de la casa de cambio fue todavía más sorprendente porque FTX había ganado cierta legitimidad gracias a una campaña publicitaria llamativa en la que afirmaba que sus productos eran seguros, divertidos y fáciles de usar.

Las autoridades federales de Nueva York ahora intentan determinar si deben presentar cargos del ámbito penal en contra de Bankman-Fried y otras personas en relación con el desplome de la empresa y el posible uso inadecuado de depósitos de los clientes. Bankman-Fried, en un bombardeo publicitario la semana pasada, insistió en que nunca fue su intención defraudar a nadie y no sabía con exactitud cuánto dinero de los clientes se le había transferido a Alameda.

Como las oficinas de FTX se encuentran en el extranjero, en las Bahamas, la mayoría de sus clientes provienen de Europa, Asia y refugios fiscales bien conocidos como las islas Caimán y las Vírgenes Británicas. Solo el dos por ciento de sus clientes se encuentran en Estados Unidos, donde opera a través de FTX US, una subsidiaria, según sus documentos de quiebra.

En los días previos a que FTX se declarara en quiebra, la unidad estadounidense les informó a sus clientes que podían retirar su dinero. No se sabe cuántos lo hicieron; FTX US más adelante también se declaró en quiebra.

Mashood Alam, actor de Pakistán que vive en North Hollywood, California, y era cliente de FTX US, comentó que no sabía de los problemas de la empresa hasta que se declaró en quiebra. Alam, de 32 años, dijo que esperaba recuperar 20,000 dólares, pero la experiencia le ha hecho perder el entusiasmo por las criptomonedas. Planeaba usar ese dinero para ayudar a pagar un abogado e iniciar su trámite de naturalización y ciudadanía. Ahora, Alam dice que tendrá que encontrar otra manera de obtener el dinero.

Scott Jerutis, de 58 años, que trabaja en el sector de la intermediación inmobiliaria en el barrio de Queens de la ciudad de Nueva York, señaló que tiene alrededor de 33,000 dólares de la moneda digital ethereum en una cuenta BlockFi congelada. Se describió como un inversionista experimentado que había invertido antes en la criptoindustria con éxito e indicó que entendía que a veces podía haber pérdidas.

No obstante, añadió: “Nunca creí que en una debacle de estas dimensiones te impidieran retirar tus fondos”. Jerutis afirmó que ahora cree que es necesaria una regulación para resguardar el dinero de los clientes.

Los inversionistas furiosos apenas se van enterando de que no tienen muchas opciones. Andrew Stoltmann, abogado especializado en casos de valores, explicó que su despacho recibía unas 10 llamadas al día incluso antes del derrumbe de FTX. “Desde que comenzó el invierno de las criptomonedas”, dijo, en referencia a los primeros trastornos experimentados en el mercado en la primavera cuando los inversionistas se deshicieron de sus activos riesgosos.

Muchos clientes quieren saber si pueden presentar una demanda para recuperar dinero perdido o prestado, comentó Stoltmann. Puesto que las empresas tradicionales de Wall Street han evitado darles financiamiento a las empresas de criptomonedas, dijo, existen pocas instituciones financieras estables más a las cuales recurrir.

Hasta ahora, alrededor de 24 individuos han presentado demandas ante el tribunal de quiebra para exigir que se les devuelva el dinero que perdieron con FTX. La mayoría son originarios de Taiwán y sus pérdidas varían de solo unos cuantos miles a decenas de miles de dólares.

Uno de esos clientes, Chen Mei-Sha, reclama 5600 dólares. Después de que FTX dejó de permitir los retiros, relató en un correo electrónico, empezó a sospechar que la mayoría de los “mensajes de Twitter y discursos de Bankman-Fried eran mentiras”. Chen se describió como un ama de casa que tiene inversiones en criptomonedas en otras tres plataformas de negociación y cree que FTX “malversó” el dinero de los clientes.
 



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