Calamidades

Puerto Rico, una vez más, vuelve a estar a oscuras

2022-09-20

Pero de repente tuvo una señal de que las cosas estaban cambiando para mejor: los camiones...

Laura N. Pérez Sánchez, Patricia Mazzei, Erika P. Rodriguez | The New York Times

El huracán Fiona inundó la isla y dejó a sus habitantes sin agua y sin luz. Los puertorriqueños son escépticos respecto a la capacidad de sus líderes para responder a los desastres.

El lunes, el huracán Fiona puso bajo el agua a Puerto Rico con una lluvia implacable y aterradoras inundaciones repentinas, lo que obligó a realizar angustiosos rescates en hogares y dificultó el acceso de los equipos de electricidad a muchas partes de la isla.

Ahora la isla vuelve a estar a oscuras, cinco años después de que el huracán María infligiera más daños a Puerto Rico que cualquier otro desastre en la historia reciente.

Si bien Fiona será la culpable directa, los puertorriqueños también señalarán los años de interrupciones del suministro eléctrico, resultado de un esfuerzo agonizantemente lento para dotar finalmente a la isla de una red estable. El huracán María, una tormenta casi de categoría 5, golpeó la isla el 20 de septiembre de 2017, dejó unos 3000 fallecidos y dañó el 80 por ciento del sistema eléctrico. La última casa fue reconectada al sistema casi un año después. El huracán Fiona, con vientos mucho menos feroces, es la tormenta más fuerte que ha llegado a la isla desde entonces.

Sus copiosas lluvias del domingo y el lunes —más de 76 centímetros en algunas zonas del sur de Puerto Rico y su región montañosa central— provocaron la crecida del vasto entramado de canales y arroyos de la isla, que convirtió calles enteras en ríos de barro y obligó a rescatar a más de 1000 personas. Al menos una persona falleció, mientras operaba un generador, mientras que otra muerte se registró en la República Dominicana.

“Nunca he visto esto en mi vida, ni siquiera en María”, dijo Ada Belmot Plaza, que tuvo que ser rescatada por la Guardia Nacional de Puerto Rico cuando las aguas de la inundación le llegaban hasta la cintura fuera de la casa de su hija en el barrio de El Coquí de Salinas, en la costa sur de Puerto Rico.

Algunos puertorriqueños dijeron que el huracán Fiona los tomó por sorpresa, y muchos en las zonas más afectadas seguían esperando la ayuda del gobierno el lunes, mientras los vecinos se unían para retirar los árboles caídos de las carreteras y quitar los escombros de las casas. El gobernador de la isla, Pedro Pierluisi, instó a la gente a permanecer en casa. Dijo que esperaba que la mayor parte de la electricidad volviera a funcionar “en cuestión de días”. El lunes por la mañana se había restablecido el suministro eléctrico a unos 100,000 clientes, de un total de 1,5 millones.

El gobierno federal pagó 3200 millones de dólares para reparar la red eléctrica de la isla tras el paso del huracán María. Pero eso fue solamente para recuperar la energía; el Congreso destinó otros 10,000 millones de dólares para modernizar el anticuado e ineficiente sistema.

Dado que la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico está en bancarrota, la junta fiscal nombrada por el Congreso para supervisar las finanzas de la isla exigió que el sistema de transmisión y distribución de energía se privatizara antes de que los fondos de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por su sigla en inglés) pudieran destinarse a cualquier mejora.

En 2020, Puerto Rico adjudicó un contrato de 15 años a LUMA Energy, un consorcio privado canadiense-estadounidense, por una tarifa anual fija de 115 millones de dólares. Después de asumir el control en junio del año pasado, la empresa tuvo rápidamente problemas con los apagones de verano. En abril se produjo un apagón en toda la isla, sin que hubiera mal tiempo a la vista.

Así pues, tras el paso del huracán Fiona, la mayoría de los puertorriqueños se enfrentan a la desalentadora perspectiva de alimentos y medicamentos estropeados, noches con el sudor pegado a la piel y los demás riesgos e indignidades conocidos de estar sumidos en la oscuridad. Esta vez están algo mejor equipados porque los que podían permitirse generadores los compraron tras el fiasco del huracán María. Pero eso trajo consigo sus propios peligros: las autoridades dijeron el lunes que un hombre falleció mientras intentaba hacer funcionar un generador. Su esposa sufrió graves quemaduras, pero sobrevivió.

En la República Dominicana, la tormenta mató al menos a una persona, un hombre de 68 años que fue golpeado por la caída de un árbol en la provincia norteña de María Trinidad Sánchez, según los medios locales.

A medida que el huracán Fiona se desplazaba hacia el oeste, golpeaba las provincias del este de la República Dominicana, sede de una de las mayores industrias turísticas del Caribe. Las fuertes lluvias y los vientos de 145 kilómetros por hora causaron deslizamientos de tierra que, según las autoridades, cerraron los centros turísticos y dañaron las carreteras.

Se espera que la tormenta se fortalezca en el mar y se convierta en un huracán mayor —de categoría 3 o superior— el miércoles, según el Centro Nacional de Huracanes. No se prevé que se acerque a la costa este de Estados Unidos.

En Puerto Rico, el desbordamiento de los cursos de agua y la pérdida de energía eléctrica provocaron que las bombas fallaran, lo que dejó sin agua potable al 70 por ciento de los hogares y empresas que dependen del sistema público de agua y alcantarillado.

Pierluisi dijo que había estado en coordinación con la Casa Blanca para recibir ayuda. El presidente Joe Biden emitió una declaración de emergencia el domingo, que desbloqueó el financiamiento federal y el apoyo de FEMA. Según la Casa Blanca, mientras el presidente volaba de regreso del funeral de la reina Isabel II en Londres, Biden llamó a Pierluisi desde el Air Force One.

Los estados también se alinearon para enviar ayuda mutua. Nueva York dijo que más de 100 miembros hispanohablantes de la policía estatal ayudarían a despejar las calles, dirigir el tráfico y responder a otras necesidades en Puerto Rico.

La mayoría de los clientes que tenían electricidad el lunes, incluyendo un par de hospitales, estaban en el área metropolitana de San Juan, que se salvó de lo peor de las lluvias del huracán Fiona.

Se espera que los daños causados por las inundaciones de Fiona sean enormes —en “miles de millones”, calculó Pierluisi— un recordatorio aleccionador de que la categorización de una tormenta bajo la escala Saffir-Simpson considera sus velocidades máximas de viento, pero no su potencial de lluvia o marea de tormenta.

En la ciudad de Cayey, los residentes tuvieron que limpiar el lodo después de que el río de la Plata se desbordara y sumergiera casi por completo una casa de dos pisos. Un puente provisional erigido sobre el río Guaica en Utuado se dobló, y su desaparición fue captada en un dramático video cuando las aguas y los escombros lo arrastraron. El puente se levantó después del huracán María para conectar los barrios devastados de la zona, y estaba previsto construir un nuevo puente permanente en 2024.

En Santa Isabel, en la costa sur de la isla, Itzamary Alvarado relató que tenía más agua en su casa que durante el huracán María. Los funcionarios del gobierno, dijo, deberían haber advertido más al público sobre el huracán Fiona, que inicialmente se acercó a la isla como una tormenta tropical.

“Siento que el gobierno minimizó lo que era la tormenta”, dijo Alvarado. “Yo me entero que esto viene como huracán a las 11 de la mañana del domingo. Dejé todo, salí como una loca al supermercado. Yo no me había preparado para un huracán”.

Para ella y muchos otros, la tormenta fue una prueba de si la respuesta del gobierno a los desastres sería mejor después de María.

“Llevamos cinco años luchando y seguimos viendo las mismas condiciones en el manejo de emergencias”, dijo Alvarado. “Es frustrante”.

Pero de repente tuvo una señal de que las cosas estaban cambiando para mejor: los camiones de la compañía eléctrica de Puerto Rico, LUMA, aparecieron en su calle.

“Acaba de pasar una brigada de LUMA por mi casa”, dijo. “Eso nunca lo había visto”.

Las comparaciones con el huracán María eran inevitables, tanto por parte de los residentes como de los funcionarios.

Los hospitales de la isla estaban funcionando con generadores de respaldo, un claro contraste con 2017, cuando muchos se quedaron sin energía, lo que dañó equipos médicos y dejó a cientos de pacientes enfermos en riesgo. Alrededor del 75 por ciento de las torres de telefonía celular seguían funcionando tras el paso de la tormenta, en comparación con la desaparición casi total de la señal hace cinco años.

Pierluisi subrayó que las autoridades aún se encontraban en la fase de rescate y respuesta a la emergencia y no habían empezado a evaluar la magnitud de los daños ni a determinar la ruta de la isla hacia la recuperación. Sin embargo, dijo, la respuesta del gobierno local ha sido hasta ahora “excelente” en comparación con lo ocurrido después de María.

“María sirvió de lección, de ejercicio para el equipo de respuesta a todos los niveles”, dijo Pierluisi, miembro del Partido Nuevo Progresista proestadidad que asumió el cargo en 2021, en una conferencia de prensa. “En términos de la coordinación que se está viendo aquí, hay una gran diferencia”.

El huracán María, que azotó a las pocas semanas del huracán Irma en 2017, dejó al descubierto el delicado estado de las envejecidas y mal mantenidas infraestructuras de la isla. Sus vientos potentes, con ráfagas que superaron los 160 kilómetros por hora, destruyeron miles de hogares y acabaron con la agricultura y el acceso a las comunicaciones de la isla. La recuperación fue dolorosamente lenta, y la falta de agua potable, combustible y alimentos tras la tormenta provocó un éxodo de decenas de miles de residentes al territorio continental de Estados Unidos.

La furia pública creció ante la respuesta del gobierno a la tormenta. En 2019, se formó un movimiento de base que canalizó la ira, alimentando un levantamiento popular en 2019 que duró 15 días y provocó la renuncia del exgobernador Ricardo Rosselló.

Los puertorriqueños siguen siendo escépticos respecto a la capacidad de sus líderes para responder a los desastres. En Salinas, el lunes, Ana Medina Cardona, de 74 años, dijo que los contratistas de reconstrucción del gobierno habían reparado una sección de su techo de lámina que fue destrozada por el huracán María.

El domingo, la lluvia empezó a atravesar ese techo reparado mientras ella estaba en casa con su perrita, Famy.

“Parece que no hicieron un buen trabajo, porque el agua caía por las paredes”, dijo Medina Cardona. “Esta vez fue hasta peor que en María”.

Esperó en un refugio para saber si el agua se había retirado lo suficiente como para volver a casa. Pero no estaba convencida de que fuera su mejor opción.

“Si podemos volver”, dijo, “eso también significa volver a una casa sin electricidad”.
 



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