Como Anillo al Dedo

Contradicciones

2019-09-09

Me parece una importante afirmación, que ha hecho en repetidas ocasiones, aquella que se...

Por Claudia Aguilar | Revista Siempre

El pasado domingo 1º de septiembre en cumplimiento a lo que establece el texto constitucional y en representación del Presidente de la República, la Secretaria de Gobernación entregó al Congreso de la Unión el primer informe de gobierno de la presente Administración. Ese mismo día, en Palacio Nacional, frente a casi 600 invitados, el Presidente pronunció un mensaje al pueblo de México, que fue presentado como su Tercer y no Primer informe de Gobierno. Ahí se refirió a lo que el considera como el  inicio del “Gobierno de la Cuarta Transformación”.

Me parece una importante afirmación, que ha hecho en repetidas ocasiones, aquella que se refiere a que el Gobierno actual representa a todos, a ricos y a pobres. Porque es verdad que la clase política en este país históricamente dejó de preocuparse por justificar su mandato y se avocó con todos sus esfuerzos a conservar sus privilegios. De tal forma que, considero atender esta deficiencia era por demás necesaria. Espero no quede en la retórica y se haga práctica. Sobre este respecto lo que sí me parece claramente contradictorio y un mal indicador es desconocer que para el desarrollo es necesaria (por no decir indispensable) la inversión y asumir que simplemente con programas sociales se erradicará la pobreza. Esto más que optimista es perverso en tanto coloca a las personas más desfavorecidas en una espiral de pobreza y necesidad de la asistencia  que brinda el Estado. Parece que se busca beneficiar el capital político de la propia Administración.

Es así que, resulta preocupante que se plantee una “nueva política económica” que busque desechar la “obsesión de medirlo todo en función de crecimiento económico” y que además pasa por alto que sin crecimiento económico aumentará la pobreza; ¿en verdad ignora esto? Lo que es más, si su objetivo es la redistribución del ingreso, precisamente ahí están los estudios y las herramientas de política económica necesarios para que, con base en la experiencia de otros países y programas, se pueda lograr un efecto que aumente el bienestar social de la población. Es decir, que para la redistribución la retórica no basta Señor Presidente, se necesita evidencia empírica.

Con relación a la inversión, lo proyectos de infraestructura que han sido planteados (de manera destacada la Refinería de Dos Bocas Tabasco, el aeropuerto de Santa Lucía y el Tren Maya) no han demostrado estar exentos de los viejos vicios del uso de recursos públicos. Adjudicaciones directas; falta de planeación y medición; discrecionalidad; y ausencia de consulta a grupos en situación de vulnerabilidad; son solo algunos de los problemas que comienzan a vislumbrarse. Todas estas malas prácticas ahuyentan a los inversionistas, la generación del empleo y perjudican en primer término a los más pobres.

Un elemento clave para lograr ese tan añorado ambiente de inversión, turismo y de generación de productividad y riqueza al interior del país es el ejercicio del poder público, con apego a la legalidad. Sin embargo, señalar que ya existe en México “un auténtico Estado de Derecho” a la vez es contradictorio con los embates que desde el Poder Ejecutivo Federal se han emprendido en contra de la autonomía e independencias de los demás Poderes y órganos autónomos. Sirven de ejemplo la Ley de Remuneraciones de los Servidores Públicos; las críticas frontales a las determinaciones del Poder Judicial en los medios de control de constitucionalidad que se han promovido en contra de sus decisiones; los embates a la autonomía y el ejercicio adecuado de las funciones de organismos como el Banco de México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) o el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL).

En ese mismo sentido, veo con preocupación la constante injerencia por medio del discurso y de sus conferencias de prensa, a las actuaciones de procuración de justicia que emprende la Fiscalía General de la República. ¿Existe una verdadera separación? Yo sigo escuchando al presidente hablar plural y en primera persona cuando se refiere a las labores de la Fiscalía federal. Aunado a ello, veo con enorme desconcierto lo que parece un fomento, desde el Gobierno, a medidas inquisitivas en el marco del ejercicio de las funciones de seguridad pública y procuración de justicia. Verbigracia la militarización mediante la creación de la Guardia Nacional de cuestiones civiles; la reforma en materia de prisión preventiva oficiosa; la Ley de Extinción de Dominio; las recientes propuestas por una reforma que combata el “terrorismo fiscal”; y el hacer uso de elementos de la Guardia Nacional para la persecución y detención de personas migrantes. Todo esto debilita el Estado de Derecho, como también lo haría su propuesta de revocación de mandato, mecanismo de democracia directa que no solo pone en duda la gobernabilidad, sino que también pudiere ser utilizada con fines político-electorales para favorecer al partido del gobernante en turno.

En ese contexto, el presidente López Obrador habló de “Estado de Derecho y derechos humanos” y adujo que el Gobierno ahora pone por encima las libertades sobre las prohibiciones; pero esto también es contradictorio a sus dichos en contra de la prensa que ha calificado de “fifí”, lo que perjudica sin lugar a dudas la libertad de expresión. Pero además, la política de desarrollo social que se plantea entra en clara contradicción con sus decisiones carentes de perspectiva de derechos humanos. Por citar solo algunos ejemplos: el cierre de las estancias infantiles; la reducción a las remuneraciones de servidores públicos; la clausura de los refugios para mujeres víctimas de violencia; los recortes a becas para estudiantes de doctorado de CONACYT; así como los numerosos problemas que han acontecido por una mala administración en el sector salud. Entre estas últimas se resaltan: el retraso en pagos a médicos residentes; la decisión de que pasantes de medicina solo recibirán becas si hacen su servicio social en zonas rurales; un posible riesgo de quiebra del ISSSTE; la renuncia de Germán Martínez; así como el desabasto de vacunas y medicamentos esenciales, afectando lamentablemente a pacientes con VIH y cáncer.

Habló de la Separación del poder político y el económico; sin embargo no fue claro respecto a que entiende él por esta separación; esto es, si por ello se refiere a erradicar la corrupción, combatir la impunidad y respetar las decisiones autónomas del Banco de México, nadie puede estar en desacuerdo. Sin embargo, si con ello quería decir que el Gobierno no le dé la importancia que merece al análisis económico, sustentado en evidencia, entonces esto es sumamente preocupante. Si el Presidente conoce la formula para lograr crecimiento económico con austeridad y sin indicadores, adelante; lamentablemente eso no existe.

El presidente se refiere a la nueva “austeridad republicana”. Menciona que existían servidores públicos que ganaban hasta 700 mil pesos mensuales, pero no indica en qué instancias y quiénes eran. Además, la muy criticable austeridad a modo aun no tiene punto final, ya que está pendiente que el Poder Judicial de la Federación resuelva en torno a la constitucionalidad de la reforma en materia de remuneraciones.

En torno a la importancia del próximo paquete económico, si bien parece que hay finanzas públicas sanas, ha comenzado el uso ineficiente de los recursos, habiendo subejercicio del gasto público, a la vez de una menor recaudación a la del ejercicio fiscal anterior. Estamos en la antesala de la aprobación del primer Presupuesto de Egresos que esta Administración hace sin ayuda de los “neoliberales”. Habrá que vigilar que no se efectúen reducciones y supresiones de partidas indiscriminadas, excesivas y que pudieren afectar los derechos de todas y todos, pero con especial atención en aquellas poblaciones en situación de vulnerabilidad. Pues es un hecho evidente que favorecer financieramente ciertos programas sociales que tienen el favor del gobierno no puede hacerse a costa de quienes más necesitan los programas vigentes.

“Nada ha dañado más a México que la deshonestidad de sus gobernantes”; no señor Presidente, lo que más ha faltado va más allá y es civilidad y conciencia pública y social. ¿El Presidente no está hablando con la verdad? Ya es hora de comenzar a dar ejemplo.


 



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