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Trump y Kim hacen sus apuestas

2018-03-20

Como el célebre viaje de Richard Nixon a China, hay maniobras que solo pueden hacer...

 

Un avance diplomático se produce cuando una de las partes ofrece a la otra lo que esta quiere. Y Donald Trump le ha dado a Kim Jong-un algo que ansiaba desde hace mucho: una reunión con el hombre más poderoso del mundo.

Como el célebre viaje de Richard Nixon a China, hay maniobras que solo pueden hacer políticos cuya dureza negociadora nadie ponga en duda. En 2000, Kim Jong-il exigió un encuentro cara a cara con el entonces presidente Bill Clinton para firmar un acuerdo. El hecho de que Clinton estuviera al final de su mandato fue determinante para que no quisiera correr el riesgo.

Tanto para Corea del Norte como para EU, la reunión prevista para finales de mayo entre Trump y Kim Jong-un es una apuesta de alto riesgo que puede suavizar una situación bloqueada desde hace décadas, pero también activar una nueva escalada armamentista e incluso una guerra en la península coreana, al dejar a la diplomacia sin más cartas que jugar. La Casa Blanca asegura que no ha hecho concesiones, pero acordar ese encuentro ya es una concesión. Y quizá la más importante.

Trump ha denigrado el acuerdo del G5+1 con Irán como el “peor de la historia”, pero ahora tendrá que demostrar que lo puede hacer mejor que Barack Obama. Y en un caso mucho más difícil. Teherán aún no ha logrado dominar el ciclo nuclear, mientras que Pyongyang tiene en su poder alrededor de 20 cabezas nucleares y un volumen considerable de uranio enriquecido y plutonio.

Con el envío de una delegación a los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang, donde los atletas surcoreanos y norcoreanos desfilaron bajo una sola bandera en la ceremonia inaugural, Kim ha mostrado ser un jugador sofisticado y dispuesto a asumir riesgos. Según el exgobernador de Nuevo México, Bill Richardson, veterano de varias misiones diplomáticas en Corea del Norte, el presidente norcoreano parece ser un estratega astuto y subestimado hasta ahora.

Desde hace casi 70 años, la dinastía Kim busca crear un poder militar disuasivo, legitimar su régimen y reunificar Corea bajo sus condiciones. El tercer eslabón de la dinastía ha logrado incluso que el gobierno de Seúl actúe como su emisario en Washington. De hecho, el anuncio de la reunión lo hizo en la Casa Blanca Chung Eui-yong, enviado a Pyongyang por el presidente surcoreano, Moon Jae-in, para reunirse con Kim.

Tanto Sadam Husein en Irak como Muamar el Gadafi en Libia se deshicieron de sus arsenales de destrucción masiva, lo que no impidió que ambos fueran aniquilados por sus enemigos. Kim, en cambio, ha logrado que Washington lo trate como a un igual a cambio de vagas promesas de desarme. Trump puede argumentar que su política de máxima presión ha forzado a Pyongyang a volver a la mesa de negociaciones. Lo cierto es que las sanciones, el aislamiento y las amenazas bélicas están poniendo en peligro el objetivo de Kim de hacer del desarrollo económico un elemento clave de su régimen. Kim Il-sung y Kim Jong-il solo pedían al pueblo norcoreano resistencia y sacrificio.

Para un presidente tan impopular como Trump, interpretar el papel de pacificador, aunque sea unos meses, le favorece en un año electoral. No se puede descartar ningún desenlace. Tras la guerra fría, Ucrania, Kazajstán y Bielorrusia se deshicieron de las armas nucleares que heredaron de la Unión Soviética. En los años ochenta, Suráfrica también renunció a sus bombas atómicas.

Pese a las reticencias de algunos expertos que temen que EU esté siendo atraído a la trampa de unas negociaciones prematuras, el consenso emergente en Washington es que el presidente no se equivocó al aceptar el desafío. Desde la administración Clinton, EU ha negociado, de forma bilateral y con otros cinco países, el programa nuclear norcoreano sin conseguir nada. Lo único que no se ha intentado es una reunión de jefes de Estado. Incluso sin una hoja de ruta clara, el encuentro rebaja por sí mismo la tensión. De hecho, Pyongyang se ha comprometido a suspender sus pruebas nucleares y de misiles mientras duren las conversaciones, lo que reduce la posibilidad de un conflicto accidental o una guerra preventiva.

Hasta un mal acuerdo sería mejor que el statu quo. Pekín, Seúl y Tokio ven el proceso con cauto optimismo, ya que Pyongyang ha utilizado anteriores conversaciones para obtener concesiones y dinero a cambio de compromisos que nunca cumplió. Pero durante la guerra fría la Unión Soviética hizo lo mismo, lo que no impidió que Washington firmara acuerdos con Moscú que han reducido sus arsenales de 77,000 cabezas nucleares de los años setenta a 15,000 que tiene cada uno en la actualidad.



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